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Un héroe de cine sin techo ni papeles

Mehran Karimi Nasseri lleva 16 años viviendo en la terminal 1 del aeropuerto Charles de Gaulle de París. Ha pasado por las cárceles iraníes, belgas y francesas, en un caso por haber participado en manifestaciones contra el sha de Persia, en los otros por andar por el mundo sin papeles. Como ningún país le quería, Mehran decidió quedarse en un no lugar, en tierra de nadie, entre el cielo y la tierra, entre la pista de aterrizaje y la frontera, en un lugar de tránsito, en el aeropuerto parisino. Era el año 1988 cuando Mehran adoptó esa extraña patria y empezó a crearse una red de complicidades: el empleado que le dejaba acceder a los servicios pensados para viajeros en tránsito, el responsable de la cafetería que le da de beber y comer, las tiendas que le facilitan ropa y, sobre todo, los policías y funcionarios que hacen la vista gorda para evitarse un nuevo embrollo jurídico. En 1993, Philippe Lioret, con la ayuda de Marisa Paredes, Ticky Holgado, Laura del Sol y el gran Jean Rochefort, imaginó un filme, estupendo, sobre la vida de Mehran. Lo tituló Tombés du ciel (Caídos del cielo), y reveló a medio mundo el caso del iraní estacionado en la estación aérea. Ahora, con el estreno estadounidense de The terminal, una película de Steven Spielberg en la que Tom Hanks es una versión ligona de Mehran, el personaje vuelve a merecer la curiosidad de los medios de comunicación. Para contactarle, lo mejor es llamar a la farmacia del aeropuerto y preguntar por sir Alfred Mehran. ¿Por qué sir Alfred? Sencillamente, si a uno le condenan a vivir en un no lugar porque no existe, ¿por qué no inventarse una personalidad? Mehran Karimi Nasseri, nacido 1945 en la ciudad petrolera de Masjid Soleiman, se ha autoconcedido un título nobiliario en razón de su respeto por otro sir, Alfred Hitchcock, y su vocación de británico frustrado. Según sir Alfred Mehran, él es hijo ilegítimo de una enfermera británica que mantuvo un apasionado romance con su padre. De ahí que, cuando éste murió, su familia le enviase a estudiar a Bradford. No querían volver a verle. Pero un día empezaron a olvidarse de los envíos de dinero y Mehran quiso ir a Teherán para reclamar lo que estimaba suyo. Fue entonces cuando conoció la cárcel por vez primera. La familia lo sacó de las mazmorras, pero sólo a cambio de que se largase definitivamente. Sin pasaporte, los países le rechazan; entre 1976 y 1988 es como una pelota que rebota entre Londres, Bruselas y París, hasta que se inventa un hogar a medida de su situación. Spielberg le compró su historia parece que por unos 40.000 dólares. Era el año 1991. "El dólar se cotizaba por encima del euro", recuerda Mehran. Todo ese dinero ha ido a parar a una libreta de ahorro de los correos franceses, la Poste. Para celebrar su súbita riqueza, sir Alfred Mehran invitó a comer al abogado que se ocupa de él desde 1989 y al médico de urgencias del aeropuerto. Fueron al McDo de la terminal área. El abogado recuerda también que "cuando, en 1999, por fin conseguí un permiso de residencia para Mehran Karimi Nasseri ya era demasiado tarde: no quiso firmar los papeles porque ya se había convertido en sir Alfred Mehran". Y había descubierto que no necesitaba de nada de lo que le ofrecían: un pasaporte de refugiado, derecho a un pequeño subsidio y libertad para moverse. Nuestro hombre, curtido quizás por la incesante agitación que le rodea, prefiere que sean los otros los que sigan moviéndose.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de julio de 2004