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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre nuestro sistema educativo

Después de acabar mi educación universitaria en una prestigiosa universidad privada en Madrid decidí buscar una experiencia internacional y matricularme en una universidad holandesa para obtener una doble titulación. En estos tres años me he dado cuenta de que el sistema educativo español no es malo, es muy malo.

Durante nuestra joven democracia ningún Gobierno ha acertado con las políticas educativas. Holanda tiene el tercer mejor sistema educativo, según el ranking de la ONU. Si comparo la educación recibida en mi universidad pública holandesa con la universidad privada (supuestamente mejor) española, la balanza se inclinaría claramente por la holandesa. En Holanda el sistema educativo es muy distinto al español desde un principio. Desde que los estudiantes tienen 12 años son divididos según sus aspiraciones, rendimiento académico, etcétera, en diferentes grupos. El primer grupo acaba la educación obligatoria a los 16 años, el segundo a los 17 y el tercero a los 18 o 19. De esta manera, los alumnos que no quieren estudiar o que no tienen las aspiraciones de otros no frenan el desarrollo de los demás.

En países del norte de Europa la educación es considerada una inversión en la sociedad. Es una inversión porque, por ejemplo, el Estado holandés paga 300 euros al mes como mínimo simplemente por ser estudiante, además permite viajar en cualquier transporte público gratuitamente. También existe la posibilidad de que un estudiante pida un préstamo al Estado para financiar sus estudios. Éstos son préstamos que tienen una línea de amortización de hasta 20 años.

El resultado es una mayor productividad de la fuerza de trabajo. Mientras en España discutimos sobre si la religión debe o no ser una asignatura, en el norte de Europa un estudiante medio habla tres o cuatro idiomas, tiene conocimiento y acceso tecnológico mucho más alto que en España y una idea más global de la sociedad, al estar más en contacto con el exterior. Una mayor educación nos hace más libres, más productivos e incrementa el nivel de vida y distribución de la riqueza de un país. Pero hay que financiarla, y eso es subir impuestos. Señores políticos, si no son capaces de desarrollar un sistema educativo eficiente, copien lo de otro países.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de diciembre de 2004