Crónica:DANZACrónica
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Colofón cosmopolita

El norteamericano John Jasperse (Washington, 1963) y el chino Shen Wei (Hunan, China, 1968) han representado un primer colofón cosmopolita en la etapa final de esta edición del festival de danza asociado a la Bienal de Venecia.

Shen Wei, que ahora se ha radicado en Nueva York y que antes formó parte de la famosa compañía Guang Dong Modern Dance, estudió y trabajó varios años en la Ópera de Xian, fue un actor-bailarín muy estimado en las técnicas clásicas de la ópera china, todo lo cual vuelca en su extraordinario montaje, presentado aquí en Venecia bajo el título Folding, sobre cantos tibetanos budistas y una música reveladora de John Tavener: The last sleep of the virgin.

Es una obra perfecta en su estilización, su poder y su magia: hace un uso dramático del color blanco y la luz espectral; un gran telón de fondo reproduce una acuarela del siglo XVIII donde el pez grande se acerca feroz a comerse al chico. Todo está ritualizado. La decena de bailarines aparecen transformados en seres surreales, fantasmales, con largas vestiduras rojas o negras y cuerpos esmaltados de un blanco tembloroso y mate; las cabezas modificadas por pelucas de seda; el desplazamiento, ritual y cercano al hieratismo tradicional de los teatros orientales, llama a la calma y a la muerte. El resultado es envolvente y seductor, de gran belleza y densidad. La primera parte del espectáculo fue menos feliz: una versión de La consagración de la primavera con momentos felices (la idea es que todos son "la elegida") que cae en picado ante el poder de la música de Stravinski. Pero después Folding hizo que las mil personas que llenaban el Pala-Fenice vibraran y corearan bravos.

A través del espejo

El día antes, en el teatro Piccolo del Arsenale, John Jasperse presentó un dúo, Just two dancers, con música electroacústica en directo por Chris Peck y la violinista Regina Sadowski. A la entrada, Jasperse entregaba al público un espejo de mano; la platea estaba transformada con plataformas entre las butacas, y allí había que seguir con la mirada, directamente o través del espejito retrovisor, a la pareja. Prácticamente los dos artistas bailan sobre las cabezas de los espectadores y los salpican de su sudor y sus alientos, llevando a todos a una lacerante extenuación: la relación de la pareja diseccionada cruelmente con ironía, humor y catarsis.

Jasperse usa una gestualidad controlada y de apariencia compulsiva donde hay un sustrato casi narrativo, pero sutil. Son estructuras afiladas con un uso científico del suelo, la poderosa plasticidad de ella, Juliette Mapp, dando réplica al coreógrafo hasta dar con una explotación descarnada del pas de deux moral; puede hablarse de hiperabstracción en el drama puro de los movimientos y su fragmentación nerviosa final: un tutti de dos seres restañando desamor.

El público comienza ya a preguntarse qué traerá a Venecia el brasileño Ismael Ivo en la próxima edición. Él será el encargado de crear un programa capaz de encandilar como éste, con el tema de los horizontes lejanos en la danza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de julio de 2004.