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Reportaje:Eurocopa 2004 | Polémico adiós de uno de los favoritos

Ciao, Trap

El presidente de la federación, Franco Carrara, designará a Marcello Lippi, ex entrenador del Juventus, como nuevo seleccionador de Italia

Una época del fútbol italiano terminó ayer en Lisboa, escenario de la última aparición pública de Giovanni Trapattoni como seleccionador. La eliminación de Italia se había producido la noche anterior, en medio tensiones y sospechas de enjuague en el partido Dinamarca-Suecia. El error del portero Sorensen impidió que la victoria de los azurri sobre Bulgaria tuviera otro valor que el estadístico. Trapattoni se despedía del cargo con una victoria inútil. ¿Renunciará al cargo? Se le preguntó. "En mi vocabulario no figura la palabra renunciar. Eso nunca. Ni ahora, ni antes", declaró. La decisión vendrá del presidente de la Federación, Franco Carraro, que designará a Marcello Lippi, ex entrenador de la Juve, como nuevo técnico de la selección italiana.

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El nombre de Lippi salió con toda naturalidad en la última comparecencia de Trapattoni. Una cosa es que no renuncie y otra que no conozca su destino. Le hablaban de Lippi y no se molestaba en absoluto. Trap es un hombre con tablas. Llegó elegante, con un terno impecable, bronceado y un aspecto más sereno que días antes, tras el empate con Suecia. Fue un acto respetuoso. No faltaron preguntas duras y no sobraron respuestas concretas. Las comparecencias de Trapattoni son un modelo de respuestas circulares. No es fácil alterarle. No es fácil que conteste directamente a las preguntas que se le hacen. Alguien consideró que su ciclo como seleccionador había dejado una gran mancha en su carrera. Para un técnico que había ganado todo en la Juve o en el Bayern, su trayectoria en la selección resulta decepcionante: Italia fue eliminada del Mundial 2002 en los cuartos de final y ahora sale en la primera ronda de la Eurocopa. No hubo respuesta de Trapattoni a esa cuestión. Contestó, claro, pero lo hizo para hablar de cualquier otra cosa.

Las preguntas rebotaban sobre un hombre que tiene buena mano con la gente. De vez en cuando parecía equivocarse y daba el aspecto de viejo entrenador simpático. Confundía a Job con Noé para hablar de paciencia, y la gente se reía con complicidad, pero Trapattoni es cualquier cosa menos tonto. Patinaba deliberadamente, introducía algún elemento cómico, todo se volvía más distendido. No es fácil cuando se trata de la selección italiana, el equipo que ha ganado tres mundiales y que siempre ha representado un sentimiento superior para los aficionados de su país. España es una nación de clubes. Italia no lo era. Ahora se advierten signos extraños. Los equipos ponen trabas a la sagrada squadra azurra. No les ceden jugadores, ponen límites, hablan de indefensión. Eso nunca ocurría en Italia, y Trapattoni lo apuntaba: "Que sepan los equipos que la imagen del fútbol italiano está más representada por la selección que por los clubes. Tenemos que colaborar".

Sobre la mesa aparecieron los nombres de Totti, el jugador que Trapattoni consideró como el mejor que jamás había dirigido, y Del Piero, su protegido, o eso se deducía de algunas increpaciones desde las sillas de la prensa. "No dije que Totti fuera mejor que Zidane. Sólo comenté que era más decisivo, al menos en el tipo de equipo que teníamos nosotros", señaló Trapattoni. "Y no me siento desilusionado con su actuación. Lo que ha sucedido le servirá de aprendizaje. No lo hará más". Había quejas, todas rechazadas por el entrenador, de la tottidependencia, pero menos virulentas que los reproches por la insistencia de Trapattoni con el decadente Del Piero, buque insignia de Italia desde la Eurocopa de 1996. "Estoy satisfecho con su rendimiento", dijo antes de cerrar su valoración: "Es el jugador con más prestigio del campeonato italiano".

De lo que no habló fue del presunto pasteleo entre daneses y suecos. Había un clima de resignación general en la Casa de Italia, el lugar de encuentro de la selección y la prensa. Si acaso era más urgente expiar los pecados propios que los ajenos, así que Trapattoni no entró en polémicas. "Soy un bienpensante por naturaleza. Creo que los países nórdicos tienen una larga tradición de irreprochable ética deportiva". No se dieron más vueltas sobre el tema. Así se terminó el ciclo de Trapattoni con la selección italiana. En realidad, una época se cierra, porque Trap ha definido a lo largo de cuatro décadas una manera muy concreta de entender el fútbol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 2004