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Reportaje:PERSONAJE

El ángel caído

La cuesta abajo a causa del alcohol de Matti Nykänen, uno de los más grandes saltadores de esquí, acaba en la cárcel al ser condenado a dos años por una agresión con un cuchillo

Sólo tiene 41 años, pero su biografía daría ya para un libro de muchas páginas. Mientras muchos grandes deportistas se retiran y se reconvierten a la vida civil sin ruido, otros parecen no perder nunca el protagonismo. Pasan de los éxitos en su profesión a las páginas de sucesos casi sin solución de continuidad. No sólo Diego Armando Maradona se puede llevar la palma. El caso del finlandés Matti Nykänen, uno de los más grandes saltadores de esquí de la historia, es también paradigmático. El de todo un ángel caído. Un salto al abismo.

El pasado miércoles fue condenado por un tribunal de Tampere, al suroeste del país nórdico, a 26 meses de prisión por apuñalar y herir gravemente en agosto a un hombre de 59 años, en Nokia, un pueblo cercano a esa ciudad, donde pasaba sus vacaciones. Desde el mismo día de la agresión había ingresado en la cárcel.

Una vez más estaba borracho y por eso el juez fue benevolente, pues pendía sobre él una pena de cuatro años. Pero también era reincidente, pues en marzo ya había sido condenado a cuatro meses por golpear y atacar también con un cuchillo durante un viaje a Salzburgo (Austria) a su cuarta mujer, Mervi Tapola, con la que se acababa de casar por segunda vez tras la rotura en 2003 de su primer matrimonio, en 2001. Entonces quedó en libertad al no tener antecedentes penales, pero ahora era inevitable verse entre rejas tras ser acusado de homicidio sin premeditación en grado de tentativa. Nykänen declaró que no recordaba nada porque había estado bebiendo antes de la agresión con su víctima. Ésta, Aarno Hujanen, le había arreglado las ventanas del chalé y recibió dos puñaladas en la espalda tras desencadenarse una discusión.

El alcohol es un antiguo y tremendo compañero de viaje de Nykänen, pues ya empezó su amistad cuando aún no había alcanzado el cénit de su carrera. Nacido en Jyväskylä, una localidad del centro del país, debutó a los 14 años, una edad normal para un país como Finlandia, en el que los saltos de esquí son una pasión nacional. Y, tras ganar sucesivas competiciones de nivel, alcanzó su primera gran gloria con la medalla de oro olímpica en los Juegos de Sarajevo 84 en el trampolín de 90 metros y la de plata en el de 70. Tenía 20 años y ya era una gloria. Pero apenas dos años después, a principios de temporada, fue sancionado por su federación al ser sorprendido borracho en una concentración. El ángel volador empazaba pronto a tambalearse.

Sin embargo, su enorme calidad para planear, que ya le había llevado incluso a batir el récord del mundo de distancia en el clásico trampolín gigante de Planica -entonces, en la antigua Yugoslavia; hoy, en Eslovenia- al aterrizar ya cerca de los 200 metros, le permitió elevar aún más su gloria. En los siguientes Juegos Olímpicos, los de Calgary 88, en Canadá, ganó las tres medallas de oro posibles, las dos individuales en 70 y 90 metros y la del concurso por equipos junto a sus potentes compañeros. Como el entonces alemán oriental Jens Weissflog, marcó una época. En el país de grandísimos atletas desde Paavo Nurmi o pilotos de rallies, como Ari Vatanen, Juha Kankkunen, Timo Makinen y Markus Gronholm, o de fórmula 1, como Keke Rosberg, Mika Hakkinen y Kimi Raikkonen, las estrellas de la nieve forman parte de la leyenda más arraigada. Y Nykänen está en ella. Fue elegido dos veces mejor deportista nacional tras sus hazañas olímpicas.

Tocó el cielo con sus cuatro oros olímpicos y otros 14 primeros puestos en Campeonatos y Copas del Mundo, pero la fama se le empezó a atragantar en cantidad inversamente proporcional al alcohol que ingería para celebrarla. Puso fin a su carrera a principios de 1990 porque le era imposible mantener el gran nivel. Vendió hasta sus medallas para poder financiar su nueva carrera en la bebida. Su vida estaba mucho más ya en los clubes nocturnos, donde participó hasta en espectáculos de striptease, aunque su mayor dedicación profesional, que aún mantenía en la actualidad, era la de cantante de discotecas en un grupo musical. Sus tres primeros matrimonios, como el cuarto, no le duraron más que medio ciclo olímpico. El de Tina Harinen, de 1986 a 1988; el de Pia Hyminen, de 1989 a 1991, y el de Sari Paanola, de 1996 a 1998. Con el actual, que repite, podría batir su récord si perdura el tiempo que le espera cumplir en una celda. Lejos quedan ya sus plusmarcas de cuando era un auténtico pájaro campeón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de noviembre de 2004