Tribuna:FÓRUM DE BARCELONA | Opinión
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El papel de las autoridades audiovisuales como garantía

El Fórum acoge hoy y mañana una reunión a la que están convocadas las 98 autoridades audiovisuales que hay actualmente en el mundo. Asimismo, la convocatoria se ha hecho extensiva a profesionales y expertos de los países que carecen de organismos reguladores de la radio y la televisión. El diálogo, organizado por el Fórum y por el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), no pretende ser una cumbre de organismos reguladores para debatir únicamente los problemas corporativos de las autoridades que regulan la radio y la televisión. El objetivo es conseguir un encuentro, lo más representativo y plural posible, para abordar el reto de la diversidad cultural desde una nueva óptica, la de los organismos reguladores.

En concreto, el planteamiento que hacemos es el siguiente: en un mundo sometido a un intenso proceso de globalización y homogeneización, ¿qué papel pueden desempeñar las entidades de regulación audiovisual, como organismos independientes que son, en la defensa y el impulso de la diversidad cultural? El reto es importante porque se trata de proteger un valor emergente, como en su día lo fue el concepto de biodiversidad, hoy plenamente asentado. Queremos contribuir a la búsqueda de soluciones para defender e impulsar la diversidad cultural, entendida como coexistencia e intercambio de prácticas culturales diversas que permiten que cada pueblo se dote de su propio discurso y adquiera cohesión e identidad propia.

Hasta hace unos pocos años, el debate ha estado excesivamente incardinado en el discurso desarrollado en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Este discurso presenta dos polos muy marcados: un bloque más librecambista, abanderado por Estados Unidos, y otro, que puede denominarse excepcionista, que apuesta por el mantenimiento de la industria propia sin que ello implique cerrar sus fronteras. Este segundo bloque lo lidera la UE, con Francia como principal promotor.

Este escenario tan polarizado tuvo su origen en 1947, con el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), y posteriormente con las negociaciones multilaterales de la Ronda Uruguay, que concluyó en 1994 y que dio paso a la OMC. Se trata, en definitiva, de instrumentos ideados en su día para poner fin a las guerras comerciales del periodo de entreguerras por la vía de la liberalización del comercio mundial, un proceso que se inició hace más de medio siglo y que todavía no se ha acabado.

La denominada excepción cultural, que apareció en la Ronda Uruguay como una propuesta de Francia, se saldó finalmente con el mantenimiento temporal de las medidas proteccionistas existentes para los productos audiovisuales. Es decir, contrariamente a lo que el nombre indica, no se hizo una excepción con la cultura audiovisual, que quedó integrada en el vigente proceso de liberalización de la OMC como cualquier otro sector.

Esta demanda, la de la excepción cultural, ha sido objeto de discusiones enconadas. Y de hecho, continúa siendo reivindicada en diferentes ámbitos como una vía útil para que la Unión Europea pueda defenderse de la enorme presión de los productos audiovisuales estadounidenses. Sin embargo, ha habido revisiones en la forma de aproximarse al fenómeno. La más destacada la ha liderado la Unesco, que en noviembre de 2001 aprobó la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural y el plan de acción para aplicarla. Este plan propone la creación de un instrumento jurídico internacional sobre la diversidad cultural. La Unión Europea ha acogido con buenos ojos esta iniciativa. En sintonía con esta voluntad de aportar nuevos elementos sobre la cuestión, los organizadores del diálogo Comunicación audiovisual global, diversidad cultural y regulación proponemos reflexionar sobre el papel que los reguladores pueden desempeñar en esta cuestión.

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Las autoridades audiovisuales, como entidades independientes de los gobiernos y de los intereses comerciales, fueron creadas precisamente como una respuesta a la liberalización del mercado televisivo. Es decir, respondían a la necesidad de dotarse de unos árbitros pulcramente neutrales. Una de las funciones más destacadas de los consejos, además de velar por los contenidos, es prevenir las situaciones de concentración y abuso de posición dominante.

Sin embargo, no querríamos que la discusión se centrase una vez más en la sempiterna disputa entre los mercados audiovisuales estadounidense y europeo. Por ellos mencionaba que hemos invitado también a representantes de los países que no disponen de autoridad audiovisual. El desequilibrio es enorme: si bien Europa, con 49 autoridades, está muy bien cubierta, África sólo tiene 26 consejos, Asia dispone de 13, América del Sur tiene 3 y América Central queda como la zona más desprovista, con una única autoridad.

En definitiva, creo que los reguladores, como instituciones independientes y muy próximas a sus respectivos mercados, pueden aportar al debate de la defensa de la diversidad cultural un nuevo punto de vista que sin duda será útil con vistas al objetivo común, que es el enriquecimiento mutuo que suponen las diferentes culturas.

Francesc Codina i Castillo, director del diálogo Comunicación audiovisual global, diversidad cultural y regulación y presidente del Consejo Audiovisual de Cataluña.

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