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UN PAÍS DE CINE 2

'El otro lado de la cama', de Martínez-Lázaro

EL PAÍS presenta, por 5,95 euros, una de las comedias españolas más populares

Con guión de David Serrano y dirección de Emilio Martínez-Lázaro, en 2002 se presentó al público El otro lado de la cama, una sorprendente comedia musical española que consiguió varios premios y, sobre todo, el más importante: el del público. Con sus tres millones de espectadores se convirtió en uno de los grandes éxitos de taquilla de la historia del cine español.

Cuando El otro lado de la cama se presentó en el Festival de Málaga de 2002 obtuvo un éxito clamoroso, aunque hubo voces discordantes que, en medio del caluroso entusiasmo general, la tacharon de comedieta banal, al estilo de las viejas farsas del cine español. En ese sentido, Ramón Freixas consideró en Dirigido por... que la película estaba "atrincherada en convenciones y en un estreñido progresismo", y que su vulgaridad era "muy propia de los años ochenta", opinión que fue discutida por Alberto Bermejo en El Mundo: "Que no se asusten los estrechos con vocación de comisarios políticos, siempre dispuestos a prejuzgar, porque la cosa no va de humor grueso ni facilón, aunque una de sus virtudes más notables sea la desinhibición de las actitudes de sus personajes, sobre todo verbales, una franqueza poco frecuente que materializa un refrescante desafío a lo políticamente correcto".

"Una de las mejores propuestas de carcajada inteligente en estos tiempos de saldos"

Bárbara Escamilla en Cinemanía resumió así el argumento de esta "hilarante comedia de enredo": "El otro lado de la cama plantea la historia de dos amigos, Javier (Ernesto Alterio) y Pedro (Guillermo Toledo). Javier vive con Sonia (Paz Vega), pero está liado con Paula (Natalia Verbeke), a la sazón novia de Pedro. Entre ellos aparece un taxista chusco (Alberto San Juan), una adicta a la enumeración (María Esteve), una lesbiana acusada de heterosexual (Nathalie Poza), un amigo aparentemente tímido (Secun de la Rosa)... Todos ellos son amigos entre sí y por eso todos se mienten (y todos cantan... y hasta bailan)". Para Sergi Sánchez, en La Razón, "la intención de Emilio Martínez-Lázaro es clara: montar un delicioso espectáculo de karaoke, demostrar que el amor no es más que un hermoso recital de lugares comunes, un poema de encuentros y desencuentros que nos confunden porque queremos estar confusos, dado que la confusión sentimental es el estado natural del ser humano".

Martínez-Lázaro había corrido serios riesgos al plantearse este proyecto como una película con bailes y canciones. "Todo el mundo me decía que estaba loco por hacer un musical, pero yo estaba muy tranquilo; se trataba, sobre todo, de una comedia. La película, cuyo título original era C'est magnifique, estaba planteada en un tono muy kitch. En principio, se trataba de que los actores cantasen en play back temas de Luis Aguilé, Marisol, el Dúo Dinámico..., pero yo lo veía de una forma radicalmente diferente. Yo quería canciones de los años ochenta para que el público al que iba destinada la película, de entre 25 y 35 años, se sintiese identificado; y tenía claro que los protagonistas debían cantar con sus propias voces. Fui tan osado porque Woody Allen ya había hecho algo parecido en Todos dicen I love you. Si en esta película había funcionado una escena con Julia Roberts cantando, con lo mal que lo hace, sabía que todo era posible. Nadie parece poder cantar peor que Julia Roberts...".

El resultado de su apuesta fue coronado por el éxito, como reconoció Mirito Torreiro en Fotogramas: "Es una historia fresca e hilarante, una de las mejores propuestas de carcajada inteligente en estos tiempos de saldos de final de temporada", y lo explicaba: "Comedia de enredos tras la apariencia de un musical de andar por casa, el filme navega con pulso seguro cuando sus inspirados intérpretes pisan el terreno tradicional del género. Personajes un tanto patéticos, los hombres; decididas en su deseo, las mujeres (característica no sólo de la comedia más reciente, sino de la vida misma), movidos todos con mano maestra por Martínez-Lázaro al menos con la misma ejemplar destreza con que bordó algunos de sus títulos anteriores: Amo tu cama rica o Los peores años de nuestra vida. Pero lo que hace de El otro lado de la cama una espléndida comedia de enredos es la maestría con que su director sabe trabajar con los más manidos tópicos del género".

Tras obtener en Málaga la Biznaga de Oro y el premio del público, en el festival de Fantasporto fueron galardonados el guionista David Serrano y el director, y en la ceremonia de los Goya fue premiado el sonido de Gilles Ortion y su equipo. Natalia Verbeke obtuvo el Ondas a la mejor actriz. En comentario de Fernando Méndez Leite en La Guía del Ocio, "Natalia Verbeke se ríe con una veracidad desarmante, Paz Vega se revela como una fina comedianta, María Esteve hace maravillas con su pesada incombustible. Pero la película es de ellos, puesto que los hombres son los más damnificados por la mirada malvada del director. Alterio borda su dificilísimo papel de mentiroso compulsivo. Guillermo Toledo crea con recursos de grandísimo comediante un oso tierno y perplejo y los monólogos de Alberto San Juan son desternillantes, y queda Ramón Barea, un detective con ideas muy creativas".

Todos ellos, según Fernández-Santos, "actúan en ese estado de gracia que define el filme y que se prolonga en incontables curvas del itinerario de este puñado de gente guapa, abierta y algo atolondrada, un divertido trenzado de parejas cruzadas bajo sospecha de cuernos y cuernos insospechados, que tienen lugar en el otro lado, el revuelto y oscuro, de la cama, entre la caricia y el disparate, entre buenos acordes y mejores desafinamientos".

El otro lado de la cama fue vista por casi tres millones de espectadores, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del reciente cine español. En la actualidad, Emilio Martínez-Lázaro prepara una segunda parte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de junio de 2004