Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:TOUR 2004 | Duodécima etapa

El danés Riis ataca otro imperio

El corredor que acabó con el reinado de Indurain, desafía ahora a Armstrong al frente del equipo CSC

La Mongie

Fue un triunfador tardío y efímero, que en la recta final de su carrera se asomó a la cima del podio de los Campos Elíseos para retornar rápidamente al anonimato del que provenía. Pero aquel danés calvo e inmenso pasó a la historia del ciclismo por haber puesto fin al imperio de Miguel Indurain, a quien privó de su sexta victoria consecutiva. Desde entonces, ya retirado, Bjarne Riis ha dedicado su vida a intentar ganar otro Tour, aunque sea al volante de un coche.

Como director de la tropa multinacional del equipo CSC, Riis ha perseverado sin desmayo. Al final de la temporada anterior, le abandonó Tyler Hamilton, su gran baza. El danés no se arredró. Le echó entonces el lazo a Ivan Basso, por quien bebía los vientos José Miguel Echávarri y al que también quiso llevarse el propio Lance Armstrong, consciente de que aquel italiano capaz de seguir cualquier rueda podría ser alguna vez un rival de mucho cuidado. Bajo las cuchillas rocosas que hienden el aire del Tourmalet, Basso, secundado por su compañero español Carlos Sastre, fue el único con arrestos e inteligencia para batir al estadounidense. A la primera incursión en la gran montaña, Armstrong dejó medio noqueados a los que se intuía como sus grandes rivales: el portento atlético de Ullrich, la audacia escaladora de Mayo, la inverosímil resistencia al dolor de Hamilton, todos abocados ahora a intentar alguna locura. Pero muy cerquita del tejano aún quedan Basso y Sastre, los hombres de Riis, los peones del especialista en destronar emperadores.

Sastre: "Es como si yo mismo hubiese ganado. El ciclismo es un deporte de equipo"

Por Basso bebía los vientos Echávarri y se lo quiso llevar también el propio Armstrong

El italiano es tan minucioso que lleva a rajatabla un diario en el que anota cada detalle

En la línea de meta de La Mongie, los periodistas querían hurgar en los deseos y sueños de Sastre. ¿Estaba pensando ya en atacar de nuevo al día siguiente, dispuesto a enfrentarse a Armstrong a pecho descubierto o al menos a repetir la victoria que ya logró el año pasado muy cerca del escenario de ayer?. "En lo único que pienso ahora es en el masajito y en la cama", los decepcionó Sastre con esa actitud prosaica que suele infundir el sufrimiento. Y cuando coja la cama, ¿no soñará en París, subido al cotizado podio, con su imagen resplandeciendo en las televisiones de todo el planeta?. Un organismo reventado por el esfuerzo es lo menos propenso a los grandes ideales, y Sastre insistió en privar a la prensa de titulares triunfales: "Si sueño con París es por las ganas que tengo de ver a mi mujer y a mi hijo".

"Sin Sastre, nunca hubiera ganado la etapa", admitió con generosidad Ivan Basso. El ataque del corredor de El Barraco (Ávila) desencadenó la escaramuza decisiva a cinco kilómetros de la cima. "Ataqué yo porque soy más explosivo que Basso", explicó Sastre a la prensa danesa en un inglés bastante correcto. "Me encontraba bien, pero no super. Y aunque no pude aguantar, Ivan siguió la rueda de Armstrong y le ganó la etapa. Es como si yo mismo hubiese ganado. Aunque la gente no siempre lo entienda, el ciclismo es un deporte de equipo".

La fuerza del colectivo es ahora la esperanza de Riis y del CSC para forzar la abdicación de Armstrong como en su día hizo con Indurain. Además de sus dos líderes, dispone del estadounidense Bobby Julich, un corredor renacido, que ya conoce el podio del Tour. Pero todo induce a pensar que su principal hombre será Basso, quien en La Mongie rompió el tópico que le adjudicaba una gran capacidad para resistir el ritmo de los demás y una decepcionante carencia de chispa para lograr triunfos. "Mi hija Domitila tiene ya año y medio y aún no le había podido dedicar una victoria", confesó tras la feliz jornada.

En realidad, llevaba tres años casi en blanco. Nacido hace 26 años en Cassano Magnago, el mismo pueblo próximo a Varese donde vino al mundo el histriónico líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, su forma de correr siempre fue más cerebral que impulsiva. De ahí el enamoramiento de Echávarri y de ahí también que el viejo zorro Giancarlo Ferretti, director del Fassa Bortolo, un hombre siempre dispuesto a ir de victoria en victoria hasta la derrota final, le diese puerta sin contemplaciones. No le faltaron ofertas. Aunque pudo ser un muy bien pagado gregario de Armstrong, como lo fue hasta hace poco Roberto Heras, prefirió las ambiciones de Riis. "Él me ha ayudado mucho, sobre todo porque nunca me mete presión", agradece.

De Basso cuentan que es tan minucioso que lleva a rajatabla un diario de cada etapa en el que anota hasta el menor detalle. Sin dejarse ver demasiado, en el Tour del 2003 ya acabó séptimo. La empresa es ahora mayor que nunca y en el equipo aún se percibe el escepticismo. "Armstrong sigue siendo el más fuerte y hay que respetarlo", advierte Sastre.

Pero su director sabe muy bien que ningún imperio es para toda la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de julio de 2004