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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

Con 10 minutos basta

El Athletic liquida al Mallorca en un rato de inspiración y sin desgaste

En plena ola, con diez minutos basta. El Athletic pilló una ola, alta, larga y mansa en Lieja (donde, por cierto, no hay mar), le duró hasta Zaragoza (donde sigue sin haber mar, aunque haya un río grande) y prosiguió a Bilbao (también sin mar, aunque esté cerca) y en diez minutos resolvió un partido probablemente inexistente.

Cuando el Mallorca se enteró de que estaba en la Catedral, aturdido por sus múltiples problemas, ya había encajado dos goles. Para mayor escarnio, el primer gol, a los seis minutos, lo encajó mediante un cabezazo de Yeste. No era su primer gol de cabeza, pero si una novedad en la élite del fútbol español. Porque además el cerebro del Athletic lo marcó como Urzaiz, saltando a gusto, marcando los tiempos y enviándolo a la escuadra, lejos de los brazos de Moyá que venía del otro palo. ¡Ah!, por cierto, la defensa mallorquinista lo vio en el palco, privilegiadamente. Tan a gusto estaba que cuatro minutos después le permitió a Ezquerro rematar, tras resbalarse, en el área pequeña un libre indirecto de Yeste enviado desde el otro lado. Sólo Ezquerro vio el pase de Yeste. La defensa se limitó a seguirle el rastro. Entre el acierto del Athletic y la apatía mallorquinista, el partido duró poco, entendido como un ajuste igualitario de cuentas. Actualmente, al Athletic, en una ola, cualquier regalo supone un suicidio y el Mallorca se suicidó temprano. A los diez minutos cualquier debate había pasado a mejor vida. Lo de menos era que Valverde hubiera vuelto al esquema de San Mamés, es decir al 4-2-3-1 con Urzaiz como referencia ofensiva, una de las incógnitas tras los últimos éxitos rojiblancos. Como del Mallorca no había noticias, hasta la segunda mitad (cuando encaró un par de veces a Aranzubia), el partido se retuvo con algunas anécdotas. Por ejemplo, una mano del portero Moyá que en vez de la expulsión, el árbitro la convirtió en tarjeta amarilla imbuído del espíritu navideño (o subyugado por los dos goles previos).

ATHLETIC 4 - MALLORCA 0

Athletic: Aranzubia; Iraola (César, m. 81), Murillo, Luis Prieto, Del Horno; Orbaiz (Tiko, m. 62), Gurpegui; Etxeberria, Yeste, Ezquerro (Casas, m. 82); y Urzaiz.

Mallorca: Moyá: Cortés, Ballesteros, Poli; Campano (Jorge López, m. 85), Marcos (Delibasic, m. m. 66), Farinós, Arango; Luis García (Tuni, m. 60) y Perera.

Goles: 1-0. M. 6. Jugada entre Urzaiz e Iraola que centra y Yeste cabecea a la red. 2-0. M. 10. Libre indirecto de Yeste que Ezquerro empuja a la red. 3-0. M. 77. Gurpegui aprovecha un gran pase de Etxeberria. 4-0. M. 90. Yeste, de penalti.

Árbitro: Rubinos Pérez. Expulsó a Poli por doble amonestación (m. 89) y amonestó a Moyá, Örbaiz, Marcos, Yeste y Poli.

Unos 30.000 espectadores en San Mamés.

Tiene el Mallorca el aspecto amarillo de los equipos resignados a su mala suerte. Más que un equipo cansino, parece disperso, sólo advertido por la intención de Arango, las cositas de Farinós y un par de avisos de Perera (por cierto mal ejecutados en la suerte final). Los goles rojiblancos pesaban como una losa y revoloteaban por el partido como si a partir de entonces se tratara de otra cosa. Es verdad que el Mallorca atacó más, con poco peligro, pero con mayor asiduidad, pero todo tenía que ver con la tranquilidad del Athletic enamorado del contragolpe y confiado a él para tratar de aumentar su ventaja. Por lo tanto, todo era engañoso. Escaso ritmo, cesión de espacios, y un ambiente de trámite burocrático en el ambiente que eclipsaba la labor individual y colectiva de los futbolistas.

Más allá de los goles pasaron pocas cosas. Una oportunidad de Perera, un cabezazo impetuoso y bello de Del Horno, salpicaduras de un partido que prácticamente nació muerto. Dos goles en un suspiro es una montaña para el actual Mallorca. Así que ocurrió lo único posible, que en plena tranquilidad y sosiego, alguien, en este caso el Athletic, construyera una jugada solemne y precisa, al primer toque con un pase inteligente de Etxeberria y un remate pícaro de Gurpegui. Es decir que todo acabó como empezó y entre medio, pasó el tiempo y murió el año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 2004