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Necrológica:

Susana Campos, la belleza dúctil

La actriz argentina Susana Campos (Buenos Aires, 1934) solía aparecer en el cine teñida de rubia, lo que no gustaba a José Luis Boráu, que la admiraba por su belleza serena y limpia tanto como por su talento. Al elegirla para protagonizar Crimen de doble filo (1964) logró convencerla de que luciera su color natural, algo de lo que se siente orgulloso. "Era una mujer muy inteligente", recuerda, "siempre sabía por dónde ibas en cuanto abrías la boca".

La inteligencia y ductilidad de Susana Campos fue apreciable en otras películas españolas, casi veinte, que rodó en los primeros años sesenta: Mi calle, de Neville; Siempre es domingo, de Palacios; Los culpables, de Forn; Accidente 703, de Forqué; Ensayo general para la muerte, de Coll... Su relación con nuestro país fue intensa. Actuó en teatro durante varias temporadas junto a Alberto Closas, y fue premiada por su interpretación en El hombre de la esquina rosada, de René Múgica, en el Festival de San Sebastián de 1962.

Susana Campos tenía tras de sí una vasta carrera como actriz de cine y de teatro. Había comenzado a los 18 años cuando fue elegida en un concurso de radio junto a otras muchachas, entre ellas Analía Gadé, para intervenir en La serpiente de cascabel, de Carlos Schliepper, aunque en este dato no se han puesto de acuerdo los historiadores argentinos. Otros habían descubierto a la joven actriz en una película anterior, Mi novia es un fantasma, de Francisco Mújica, y aún hay quienes inician su filmografía con una película distinta. Sea como fuere, Susana Campos fue desde entonces una figura constante en el cine argentino, para el que interpretó casi un centenar de películas en todo tipo de géneros.

Su ductilidad como actriz era asombrosa. Basta ver la excelente Rosaura a las diez (1958), en la que, a las órdenes de Mario Soffici, interpretaba a una ambigua y misteriosa muchacha, exquisita en el sueño de su autor, vulgar y repugnante en la realidad, que se convierte en el eje central de una pensión familiar, varios de cuyos habitantes fueron interpretados por republicanos españoles exiliados.

No es extraño que Rosaura a las diez tuviera posteriormente otras versiones (una de ellas, en TVE, dirigida por Josefina Molina), pero es difícil imaginar la inquietante historia escrita por Marcos Denevi con un rostro distinto al de Susana Campos.

El tumor cerebral que padecía no le impidió continuar trabajando: en teatro, en la obra Brujas, donde en pleno escenario sus compañeras de reparto le ayudaban a moverse y superar sus problemas de visión. En cine, en Cautiva, de Gastón Birabén, en la que encarna a la abuela de una niña ilegalmente apropiada en tiempos de la dictadura, que fue premiada en San Sebastián el pasado año. Aún intervino posteriormente en otra película, Cómo pasan las horas, de Inés de Oliveira, que concluyó días antes de su muerte, hace 15 días.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de noviembre de 2004