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Reportaje:

El 'galáctico' más barato

El Madrid ficha a Owen por 12 millones mientras Vieira decide continuar en el Arsenal

El técnico del Liverpool, Rafa Benítez, explicó ayer con resignación el traspaso de Michael Owen al Madrid. "Cuando llegué, tenía sólo un año más de contrato. El Madrid lo sabía y cuando un club como ése llama a la puerta... Yo estaba contento con él y quería que se quedara". Para el Madrid, el éxito de la operación, estimada en 12 millones de euros y que también supone el traspaso de Núñez al cuadro inglés, contrasta con la decisión de Patrick Vieira de continuar en el Arsenal. "Los lazos que me unen a él son muy difíciles de romper", declaró el centrocampista francés. A la plantilla de José Antonio Camacho se une, pues, un nuevo delantero de renombre, pero, por contra, sigue sin sumar un jugador que equilibre defensivamente el medio del campo.

Hijo de un medio del Everton, Owen ya pulverizó con sus goles los registros escolares

La operación incluye el traspaso del madridista Núñez al Liverpool de Rafa Benítez

Con la marcha de Owen, la fidelísima hinchada de Anfield pierde a su más estimada referencia sentimental del decenio. Owen sólo tiene 24 años, pero su producción le otorga un grado de excelencia superior en la mitología moderna de los reds. Un chico de la casa y cuya aparición, precoz y esplendorosa, volvió a llenar de ilusiones las estructuras de un club legendario. La Premier League, en pleno debate sobre estilo e identidad, comenzaba a mostrarse permeable a las influencias externas. Surgió entonces un imberbe atrevido, vertical, goleador y capaz de superar por habilidad a cuanto fornido central se le pusiera por delante: Owen (Chester, 1979).

Hijo de un centrocampista del Everton de los años 70, Owen ya había destacado en las ligas escolares pulverizando registros goleadores cuya vigencia se analiza en Inglaterra en términos de admiración. Eso ocurrió con los 72 goles que Ian Rush, otra gloria del Liverpool, había marcado en una temporada. Él subió la marca hasta los 97. Howard Roberts, uno de sus técnicos en esa época, se sorprendía: "Mientras sus compañeros entraban en el área con el estilo de la caballería, él sabía aguantar su arrancada hasta el momento preciso para recibir el balón en el sitio exacto. Además, su capacidad para moverse con el balón en los pies a toda velocidad era algo que desconcertaba a defensores mucho más grandes que él, pero poco acostumbrados a ese tipo de rivales". Ese estilo le daría grandes opciones de triunfar. Admirador de Lineker y por aquel entonces seguidor del Everton, Owen acabó ingresando en las categorías inferiores del Liverpool y en una escuela para jóvenes promesas que la federación inglesa tenía al norte de Londres. En mayo de 1997, el técnico Roy Evans le daba la alternativa en la Liga inglesa: marcó un tanto al Wimbledon en su debut, con sólo 17 años y cuando todavía acostumbraba a limpiar las botas de sus compañeros más veteranos, según la vetusta tradición de Anfield. Su curso siguiente fue magnífico y el criticado seleccionador nacional, Glenn Hoddle, le llevó al Mundial de Francia. Debutó tres meses antes en un amistoso contra Chile: tenía 18 años y 59 días y se convirtió así en el jugador más joven que vestía la camiseta nacional en el siglo XX. En el Mundial firmó el mejor gol, ante Argentina. Sobre el medio campo recibió un balón profundo que controló de espuela con su pierna buena, la derecha, para superar a Chamot con un toque vaporoso y hacer descarrilar a Ayala con un cambio de ritmo explosivo. Avanzó hasta batir a Roa con un remate cruzado y, pese a que cayó eliminada, la selección inglesa coronó a su nuevo rey. Desde ese momento cumbre, su evolución ha sido irregular, mostrando picos interesantes, pero también sufriendo problemas, como la racanería ofensiva que impuso el ex técnico del Liverpool Gérard Houllier en las últimas campañas y que penalizaba sus virtudes o la eclosión de Wayne Rooney.

El Chico de Oro, como llaman a Owen en su país, muestra un talante discreto y profesional en el que los tabloides británicos no encuentran ningún atractivo sensacionalista. De físico liviano (1,74 metros y 68 kilos) y un coordinadísimo tren inferior, combinar la astucia con la velocidad. Posee dos cualidades principales: una magnífica conducción del balón en la carrera que le facilita el control y el desborde y mucha frialdad al rematar. Llega a Madrid una escurridiza y listísima liebre capaz de bajar sus pulsaciones ante el portero rival.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004