Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:ERIKA VILLAÉCIJA | Plusmarquista española de los 800 metros libres | Atenas 2004 | NATACIÓN: LA ÚLTIMA ESPERANZA ESPAÑOLA

"Aún no ha llegado mi mejor momento"

Es uno de los valores en alza de la natación española. Desde que entró a trabajar con Joan Fortuny en el equipo de élite que la federación tiene en Sant Cugat, Erika Villaécija no ha parado de crecer. Su evolución le ha llevado a mejorar récords españoles 18 veces y a obtener el oro en los 800 metros libres, su mejor prueba, y en los relevos de 4x200 en los pasados Europeos de Madrid. A sus 20 años, la barcelonesa nadó mal en los 400 metros, su primera prueba en estos Juegos, y se sumó a la zozobra general de la natación española. Hasta ahora las cosas no han funcionado. Pero ahora asegura que la final de ayer en 4x200, en la que España, con ella, fue sexta, elevará los ánimos y está convencida de que hoy entrará en la de los 800, prueba en la que posee la undécima mejor marca mundial del año.

"No puede hablarse de fracaso. Algunos todavía no hemos nadado nuestras pruebas principales. La valoración debe hacerse cuando acabemos"

"Mi único objetivo individual es entrar en la final de los 800 metros libres. Me frustraría salir de aquí sin haberlo dado todo por culpa de los nervios"

Pregunta. Las cosas no podían ir peor hasta ayer.

Respuesta. La verdad es que no empezamos muy bien. Hemos venido a Atenas gente muy joven, que nunca habíamos estado en unos Juegos, y de golpe hemos descubierto que esto es distinto a todo lo demás. Aquí hay mucha más presión y la hemos notado.

P. Se empieza a hablar de fracaso de la natación española.

R. Yo no lo considero un fracaso. Todavía hay gente que no ha nadado en sus pruebas principales. La valoración hay que hacerla al final. Alcanzar algunas finales ya es para nosotros muy importante. Lo que importa es nadar bien lo que aún nos queda. La final de los relevos que acabamos de disputar elevará los ánimos de la gente. Era el golpe moral que nos faltaba para reaccionar.

P. En los 400 no le fue bien. ¿Qué puede ocurrir en los 800, su mejor prueba?

R. Los 400 no los nadé como quería. Pero hay que ser fuerte, cambiar el chip rápidamente y pensar que sólo fue una falta de concentración que puede arreglarse. En los 800 mi meta es entrar en la final. Creo que puedo lograrlo. Puede que la gente piense que puedo ganar una medalla, pero tal vez confíen demasiado en mí y esperen cosas que aún no es el momento de poder lograr.

P. ¿Siente pánico por estar obligada a hacerlo bien en su última prueba?

R. Estoy nerviosa. Pero pánico no tengo porque me he preparado muy bien para afrontar este momento. Sólo tengo ganas de hacerlo bien. Si hago un tiempo de 8m 29s y quedo novena, estaré contenta a pesar de no entrar en la final. Pero, si mi tiempo es malo, me sentiré muy mal. Me frustraría mucho salir de aquí sin haberlo dado todo por culpa de los nervios.

P. Su entrenador, Joan Fortuny, y otros técnicos españoles aseguran que es muy competitiva.

R. Es cierto. No me gusta mirar a mi lado y ver que otras nadadoras van por delante de mí. Mi rendimiento mejora cuando siento la presión de la alta competición. En la piscina estás nadando pendiente de todo lo que ocurre a tu lado. Tal vez no vislumbras las calles más lejanas, pero intentas siempre tener una perspectiva de la carrera. Y vas nadando y pensando en ganar a todas las rivales.

P. Su evolución ha sido brutal en los últimos años.

R. Sí. Desde que comencé en el CN Horta han cambiado mucho las cosas. Llegué al CAR a los 15 años con la federación catalana, estuve dos años y gané el oro en los 800 en los Juegos del Mediterráneo de 2001. Después comencé a entrenarme con Fortuny. Al principio, estábamos trabajando muy duro, pero las cosas no salían. Pero en 2002 batí el récord de España y todo mejoró rápidamente.

P. Desde entonces ha batido récords de España en 18 ocasiones.

R. Sí, muchas. Pero ya no lo controlo. Quien lleva la cuenta es mi madre, que me guarda todos los recortes de prensa.

P. ¿Qué le parece eso de vivir en la Villa Olímpica?

R. Lo vivo con intensidad y mucha expectación porque es mi primera vez. El ambiente es muy bueno. Es muy distinto a ir a un hotel, donde te lo hacen todo. Somos un equipo pequeño y nos sentimos muy unidos. Hablamos entre nosotros, nos animamos. Y conoces a gente de otros deportes. Viajé con una yudoca, Esther San Miguel, y nos hicimos amigas. Hoy he estado con los chicos del hockey y las gimnastas.

P. Hable de su entrenador, de sus métodos de trabajo.

R. Es muy exigente. La última fase de preparación para los Juegos la iniciamos hace más de un mes con tres semanas de máximo volumen, o sea de triples entrenamientos en el agua y después el físico. Es duro, porque en cada sesión de agua cubrimos muchos metros a máxima intensidad. Sabemos que de eso dependen los resultados. Después siguen tres semanas de puesta a punto, de sentir el agua y notarte cómoda.

P. ¿Cree que con otro entrenador estaría en el mismo nivel?

R. Con él me ha ido muy bien. Si volviera a empezar, elegiría lo mismo. Es duro cuando debe serlo y comprensivo cuando es necesario. Con su nivel de exigencia puedes alcanzar tus máximos.

P. ¿Es verdad que es capaz de llorar por cualquier cosa, al leer un libro o cuando un entrenamiento no le sale bien?

R. Sí. A veces me invade un sentimiento de impotencia y me siento culpable de que las cosas no salgan como espero. Me enfado conmigo misma y reacciono así. Otras veces, simplemente, hay situaciones que me emocionan.

P. ¿Su mejor momento?

R. Espero que aún no haya llegado. Aquí me estoy sintiendo muy bien, mejor que en todas las ocasiones anteriores en que he competido. Pienso que puedo lograr algo importante. Pero hasta ahora lo mejor que me ha ocurrido fue ganar el oro en los Europeos de Madrid. Fue un día muy especial. Primero comimos con Iñaki Urdangarín y después, cuando gané, él me dio la medalla. No lo olvidaré. Nunca me imaginé que iba a conocerle.

P. ¿En alguna ocasión pensó en dejarlo todo?

R. Sí. El primer año de estar con Fortuny, cuando las cosas no salían. Pensé que ya no podía más, que no valía la pena tanto trabajo para los resultados que obtenía. Pero en la siguiente competición todo comenzó a funcionar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de agosto de 2004