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OPINIÓN

Las tribulaciones del ingeniero

A veces nos preguntamos si merece la pena estudiar ingeniería y especializarse en el automóvil cuando parece que todo está inventado y que solamente unos pocos que trabajan en las grandes marcas son los que diseñan, investigan y fabrican los coches. Además, los grandes grupos de fabricantes necesitan menos ingenieros, al unificarse la investigación y desarrollo de las marcas que anteriormente eran competencia. Si a esto le añadimos las reducciones de costes en la ingeniería y la fabricación, y por otro lado, la necesidad de reforzar las áreas de marketing y ventas para competir y vender al precio mas bajo, tenemos todos los ingredientes para justificar nuestras dudas: Ante esta situación, muchos deciden como mejor opción, dedicarse a la economía o las finanzas, que probablemente les exija menos esfuerzo en la preparación y obtengan éxitos profesionales en menor tiempo. Otros, posiblemente más vocacionales, deciden centrarse en la ingeniería y consolidar su profesión en áreas más técnicas que les pueden dar mayores satisfacciones personales. La realidad es que la mejor preparación necesita conocimientos de ambas profesiones. Sin embargo, a los ingenieros se les pide algo más de aventureros, ya que su futuro se ve más incierto, por lo que vamos a analizar algunos aspectos que nos pueden ayudar a comprender que la opción de la ingeniería también es correcta.

Algo evidente es que el automóvil es fuente inagotable de nuevas necesidades relacionadas con sus características propias de dinámica, seguridad, medioambiente y energía, pero también de movilidad, comunicación, confort, infraestructuras, urbanismo, reciclado, etc. Todas estas áreas de actividad en la que el automóvil es el protagonista necesitan de los conocimientos de la ingeniería del automóvil para hacer un trabajo útil y evitar los males que desgraciadamente se dan cuando se prescinde de ellos. Basta citar el diseño de carreteras con puntos negros, la construcción de edificios y urbanizaciones con insuficiente aparcamiento o dimensionado inadecuado, el montaje de instalaciones en vehículos que pone en riesgo la operatividad de dispositivos de seguridad del propio vehículo, la manipulación de vehículos en centros no autorizados para el Tratamiento Medioambiental de Vehículos, o la falta de ayudas necesarias para la implantación de combustibles alternativos.

Muchos de estos errores se pueden evitar cuando los técnicos tienen la formación adecuada en ingeniería del automóvil. Otros necesitan de nuevas ideas que están aún por descubrir. Pero, ¿dónde se inventa y se desarrolla? Cada vez se está desplazando más la ingeniería de los fabricantes de automóviles (realizan un 40 %) a los proveedores y Centros Ingeniería o Universidades y Laboratorios Oficiales, que realizan el otro 60%. Este hecho está justificado, por un lado, porque los fabricantes de componentes y combustibles son especialistas en sus tecnologías, como los sistemas de inyección de Bosch, la iluminación de Valeo, o el bioetanol de Abengoa. Y por otro, porque las grandes instalaciones de Centros de Ensayos de Vehículos, como el del INTA recientemente inaugurado en Madrid, solo pueden acometerlas organismos que den servicio a todas las marcas y dispongan de logística adecuada para combinar la operativa de ensayos diversos (dinámicos, ambientales, compatibilidad electromagnética), con grandes eventos de presentaciones, etc.

La electrónica y la informática son, sin duda, las tecnologías de mayor aplicación para cualquier ingeniero, desde el diseño a la posventa, incluyendo la gestión de matriculación, el tratamiento medioambiental la reutilización de piezas, y la gestión de los nuevos combustibles. Una de las mejores experiencias para la formación de un ingeniero del automóvil es la participación en la competición de la Fórmula SAE. Como ya anunciábamos en nuestro número anterior, un equipo de la Universidad Politécnica de Madrid ha participado este año en la Fórmula SAE. Han sido 30 alumnos del INSIA y la Escuela de Ingenieros Industriales, que con un entusiasmo inagotable se han organizado en grupos de diseño y fabricación incluyendo la adquisición de componentes, las finanzas, el marketing y finalmente las pruebas, o sea una auténtica empresa. Con el vehículo terminado los alumnos participaron en el concurso internacional, en Londres junto a otros 60 equipos de Universidades de Europa. En la evaluación final de la SAE lograron el puesto 34, mas que digno, para la primera vez que participan. ¡Enhorabuena!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004