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Crítica:ROCK | The Killers

Balas de fogueo

The Killers vienen de Las Vegas y se han beneficiado de la nueva respetabilidad otorgada al pop con (detallitos de) sintetizadores de los ochenta, de The Cure a Duran Duran. A los Killlers les ha tocado la lotería: medio millón de copias vendidas de Hot fuss en su país, candidatura a premios prestigiosos, el rumor de "la nueva sensación".

Felizmente, estos Asesinos no son nada intimidantes: no hay homogeneidad estética -recuerden, sus predecesores británicos parecían salidos del casting de un estilista fantasioso- y más bien parecen cualquier grupo indie, cada músico con su look y su actitud. A saber: el batería exuberante que rompe baquetas y remata los temas de pie, el bajista pasmado con cara de yo-pasaba-por-aquí, el guitarrista concentrado en las texturas, el cantante enfático y ensimismado que parece que se hubiera cruzado con el fantasma de Ian Curtis. Lo que les salva es su ceñuda dedicación y tres o cuatro canciones memorables, donde incluso cabe la autoparodia (Glamorous indie rock & roll) y el desquite de los antiguos perdedores: como se canta en su gran éxito, Somebody told me, "alguien me dijo que tienes un novio / que se parece a una novia / que yo tuve en febrero del año pasado". Lo que les pierde son las obviedades (las gracietas kitsch de las músicas de entrada y salida, los coyunturales insertos de sintetizador) y esa arrogancia de tener esperando una hora al personal en una sala abarrotada. Por no hablar del bombo de su discográfica, que antes de empezar ya proclamaba que iba a ser "el concierto del año". No lo fue, pero dejaron grato sabor entre los que iban sin una opinión formada.

The Killers

Brandon Flowers (voz, teclados), Ronnie Vannucci (batería), David Keuning (guitarras), Mark Stoermer (bajo). Sala Copérnico Nova Club. Madrid, 29 de septiembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de octubre de 2004