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Columna
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Sobrepeso

Entre las perniciosas secuelas que dejan las vacaciones, la más grosera son los nuevos kilos de más. Parecería lógico con la rozadura del mar, la vida al aire libre y las exudaciones sin fin, se llegara a un cuerpo más esbelto pero, por el contrario, asombrosamente, la vacación se adentra en las carnes como una sustancia decidida a aumentar nuestro volumen y a despecho de cualquier posible consideración.

Y lo más chocante de este efecto, al que uno podría atribuir causas personalizadas, es que su mal se repite invariablemente entre todas las gentes de alrededor. El cuerpo propio que se cree receptor de experiencias singulares, pasa a ser depósito colectivo o plural. Porque esos kilos de más no son, como se advierte, una cosa nuestra sino otro asunto del montón. Grasa procedente de un imaginario almacén donde las vidas se suman e igualan a la manera del consumo masivo. O, más asquerosamente: raciones de rellenos que se agregan a la vulgaridad vacacional. Venimos con varios kilos de más pero lo realmente grave, lo repulsivo de ese fardo, es imaginar de dónde, probablemente, llega. ¿Lo obtuvimos, día a día, mientras nos bañábamos en las mismas aguas turbias cerca de otros cuerpos extraños de la urbanización? ¿Los cogimos en los atestados comedores playeros con paella, entre el atufante vocerío de los comensales y los gritos de los camareros empapados en sudor? ¿Se apegaron a nosotros en el ir y venir de las caravanas y en las largas exposiciones a la segura enfermedad de la multitud?

El invierno es criminal pero mata esta excrecencia de los otros; el craso ardor de la convivencia colectiva y el espeso olor de la humanidad. El invierno es suicida pero es también por ello altamente exclusivo, cosa de uno, dosis de vida única y estricta, desprovista de la viscosa destilación vecinal. Puede que de nuevo, en la mitad del frío, soñemos con el famoso regreso al verano solar pero el verano es ominoso y altamente traidor. Deja, tras su paso, un amargo trazo de gozo insatisfecho y endosa, especialmente, este significativo peso adicional: peso de los demás sobre la propia carne y cuerpo de los demás anidando indeseablemente bajo el amparo de nuestra misma piel.

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