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Crónica:FÚTBOL | 38ª y última jornada de Liga

De la 'Champions' a Segunda

El Celta consuma el descenso con una extraña derrota frente al Mallorca

Argumentarán los defensores del buen fútbol que un equipo como el Celta no se merecía un final así. De la Liga de Campeones a Segunda sin solución de continuidad, y en medio de la más feroz de las agonías, agarrado a una fe que le hizo asir un hilo de esperanza cuando con dos meses de campeonato por delante parecía desahuciado, sólo para caer a pocos metros en la línea de meta. Balaídos padeció ayer ante el Mallorca una metáfora de sus desgracias, en un partido en el que sólo se remangó con demasiado tiempo desperdiciado para acabar cayendo en el día de las mil ocasiones malgastadas. Como la Liga misma, en la que ha dejado escapar demasiadas oportunidades, siempre con la idea de que la jerarquía del ciclo que se acaba terminaría por imponerse. No solo no fue así, sino que Montjuit se lo puso imposible pero, como no podía ser de otra manera para un enfermo agonizante, sólo lo hizo cuando el Celto comenzaba a creer en un milagro. Llegaron entonces los goles del Espanyol, los puñales del Mallorca y el cruel gol de Jandro. Demasiado dolor para un equipo que tanto ha hecho por el buen fútbol, y que ayer puso punto final a una época de una forma inesperadamente abrupta.

CELTA 1 - MALLORCA 2

Celta: Cavallero; Velasco, Cáceres, Sergio, Juanfra; Lucchin, Ouviña; Ángel (Jandro, m. 87), Edu, Gustavo López (Silvynho, m. 74) y Milosevic (Pinilla, m. 55).

Mallorca: Miki; Cortés, Lussenhoff (Ramis, m. 77), Nadal, Poli; Marcos (Colsa, m. 51), Pereyra (Nagore, m. 55); Campano, Bruggin, Nene y Perera.

Goles: 0-1. M. 89. Nene, de disparo cruzado desde la izquierda.

0-2. M. 90. Perera, en plena depresión local.

1-2. M. 91. Jandro.

Árbitro: Rubinos Pérez. Amonestó a Pereyra y Lussenhoff.

Unos 25.000 espectadores en el estadio de Balaídos. Al finalizar el partido, una vez consumado el descenso del equipo vigués, se registraron incidentes en el exterior del recinto deportivo.

Tan convencido estaba el Celta de que su suerte se jugaba en otros estadios que hizo de la primera parte un trámite. Se le iba la vida, pero le faltó intensidad. La información que llegaba de Montjuïc hizo efecto en el descanso. Fue como si de repente el Celta se diera cuenta de que un gol le salvaba y empezó a rondar el tanto de la salvación. Siguieron pecando los de Balaídos de falta de imaginación, porque en ningún momento echaron mano de un fútbol convincente, pero el equipo pasó a vivir de errores y aciertos de Edu. Acompañado de Pinilla tras la sustitución de Milosevic, lo del brasileño tuvo pinta de un ataque de esquizofrenia. Todo el peligro que creó el Celta fue gracias a él, pero también todo lo que desperdició. Falló de penalti, erró un cara a cara y tropezó contra el cuerpo del portero mallorquinista. Andaba el Celta a un gol del perdón y Edu no lo supo anotar. Eran señales inequívocas de la agonía celeste, que se multiplicaron cuando los transistores informaron del primer gol del Espanyol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004