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Reportaje:

Una autopista para la 'ruta de la seda'

Una treintena de países asiáticos pone en marcha una red de 140.000 kilómetros de autopistas

El ambicioso proyecto de crear una red de carreteras que una toda Asia, lanzado hace casi medio siglo por una quincena de naciones, ve por fin la luz. La mayoría de los 32 países que participan en esta versión moderna de la ruta de la seda rubricaron a finales del mes pasado en Shanghai un tratado para tejer una malla de 140.000 kilómetros de autopistas, diseñadas bajo normas comunes, que se extenderá desde Japón e Indonesia hasta las puertas de Europa. Con un objetivo: acelerar la cooperación y la integración económica en la región.

De los 140.000 kilómetros de la red, sólo faltan por construir 100. Pero el trabajo pendiente es enorme: el 17% no cumple el nivel técnico

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El acuerdo pretende asegurar que todas las vías incluidas en la red de la denominada Autopista Asiática cumplen unos requisitos técnicos y de señalización mínimos, destinados a facilitar el tráfico de personas, vehículos y mercancías. Según Unescap (Comisión Económica y Social para Asia y Pacífico de Naciones Unidas) -su promotor-, el pacto beneficiará tanto a los países grandes, como Japón, China, Rusia o India, que verán impulsada su actividad comercial, como a aquellos enclavados en el interior, como Bután, Mongolia o Nepal, que ganarán acceso más rápido al mar. Los Estados que son islas quedarán ligados por medio de transbordadores marítimos.

"El principal objetivo es promover la integración regional, los intercambios comerciales y el turismo entre los miembros. La mejora de las infraestructuras originará grandes ahorros y creará muchas oportunidades de negocio", explica Madan Bandhu Regmi, economista de Unescap en Bangkok. "Este proyecto es clave para desarrollar las carreteras, que, a su vez, son esenciales para el avance económico y social", añade Nguyen Tuong, subdirector general del Departamento de Cooperación Internacional del Ministerio de Transportes de Vietnam.

Parón por la Guerra Fría

El proyecto nació en 1959 de la mano de 15 naciones del sur y sureste asiático, que iban desde Indonesia hasta Irán. Durante los primeros 10 años se produjeron grandes avances, pero la obra entró en hibernación en 1975, cuando Naciones Unidas suspendió las ayudas financieras en medio de las diferencias políticas que caracterizaron la Guerra fría.

La revitalización de la nueva Ruta de la Seda no llegó hasta 1992, tras la desintegración de la Unión Soviética. Ese año, en su 48ª Asamblea, Unescap se fijó como prioridad el desarrollo conjunto de infraestructuras en el continente, que incluía la Autopista Asiática y el Ferrocarril Trans Asiático. Seis repúblicas ex soviéticas se unieron a la iniciativa. Y años después fue diseñado el corredor norte, que conecta la península coreana con Rusia, China, Mongolia, Asia central y el Cáucaso.

En noviembre del año pasado, los 32 países integrantes fijaron el texto final del llamado Acuerdo Intergubernamental para la Red de la Autopista Asiática, que es el que ahora ha sido rubricado por un total de 26 Gobiernos. Los seis pendientes (entre ellos, Corea del Norte) tienen de plazo hasta el 31 de diciembre de 2005 para hacerlo. "Como es un tratado internacional, requería discusiones internas en cada Estado, ya que la firma supone una serie de compromisos, como desarrollar la red de carreteras acordada y actualizarla según las normas", dice Regmi.

La Autopista Asiática no es, en realidad, una única vía sino una red de 55 rutas que recorre como un coral el continente hasta desembocar por el sur en Estambul (Turquía) y por el norte, en Finlandia. La ruta AH1 (Asian Highway 1) nace en Tokio y finaliza en la frontera turca con Bulgaria tras haber cruzado las dos coreas, China y el sur asiático en su viaje hacia Occidente.

Una tela de araña

De los 140.000 kilómetros que constituyen esta gigantesca tela de araña, tan sólo faltan por construir 100 kilómetros, en Bangladesh y Tayikistán, según Reig. Pero el trabajo pendiente es enorme. El 17% de la red no cumple el nivel técnico mínimo exigido por el pacto (dos carriles y doble tratamiento bituminoso). Además, habrá que adecuar todas las calzadas a las normas de señalización -para lo cual los países tienen de plazo hasta 2005- y mejorar las instalaciones con objeto de facilitar el cruce de fronteras. Se estima que la inversión necesaria aún para el conjunto del proyecto, cuya finalización no tiene fecha, supera los 16.000 millones de dólares.

Y ahí reside uno de los grandes desafíos, según Unescap y los países socios. "El principal problema es la disponibilidad de financiación. Tenemos varios préstamos en marcha del Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, pero son limitados", asegura Sutono, responsable de la Subdirección Nacional de la Red de Carreteras de Indonesia. "Estamos haciendo todo lo posible para contar con el presupuesto necesario para mejorar nuestra parte , pero necesitamos fondos", dice Nguyen. Sutono destaca, además, la dificultad que representa la existencia de carreteras que sufren a menudo graves daños por las lluvias. Indonesia tiene incluidos 3.989 kilómetros en el proyecto.

La financiación de esta ruta de comunicación transcontinental vendrá de los propios países así como del Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco de Japón para la Cooperación Internacional. Gran parte deberá ir a Mongolia y Asia Central, donde muchas de las carreteras se vuelven impracticables en algunas épocas del año. En Mongolia, por ejemplo, el 81% de los 4.286 kilómetros integrados en la red no está asfaltado. Porque, a pesar de que las telecomunicaciones han convertido el mundo en más pequeño que nunca, la gran extensión y la accidentada geografía mantienen aún muchas zonas de Asia en relativo aislamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de mayo de 2004