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Reportaje:ATENAS 2004 | El balance

Un presidente encantado

Rogge y el COI se refuerzan al afrontar con firmeza la corrupción y el dopaje

Jacques Rogge, el presidente del COI, se va reforzado de Atenas. Ha tenido que lidiar con numerosos problemas, pero ha demostrado firmeza, cintura y astucia, algo que le había faltado en sus comienzos en el cargo, al que llegó en septiembre de 2001. Los casos de dopaje se multiplicaron y todo se magnificó con el escándalo de la desaparición de los atletas griegos Kostas Kenteris y Ekaterini Thanou para no someterse a un control antidopaje por sorpresa. Pero lo peor fue el torpedo búlgaro, el asunto Slavkov [el miembro del organismo olímpico que estaba dispuesto a vender su voto a Londres para los Juegos de 2012]. En ambos temas salió airoso. El COI ha dado una muestra de seriedad que, aun dentro de sus carencias, le ha permitido ganar tiempo y prestigio en su difícil camino de modernización.

A Rogge le satisfizo la organización. Las gradas se fueron llenando, las audiencias televisivas aumentaron entre un 15% y un 20% respecto a Sidney 2000 y la lucha antidopaje avanzó: "Ha sido la consecuencia de los esfuerzos que comenzaron en los Juegos de invierno de Salt Lake City 2002". Allí se descubrieron siete casos, entre ellos el del esquiador español de origen alemán Johann Muehlegg, cuando en toda la historia anterior sólo fueron cinco: "Hemos aumentado el periodo de controles a 14 días antes de los Juegos. Antes sólo se hacían tras las pruebas y ahora muchos se efectúan también fuera de la competición. Por eso han salido más positivos que en Sidney. Y las muestras se guardarán ocho años por si se necesitan comprobar en el futuro con nuevos métodos de detección. Los culpables perderían entonces sus medallas". Pero fue realista al añadir: "Sería ingenuo pensar que algún día dejará de haber dopaje. En cualquier grupo de seres humanos hay tramposos".

Respecto al escándalo de los jueces de la gimnasia, Rogge comentó que el COI hablará con la federación internacional (FIG) para tratar de evitar los problemas con las puntuaciones. Concretó luego que no se darán medallas suplementarias para contentar a alguien como, al parecer, había pedido el presidente de la FIG en el caso Paul Hamm ante la indignación de Estados Unidos, que quiere un único oro, para su gimnasta, y de Corea del Sur, la damnificada. Sólo tres jueces, entre ellos Benjamín Bango, fueron suspendidos cautelarmente hasta que la FIG acabe su investigación, pero no se corrigió su error, que quitó una décima a Yang Tae Yung y permitió el triunfo de Hamm.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de agosto de 2004