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Crónica:FÚTBOL | Sexta jornada de Liga

Pachón hace grande al Getafe

El Athletic, lejos de su imagen, vapuleado con un triple gol del delantero madrileño

Algun germen radiactivo de naturaleza desconocida deben de tener en Getafe las victorias de los equipos que apabullan al Madrid. El Athletic, que visitaba al recién ascendido con los aires de superioridad que dictaban sus recientes paseos en San Mamés sobre los galácticos y los turcos del Trabzonspor, siguió el camino abierto hace dos jornadas por el Espanyol. Como en el primer caso, los leones salieron al campo más resueltos a disfrutar del día, de lo más soleado, que a cumplir los sabios consejos de Ernesto Valverde de descender a la tierra para jugar en el barro.

Y pasó lo que el entrenador vasco se temía, amén de lo mucho que echaba en falta a Ezquerro y Yeste, bajas por lesión y una gastroenteritis: en la arena del Coliseum Alfonso Pérez los locales oficiaron de gladiadores y sus hombres, no de fieras, sino de cristianos. Para colmo, Pachón firmaba el primer triple gol de los azulones en Primera, donde hasta ayer nunca habían marcado más de un tanto por partido. Es más, la victoria ante el Espanyol se debió a un error ajeno del lateral Ibarra.

GETAFE 3 - ATHLETIC 1

Getafe: Sergio; Yanguas, Amaya, Nano, Pernía; M. Cotelo, D. Rivas, Gabi, Riki (Kome, m. 74); Míchel (Craioveanu, m. 58) y Pachón (Yordi, m. 84).

Athletic: Aranzubia; Iraola, Luis Prieto, Karanka, Del Horno; Gurpegi, Orbaiz; Arriaga, Jonan García (Etxeberría, m. 46), Angulo (Azkorra, m. 66); y Urzaiz (Guerrero, m. 77).

Goles: 1-0. M. 1. Despiste de la defensa bilbaína, centro raso de Riki y Pachón no falla. 1-1. M. 51. Etxeberria, de tiro raso. 2-1. M. 59. Gol de rebote de Pachón, tras una cesión de Iraola a Aranzubia. 3-1. M. 65. Pachón, de cabeza.

Árbitro: Lizondo Cortés. Amonestó a M. Cotelo, Pernía, Iraola, Luis Prieto y Orbáiz.

14.500 espectadores en el Alfonso Pérez.

Los bilbaínos cayeron desde el inicio en el juego planteado por Quique Sánchez. Con un traje a medida a pie de banda, sus órdenes no eran aptas para sibaritas: neutralizar al doble pivote Orbaiz-Gurpegui -tanto corría Diego Rivas que parecía endemoniado-, apostar por el juego vertical, para así coger cada dos por tres desprevenida, por no decir de espaldas, a la defensa rojiblanca, y contragolpear.

En poco más de un minuto surtía efecto la estrategia planteada. La defensa bilbaína cometió en el primer tiempo errores indignos de jugadores de Primera: el gol getafense llegó tras un pase largo en el que Prieto se despreocupaba del rival y fijaba su mirada en la pelota. Riki, estilete con las botas bien afiladas, aprovechó el regalo para trazar con cartabón un pase raso tirado que Pachón no erraba. No fue la única vez que hizo aguas la retaguardia rojiblanca. La historia era siempre la misma: balones bombeados por la izquierda y rasos por la derecha. Y los defensas, como si nada, siempre picaban. Les salvó que el Getafe, hasta que Pachón se desperezó, todavía tiene maneras de Cenicienta -como la inocencia de Cotelo, que en una contra de libro mandó un pase atrás cuando la opción era bombearlo- y perdona más que fustiga. Hasta que un pase atrás de Iraola a Aranzubia, pura cicuta, rebotó en Pachón y acabó en la portería.

La entrada en el segundo periodo de Etxeberria pareció cambiar las tornas del encuentro. ¡Cómo salió el extremo, que nada más salir lamió el poste izquierdo con un tiro envenenado desde el balcón del área! Así llegó el tanto del Athletic, con el protagonista mencionado esperando el balón solo en el vértice del área, y marcando de fuerte tiro cruzado después de romper las cinturas de cuantos le salían al paso.

Con el Athletic a merced del Getafe, Julen Guerrero, sustituto de un Urzáiz que bajaba al mediocampo desesperado al no recibir ni un balón decente, salió en busca del milagro. Poco pudo hacer la estrella caída en desgracia, que incluso vio la amarilla por una mala falta al borde del área. Craioveanu, otro jugador cuestionado por su falta de puntería -aún no ha marcado-, tuvo más fortuna: salió con 30 minutos por delante, en los cuales abrió el campo a Cotelo para que cediese por alto a Pachón. El madrileño no desaprovechó la ocasión, y Getafe despidió a sus hombres como en los tiempos de Roma: con el pulgar en alto y haciendo la ola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de octubre de 2004