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Crítica:BILBAO | LIDIA

Se impusieron los alfanjes de los toros

De los seis toros de Cebada Gago el que tuvo un peor comportamiento en el tercio de varas fue el sexto. Curiosamente, a ese toro le cortó Antonio Barrera una oreja. Esto podía probar que los cinco restantes deberían haber ido al desolladero sin algunas de las orejas puestas.

Lo real es que los toros se alzaron por encima de los toreros. Por las venas de los espadas, en vez de sangre parecía que corrían ríos de niebla. Sólo en el sexto, Antonio Barrera tomó la muleta para decir aquí estoy yo. No tuvo excelencia la faena, mas las tandas de derechazos, y algunos naturales juntaron vibración en los pases. Faltaba hondura, empero el torero incidía en querer aportar trazos vibrantes. Y el público le premió con una oreja, que tenía todos los ribetes de ser algo regalada.

Cebada / Encabo, Chaves, Barrera

Toros de Cebada Gago, excelente presentación y encastados. Luis Miguel Encabo: estocada caída (silencio); estocada (ovación). López Chaves: tres pinchazos y estocada baja (aplausos); dos pinchazos, pinchazo hondo y descabello (silencio). Antonio Barrera: pinchazo, pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio); estocada caída (oreja). Plaza de toros de Vista Alegre, 15 de agosto, 2ª de feria. Tres cuartos de entrada.

¿Por qué no hubo faenas en los toros restantes? Porque en el ruedo de Vista Alegre se amontonaron las dudas en los tres toreros. Y éstos no se cruzaron nunca, presentaban las muletas retrasadas, no aguantaban con firmeza las embestidas. En suma, construían, mediante las dudas, sensaciones de que los toros no servían. Lo que era una mentira. Los toros servían, pero había que estar en toreros. Lo fácil era engañar haciendo ver como que aquellos toros eran unos "marrajos chaqueteados".

No nos pueden engañar. En vez de ponerse a lidiar con orgullo, les vimos sudar gotas de plomo. Y ya se sabe que la jindama (el miedo) tiene el color de la grisura.

Mientras que el orgullo puede llevárselo el ganadero para Cádiz con todo merecimiento. Sus toros presentaron ante los bilbaínos con unas cabezas de impresionantes arboladuras, excepto el cuarto, cuya cabeza, siendo potente, era normalita. Los seis toros fueron fuertemente aplaudidos en el arrastre.

Lo peor de lo acaecido ayer, y sus resultados poco eficientes, hay que adscribírselo a lo que va a emitir la grey taurinista. Y están frotando las manos aduciendo que no se puede contratar para una feria una corrida como la de ayer. Esos toros, según ellos, son imposibles para que triunfen los toreros. Aunque no dicen que se trata de los toreros figuras. Esos toreros a los que quieren verles con toros bobones, con toros sin raza ni bravura, toros artistas, que se dejen torear. O sea, en vez de toros, quieren buscar para ellos pollos de granja... Así está el toreo actual, que el pura filfa y capulí. Ya es triste que se esté añorando desde el primer día de la feria de Bilbao que salgan los toros con patas de harina y cuernos de plastilina, que se pongan al servicio de las figuras para solaz de los palmeros y vividores camelistas del toreo y cuanto le rodea.

Nadie vea en estas modestas reflexiones algo tan complicado como un soneto de Shakespeare. Quédese mejor rumiando aquella expresión de Ortega y Gasset: "El toro antes era un profesional de la fiereza". Seguro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 2004