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Reportaje:FIN DE SEMANA

Balón para Beckham en Medinaceli

Los visitantes buscan en el pueblo soriano el escenario de un anuncio

Convertidos en guerreros medievales, el astro del fútbol inglés, más Roberto Carlos, Raúl y Ronaldinho, mostraron su arte en un rodaje publicitario. Fue en su plaza Mayor y los turistas han aumentado.

Es una bombonera, una miniatura cuidada, mimada, asomada al amplísimo horizonte desde su altura. Con unos orígenes históricos esplendorosos, un pasado inmediato lleno de dificultades y un presente en el que se mezclan la mercadotecnia, la publicidad y los esfuerzos de quienes la habitan.

La poderosa espalda de Beckham, con el nombre de su hijo grabado a fuego; el salto sobre el caballo de Raúl; el cabezazo de Ronaldinho; el chupinazo de Roberto Carlos... Las estrellas mediáticas (a la par que deportistas) se confabularon el verano del año pasado e hicieron de Medinaceli su campo de batalla. La multinacional de refrescos Pepsi eligió su plaza Mayor como escenario para rodar un anuncio televisivo, reprodujo un mercado medieval y el futbolista británico, entonces recién fichado por el Real Madrid, hizo en tierras sorianas su primera y fulgurante aparición. Pero antes que estos héroes pasaron por Medinaceli otros muchos, bien sea en la historia, bien en la leyenda.

Triple arco romano

La realidad y la ficción se han hecho carne, durante siglos, en este cruce de caminos por el que batallaron moros y cristianos, convirtiéndolo en terreno fronterizo; en sus orígenes había sido la Ocilis de los celtíberos y los romanos la habían conquistado en el 152 antes de Cristo, dejando su huella en forma de arco, el único en España de triple arquería. Construido, al parecer, entre los siglos II y III (aunque estudios recientes lo remontan al siglo I), se encuentra en fase de rehabilitación. "Menos mal que le han metido mano a tiempo [empezaron en junio de 2003]. El cemento y hormigón de la restauración anterior tienen sales que se comen la arenisca, y se estaba deteriorando", comenta el alcalde, Felipe Utrilla.

Con los árabes fue Medinacelima, gobernándola Galib, el llamado general poeta. Muchos estudiosos (entre ellos, Menéndez Pidal) aseguran que aquí vio la luz quien diera estilo literario al Cantar de Mio Cid; el valle del Arbujuelo, al que se asoma la villa, aparece citado en el poema.

La leyenda se entreteje con el nombre del caudillo agareno Almanzor, de quien se dice que sufrió, en 1002, las consecuencias definitivas de sus heridas en la soriana Calatañazor (batalla de cuya existencia se duda), entregando su alma a Alá en Medinaceli.

Alvar Fáñez de Minaya y, ya de forma definitiva, Alfonso el Batallador, en 1123, le dieron la impronta de la cruz.

Del pasado inmediato lleno de dificultades da prueba el texto que, en 1983, publicara José Luis López del Amo en Toda Soria y su provincia: "A partir del siglo XIII comienza la inexorable decadencia de esta 'ciudad del cielo', 'anclada en el tiempo', según Gerardo Diego, hasta llegar a ser ahora presa de la hiedra que implacablemente cubre sus casas vacías".

De eso hace poco más de veinte años. Pero la realidad ahora es bien distinta. Bastante culpa tienen, como en otras ciudades monumentales españolas, algunos pintores y extranjeros, cuya sensibilidad supo adelantarse a los tiempos. Ellos gozaron casi en solitario -en los sesenta y setenta- de un auténtico paraíso y contribuyeron a mantenerlo en pie. Entre los nombres grabados en la memoria de Medinaceli figuran Rómulo Maccio, pintor argentino que vive en París, pero conserva su casa soriana desde hace más de 30 años; el austriaco Reiner Schiestl, que pinta sobre todo pueblos abandonados (en estas tierras dispone, por desgracia, de modelos más que suficientes); el madrileño Rafael Ortiz, que lleva en Medinaceli "desde siempre"; el californiano Jerome de Rollin, uno de los primeros en llegar, y Franc Carmelitano.

La plaza del anuncio

Resulta muy grato deambular, perderse en alguna de las laberínticas callejas, desembocar en una plazuela, contemplar los restos de muralla, detenerse en sus galerías de arte (tres, en un casco de apenas 200 habitantes), saborear la repostería de las monjas clarisas (que habitan y mantienen vivo un convento gótico, el de Santa Isabel) y sumergirse en el pasado y presente de sus blasonadas piedras.

"¿Dónde está la plaza del anuncio?", preguntan los turistas despistados, esos que ahora acuden por cientos. A la plaza del anuncio, de enormes proporciones, se abre el renacentista palacio Ducal, del siglo XVI, de planta rectangular y estructurado en torno a un patio interior de dos pisos. Un espacio ideal, al decir de las gentes de Medinaceli, para ubicar un parador de turismo que, además de cubrir un hueco en la hotelería de la zona, vendría a ser una especie de guinda en un pastel milagrosamente conservado.

A este espacio se asoma la alhóndiga, también del siglo XVI, que, amén de las funciones propias de su denominación (compraventa y almacenaje del grano), fue sede del Concejo e incluso cárcel del Partido Judicial.

En esta misma plaza, diversas excavaciones arqueológicas sacaron a la luz pavimentos de construcciones romanas y un mosaico del siglo IV, con la diosa Ceres como motivo central; en la calle de San Gil se descubrió otro, del siglo II, en el que abundan los animales fantásticos: ambos han sido trasladados al palacio Ducal.

La colegiata y San Román

Para que la ojival colegiata de Santa María, ahora recién restaurada, se alzara entre 1520 y 1540 los nobles tuvieron que agachar la cabeza. "Antes de la colegiata había 11 iglesias, pertenecientes a las familias más importantes", relata Manuel Arena, un viejo sacerdote. "La hicieron para que cupieran todos, nobles y pueblo llano. Siete familias demolieron sus iglesias, y cuatro accedieron a mutilarlas".

De la peculiaridad del antiguo convento de San Román -del que queda en pie una hermosa espadaña- da buena cuenta uno de los carteles informativos que jalonan la visita a Medinaceli: "Este extraño edificio, de incierto origen (...), fue parroquia hasta 1558. En esa fecha se convirtió en morada de devotas y aristocráticas mujeres, que, sin obedecer reglas muy estrictas, vivían en comunidad. A partir de entonces se le conocerá con el nombre de beaterio. Posteriormente adoptaron la regla de san Jerónimo y lo ocuparon hasta 1939. (...) La clara influencia oriental, su ubicación en el barrio judío, algunos restos arquitectónicos y su orientación, dan argumentos a la teoría más extendida, que afirma que fue una sinagoga. (...) En el pasado albergó los Cuerpos Santos de los patronos de Medinaceli, mártires en África". A estos Cuerpos Santos (Arcadio, Probo, Pascasio, Eutiquiano y Paulilo) está dedicada una singular celebración, el toro jubilo (el nombre procede de ofrenda jubilar), que tiene lugar en la noche del sábado más cercano al 13 de noviembre.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir

- Hotel Nico (975 32 60 11). N-II, kilómetro 151. Medinaceli. También es restaurante. La doble, 71 euros.

- Casa rural La Cerámica (975 32 63 81). Santa Isabel, 2. Medinaceli. La habitación doble, 47 euros.

Comer

- El Rincón de Medinaceli (975 32 61 61). Marimedrano, 14. Cocina castellana. Entre 15 y 20 euros.

- Duque de Medinaceli (975 32 61 11). N-II, kilómetro 150. Entre 15 y 20 euros.

Actividades

- Aula Arqueológica (635 64 76 69 y 635 64 76 66). En la plaza Mayor.

- Galerías de arte. Medinaceli (plazuela de la Cárcel), Arco Romano (Barranco, 1) y Díptico (Santiuste, 13; recién inaugurada, también restaurante).

- Compras: exquisita repostería en el convento de Santa Isabel. Horno artesano De Diego (975 32 61 03). Plaza de la Colegiata.

Información

- Oficina de turismo de Medinaceli (689 734 176).

- www.sorianitelaimaginas.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de octubre de 2004

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