Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Picasso Torcaz

La visión del artista sobre la guerra y la paz a través de 370 obras. Una exposición que muestra la relación entre estos dos conceptos y deja clara la filosofía del autor del Guernica.

Cuenta Alexandre Cirici que la iniciativa del Pabellón de la República Española, donde Picasso habría de expresar sus sentimientos antibelicistas, fue de la Generalitat de Cataluña, que quería estar presente en la Exposición Internacional de París de 1937 para dar al mundo una imagen de la Cataluña en lucha. Parece que en un primer momento el Gobierno de la República no quería concurrir, pero finalmente se habría decidido. Fue entonces cuando Josep Lluís Sert hizo a Picasso un encargo considerable, una composición enorme, 7,82 metros de ancho por 3,5 de alto que se materializó en el antiguo palacio de los Savoir-Carignan, en el número 7 de los Grands Augustins, puesto a disposición del Gobierno de la República.

PICASSO: GUERRA Y PAZ

Museo Picasso

Montcada, 15-23. Barcelona

Hasta el 26 de septiembre

MÁS INFORMACIÓN

Conocemos la complejidad creativa del Guernica por las imágenes tomadas por Dora Maar, que fotografió la pintura a cada momento, hasta la versión definitiva: sobre el empedrado de una casa desolada, a la luz de una bombilla que las bombas han respetado, aparece el "mundo" descuartizado: un muerto, con los ojos aún abiertos, ha perdido un brazo que empuñaba una espada rota, de donde nace ahora una flor; un caballo ha sido atravesado por una lanza, pero con fuerzas para relinchar, mientras el brutal toro lo observa impasible, agitando la cola, por encima de la mujer que llora y que sostiene un niño muerto en brazos. Una mujer huye por la ventana alumbrándose con un quinqué, otra se arrastra y observa el cielo de los aviones asesinos.

No ha habido en toda la historia del arte una idea más pura de lo que es la guerra, con esa limpieza de formas. Picasso había derramado toda su furia e impotencia en una inmensa ventana para la paz. Y ya no sería capaz, hasta la pastoral La alegría de vivir (1946), de pintar sobre la jouissance: la gran contrapartida al Guernica, que creó en Antibes y que le devolvería la gracia de los temas mitológicos mediterráneos, aunque años después, la guerra, esta vez en Corea, viene a demostrarle que no existe paz idílica ni eterna.

Pero antes del Guernica, Picasso ya había tratado el tema del mal. En El picador o La juerga, la mitología del Bien y del Mal se encarnan en el grabado -en la figura del toro, la fuerza ciega y sin piedad, y el caballo, la víctima inocente- y que culmina en el aguafuerte Minotauromaquia (1935): un caballo huye espantado ante la embestida del toro y lleva a una mujer, una especie de Marie-Thérèse muerta, mientras la escena es contemplada desde la ventana por unas muchachas que sostienen dos palomas. Pero hay un personaje inocente que no conoce el miedo y que porta una palmatoria al horror: una niñita frente al odio entre los hombres, en una Europa amenazada por el nazismo. Mujer llorando (1937), el rostro de una mujer excavado por las lágrimas, es otro testimonio de la enfermedad moral; como Gato devorando un pajarillo (1939), Mujer peinándose, del mismo año, o Bodegón con cráneo de buey (1942) sin olvidar esa especie de cómic fraccionable, el aguafuerte Sueño y mentira de Franco (1937).

La exposición Picasso: guerra y paz muestra con 370 obras -óleos, dibujos, fotos y documentos- la interrelación de estos dos conceptos, con una intensidad que sobrepasa el resto de la obra picassiana. La muestra da sentido a esa posición fronteriza del artista capaz de preguntarse: frente a ese instrumento de tortura humana, la guerra, ¿dónde colocarse, en el suelo de la casa desolada, o en el cielo, donde brillan las estrellas?

Después de pintar Naturaleza con zapato viejo, 1937 ("confieso que no tenía conciencia de que estaba pintando mi Guernica"), Joan Miró emprendió una de sus más celebradas series, Constelaciones: "Lo veía todo perdido", escribe. "Al producirse la invasión nazi en Francia y con la victoria de los franquistas, no tenía la certeza de que me dejarían pintar ya más, de que sólo podría ir a la playa a dibujar en la arena o trazar figuras con el humo del cigarrillo. Con las Constelaciones, tenía la sensación auténtica de estar trabajando en la clandestinidad, pero supuso para mí una liberación, al no pensar en la tragedia que me rodeaba (...). El carácter catalán no es como el malagueño, es mucho más práctico, los catalanes creemos que tenemos que plantar los pies firmemente en el suelo para poder saltar muy alto".

Miró dirige la mirada hacia las estrellas, busca en el orden celeste la salvación de tanta ira. Picasso prefiere meter la cabeza en las fauces de la bestia y representar en la tela la expresión de su hedor. Así, en este recorrido por el Picasso, que abarca los años entre 1935 y 1962, se incluyen los mencionados de la Minotauromaquia a Sueño, los estudios para Lisístrata, el cruel Retrato de la marquesa del culo cristiano, algunos esbozos para el Guernica, los estudios y una recreación virtual del Hombre del cordero, relacionado con la ofrenda votiva y el sacrificio; el friso Masacre de Corea, que recuerda con su nombre Las matanzas de Quíos, de Delacroix.

La misma guerra de Corea inspiró al artista malagueño la decoración de la capilla de Vallauris (1952), reconstruida en Barcelona a una escala que permite el paso cómodo por debajo de la bóveda para captar mejor la filosofía de su autor. Una capilla con vuelta de cañón con las pinturas La alegoría de la Guerra y La alegoría de la Paz. La primera, caricaturesca y demoniaca, contrasta con la casi naíf de la segunda, donde todo el mundo se divierte y es feliz. Al fondo de la capilla, unas figuras sostienen un disco con una paloma, un animal al que se ha otorgado la guirnalda de la paz, aunque no sea más que un ave que maltrata a sus iguales menos fuertes, poco a poco, machacando sus cabezas con el hacha de su pico. Dentro de la iconología artística, no existe mayor oxímoron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de julio de 2004