Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:JON VALLEJO | Bailarín

"Me encantaría quedarme en blanco en el escenario para improvisar"

Jon Vallejo participó en diciembre junto a otros 99 bailarines en el Mónaco Dance Forum, un espacio en el que directores de compañías de todo el mundo buscan a jóvenes promesas. Cuando llegó no esperaba nada, pero salió con varias ofertas para realizar audiciones en compañías como el Nederlands Dans theater. Recibió además un cheque para financiar los gastos derivados de esos viajes de trabajo y el Premio al Mejor Bailarín. El Dance Forum parece abrirle las puertas, pero en el momento de realizar esta entrevista, Vallejo, bailarín del Ballet de Carmen Roche, estaba centrado en el estreno reciente de Cascanueces en el Palacio Euskalduna de Bilbao de diciembre). Interpretó a Federico.

Pregunta. ¿El mundo de la danza obliga a madurar de forma precoz?

Respuesta. Sí, vivimos más rápido que la gente de nuestra edad. Con catorce años salí de casa para estudiar en Madrid con Carmen Roche, sin saber si quiera dónde iba a vivir. Fue duro para mi, pero también para mis padres.

P. ¿En algún momento se planteó abandonar la danza por tanto sacrificio?

R. Todavía hay veces que me lo planteo. Hay temporadas en las que tu vida se reduce al trabajo. Ensayas ocho, o si hace falta catorce horas sea lunes o domingo, llegas a casa, cenas, duermes, te levantas y otra vez lo mismo. No tienes vida social. Es como que los días no pasan, pero en realidad todo avanza menos tu. Pero..., es lo mío.

P. ¿Qué ha encontrado?

R. Una manera de expresarme, de transmitir cosas que soy incapaz de manifestar hablando o gesticulando. Es algo brutal, algo que sale de dentro, algo que no sólo te permite conectar con el público, sino contigo mismo.

P. ¿Lo mismo bailando Romeo que haciendo de Federico en Cascanueces?

R. Sí, cada personaje te inspira.

P. Ha tenido una formación clásica, ¿es decididamente lo suyo?

R. Es importantísimo para mí, pero he descubierto el estilo Forsyth, exige tener una base clásica fuerte y quiero seguir investigando.Pero estoy abierto a todo.

P. Parece que el clásico es el mundo de la danza con historia y el contemporáneo, el moderno más abstracto...

R. En el ballet puedes darle a la imaginación pero te lo dan todo muy mascadito y trituradito. Pero lo que hacemos nosotros son clásicos transformados en historias modernas, lo que te da más libertad para expresarte.

P. Los bailarines tienen mucho de actores.

R. Sí, pero actuamos sólo con el cuerpo y lo conocemos de forma increíble. Sabes cuánto hasta dónde puedes llegar... Aunque hay veces que te sorprendes y descubres límites que desconocías de tí mismo.

P. ¿Le sacude el miedo escénico?

R. No, al contrario, me gusta el escenario.

P. ¿No teme quedarse en blanco?

R. Me encantaría quedarme en blanco en el escenario para poder improvisar, para decidir de golpe lo que hacer a partir de lo que siento.

P. Tuvo que salir del País Vasco para bailar, ¿las cosas siguen igual?

R. Sí y es difícil de entender. Las escuelas de base dan una formación muy buena, pero luego... Yo estudié con Mentxu Medel que ha sido profesora de Lucía Lacarra, de Urtzi Aranburu, primer bailarín del Netherlands... Hay muchísima cantera pero no hay medios. Aquí se tiene la cultura esquinada; es lo último en lo que se invierte.

P. ¿Un paso adelante refleja su mundo o le sale urticaria cada vez que ve la serie?

R. Para nada refleja el mundo de la danza. Cuando lo veo, me da la risa.

P. ¿En algún momento se ha sentido identificado con Billy Elliot?

R. Hombre, de pequeño, lo típico, había quien me llamaba mariquita en el colegio. Pero no, no he sufrido rechazo. Más que nada, la gente se queda impresionada: 'Ese tío hace ballet'.

P. ¿Sigue existiendo ese sentimiento de que el ballet no es cosa de chicos?

R. Creo que cada vez se va conociendo más este mundo y se respeta más.

PERFIL

Su madre era aficionada al ballet y, de niño, le apuntó a la academia de Mentxu Medel en San Sebastián. Y con los años, Jon Vallejo (San Sebastián, 1985) descubrió que era lo suyo. Dejó el baloncesto para centrarse en la danza y con catorce años, se trasladó a Madrid para continuar su formación con Carmen Roche. Recientemente ha sido galardonado con el Premio al Mejor Bailarín de la Fundación de la Princesa Carolina de Mónaco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de enero de 2005

Más información