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LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO

Los asesinos de un periodista estadounidense en Karachi fueron financiados desde Barcelona

Los paquistaníes detenidos enviaron dinero al hombre que ordenó matar a Daniel Pearl

Los paquistaníes detenidos en Barcelona el 15 de septiembre enviaron grandes cantidades de dinero a Amjad Farooqi, el hombre acusado de organizar el asesinato del periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl en 2002, y de los recientes atentados contra Pervez Musharraf, presidente de Pakistán, según fuentes de la investigación. Farooqi, el terrorista más buscado en ese país, pertenecía a la cúpula de Al Qaeda y murió en septiembre en un tiroteo.

El dinero iba a Amjad Farooqi, el terrorista que intentó matar al presidente Musharraf

Dos implicados en los atentados en Kenia y Tanzania recibieron miles de euros

Amjad Farooqi, de 32 años, era el hombre de confianza del kuwaití Khalid Sheikh Mohamed, el presunto cerebro del 11-S y estrecho colaborador de Osama Bin Laden, detenido en Rawalpindi en 2003. Los paquistaníes capturados en Barcelona remitieron a Farooqi durante 2004 "numerosos" envíos de 3.000 euros cada uno, mediante el wahala, un sistema de préstamos basado en la confianza, un medio de pago que utilizan habitualmente los terroristas de Al Qaeda. "Los pagos están perfectamente acreditados, se hicieron desde enero a septiembre y fueron muchos", asegura uno de los jefes de la investigación, que comparten los Mossos, la Guardia Civil y la policía.

La célula de paquistaníes envió también dinero a otros dos miembros de Al Qaeda detenidos junto a Farooqi y acusados de participar en los atentados perpetrados por Al Qaeda en el verano de 1998 contra las embajadas de EE UU en Kenia y Tanzania, en los que murieron 224 personas y 4.000 resultaron heridas. Eran colaboradores de Farooqi y, según los investigadores, tenían también un "extraordinario" peso en la organización terrorista. "Hablamos de gente de altísimo nivel dentro de la organización terrorista", señala uno de los responsables de la investigación, quien augura que las indagaciones se prolongarán durante meses.

El Gobierno de Pakistán puso precio a la cabeza de Farooqi. Ofrecía 20 millones de rupias (unos 300.000 euros) a quien facilitara datos para su localización, y distribuyó su fotografía por las principales ciudades y pueblos del país. El pasado 26 de septiembre, miembros del Ejército rodearon una casa en la localidad de Nawabshah, en la provincia sureña de Sind, a unos 270 kilómetros de la ciudad portuaria de Karachi. Allí se refugiaban Farooqi y un grupo de sus hombres más leales. El dirigente de Al Qaeda murió en el tiroteo y otros seis terroristas fueron detenidos.

Farooqi es el principal responsable del asesinato del periodista norteamericano Daniel Pearl, que trabajaba para el diario estadounidense Wall Street Journal. Pearl fue secuestrado el 23 de enero de 2002 en Karachi cuando investigaba sobre los islamistas radicales en Pakistán para la elaboración de un reportaje. Su mujer, entonces embarazada, y agentes del FBI intentaron, con la ayuda del Gobierno paquistaní, localizar a los secuestradores para iniciar una negociación que resultó imposible. Tras varias semanas de angustia, el reportero fue degollado por sus captores. El 22 de febrero los criminales, hombres de Farooqi y miembros del grupo Lashkar e Jhangvi, difundieron un vídeo del asesinato.

El hombre al que financiaban los paquistaníes detenidos en Barcelona es natural de Punjab, provincia oriental paquistaní, y mantenía excelentes relaciones con el régimen talibán y con terroristas separatistas musulmanes que actúan en la región himalaya de Cachemira bajo el control de India.

Farooqi organizó los dos intentos fallidos de asesinato del presidente Pervez Musharraf ocurridos los pasados 14 y 25 de diciembre. Musharraf salió ileso de ambos pese a que los terroristas utilizaron coches bomba cargados de explosivos. Los atentados se produjeron en Rawalpindi, a 12 kilómetros de Islamabad, en las proximidades del cuartel general del presidente. Desde entonces, Farooqi era el hombre más temido y buscado de Pakistán, un país en el que se ha detenido a los principales dirigentes de Al Qaeda. En septiembre de 2001 fue capturado en Karachi Ramzi Binalshibh, el yemení de 32 años que coordinó el atentado del 11-S y se reunió con el jefe de los suicidas, Mohamed Atta, de 33 años, en Tarragona dos meses antes del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En marzo de 2003, el Ejército paquistaní detuvo en Rawalpindi a Khalid Sheikh Mohamed, el cerebro del 11-S. El FBI y la CIA están convencidos de que Bin Laden se oculta en la frontera de Pakistán con Afganistán.

Tres meses después del 11-S, los detenidos en Barcelona grabaron vídeos con imágenes del World Trade Center, el Maremàgnum, el hotel Arts y la torre Mapfre, estos dos últimos son los edificios más altos de esa ciudad. Todos están grabados desde diversos ángulos y recogen numerosos detalles de sus estructuras. Fuentes de la investigación creen que no eran películas de turistas y sospechan que se filmaron como posibles objetivos.

La célula desarticulada en Barcelona consiguió obtener hasta 18.000 euros diarios con la falsificación de tarjetas bancarias y la venta de pasaportes falsos. Los detenidos residían en los distritos de Ciutat Vella y Nou Barris y regentaban un locutorio. Pero casi todo el dinero que manejaban lo enviaban a los dirigentes de Al Qaeda en Pakistán.

El pasado día 9, los Mossos d'Esquadra detuvieron a otro ciudadano de origen paquistaní y registraron dos locutorios en las calles Sant Ramon y Cera, situados en el barrio del Raval de Barcelona, así como cuatro viviendas en diversas partes de la ciudad. Fuentes de la investigación señalan que estos locutorios sirvieron para comunicar el envío del dinero a los terroristas. El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha decretado el secreto del sumario. Este magistrado sigue otras causas en las que aparece Khalid Sheikh Mohamed.

Locutorios

La utilización de locutorios para financiar el terrorismo de Al Qaeda mediante el wahala

, un sistema de préstamos basado en la confianza, no es nuevo en España. En la primavera de 2003, la Guardia Civil detuvo en Logroño a un paquistaní apellidado Rukhsar, que presuntamente mantenía vínculos con el kuwaití Khalid Sheikh Mohamed, cerebro del 11-S y

número tres de Al Qaeda. Según fuentes oficiales, Rukhsar movió tres millones de euros mediante el wahala.

Otros radicales islamistas han sido detenidos en España cuando regentaban locutorios. El argelino Khaled Madani, el hombre que presuntamente falsificó un visado Schengen para que Ramzi Binaslhibh, el coordinador del 11-S, pudiera abandonar Europa antes del ataque terrorista es propietario de un locutorio en Murcia. Mohamed Bensakhria, miembro del comando terrorista Meliani, detenido en Alicante en junio de 2001, se comunicaba con miembros de Al Qaeda desde un locutorio de esa ciudad. En Pamplona y Valencia varios salafistas detenidos también trabajaban en un locutorio.

El terrorismo internacional mueve 1,23 billones de euros al año y una parte importante de esa cifra procede de las actividades delictivas de las células de Al Qaeda y sus grupos asociados en todo el mundo. El resto proviene de donaciones y en ocasiones ha sido canalizado a través de determinadas ONG musulmanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004

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