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Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Más que blanco y negro

Hacía más de cuarenta años que en Europa no se organizaba una muestra de Franz Kline, que incluyese tanto las grandes telas en blanco y negro que le dieron a conocer como las obras de inspiración realista y contenido existencialista de su juventud. Incluso es posible que nunca se haya expuesto antes una selección tan completa, equilibrada y representativa como la que recoge la muestra Franz Kline 1910-1962. Las más de cien obras, entre telas y dibujos preparatorios, ilustran toda la breve trayectoria artística de Kline, prematuramente truncada en 1962 por un ataque cardiaco, cuando el artista, de 52 años, se encontraba en plena madurez creativa. Muchos de los préstamos conseguidos resultan excepcionales, sobre todo en estos tiempos inciertos en los que los seguros están carísimos y los coleccionistas tienen más miedo que nunca a desprenderse de sus obras. Entre éstas destacan Siegfried (1958), que ha salido del Museo Carnegie de Pittsburgh tan sólo un par de veces en más de cuarenta años, y Still life with puppet (1940), que el Metropolitan Museum de Nueva York presta por primera vez, cuya silueta presagia el interés de Kline para la destructuración dinámica, que se convertirá en el elemento característico de sus futuras obras abstractas. También resulta emblemática de su camino hacia la abstracción la serie de retratos en pequeño formato de su mujer, Elizabeth, a menudo sentada en una mecedora. A partir del óleo Woman in a rocker de 1945, metáfora de la futilidad del perpetuo movimiento de la vida moderna, las líneas de los retratos se hacen cada vez más abstractas hasta el punto de que algunos críticos las compararon con caligrafías de inspiración oriental. Fue el mismo Kline quien, poco antes de morir, desmintió esta interpretación en una entrevista concedida a Katharine Kuth. "Nunca he considerado mi trabajo en relación a la caligrafía. Es interesante cómo este tipo de observaciones no procedan nunca de críticos orientales: su concepto de espacio es infinito, no es un espacio pintado, mientras que el mío, sí lo es", afirmaba Kline.

FRANZ KLINE 1910 -1962

Museo d'Arte Contemporanea

Castello di Rivoli

Rivoli. Turín

Hasta el 30 de enero de 2005

Carolyn Christov-Bakargiev,

comisaria y jefa de exposiciones del museo, propone nuevas claves de interpretación de las obras. "Kline no se inspira en los simbolistas y surrealistas expatriados como se pensó en un primer momento, sino que su lenguaje bebe de las enseñanzas de Tintoretto, Velázquez, Rembrandt y Monet, del diseño del Renacimiento italiano, de los ambientes interiores de Vermeer y también del realismo americano", afirma Christov-Bakargiev. La comisaria rehúsa adscribir a Kline a la corriente del action painting. "Aunno se le puede asociar al arte gestual. Todas las obras de Kline banalizan la fenomenología de la acción, desde los pequeños esbozos realizados en páginas arrancadas de las guías de teléfonos hasta la estratificación de sus telas que apunta al sentido de la duración del proceso pictórico", explica, indicando las venas de color que delatan una superficie trabajada con sucesivas capas de tonos encendidos -rojo, azul, verde y amarillo- recubiertos de pinceladas negras y blancas "con una técnica que permite suponer el deseo de visualizar impulsos inconscientes". Desde los Bar Sketches (1940-1945), caricaturas que realizaba en los bares a cambio de cervezas, hasta su última obra, Red Painting, de 1962, cuyo tono de rojo es idéntico al del figurativo Locomotive, de 1942, la muestra presenta "un artista complejo, pero no complicado".

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