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Reportaje:REPORTAJE

La 'invasión' española de Portugal

Abril de 2003. El presidente de la República Portuguesa, Jorge Sampaio, viaja hacia las islas Selvagens a bordo de la fragata Corte Real. Lo que parece ser una visita rutinaria se interpreta de otra forma por algún sector de la prensa nacional: es un acto de reafirmación de la soberanía portuguesa sobre unas diminutas islas despobladas (3,6 kilómetros cuadrados de superficie) que fueron propiedad privada hasta 1971. ¿De dónde procede la presunta amenaza? Las informaciones no dejan lugar a la duda: de nuevo, la sombra de España, el molesto vecino peninsular.

La proximidad de las Selvagens a las Canarias es fuente de un conflicto entre ambos países acerca de la extensión de los derechos marítimos relacionados con la Zona Económica Exclusiva (ZEE). Pero, además, una página web de la Comisión Europea incluyó por error estas islas como parte de las Canarias. La respuesta diplomática no se hizo esperar.

"Vamos de compras a El Corte Inglés, vestimos en Zara, reservamos las vacaciones en Viajes Halcón... Hasta nuestros ahorros están en bancos españoles"

"¿Cómo es que aceptamos que holandeses, ingleses o alemanes compren nuestras tierras y empresas, y no queremos dejar que los españoles hagan lo mismo?"

"España es vital para Portugal. Vital. Y Portugal para España es simplemente un mercado de 11 millones de personas. El problema de España no es Portugal"

Este tipo de noticias alusivas a cualquier tipo de amenaza española son muy frecuentes en la prensa portuguesa. No hay semana, no hay mes, en el que España no aparezca involucrada en un conflicto que afecte a los intereses de Portugal. Si la empresa española Indra, por ejemplo, gana un contrato público en Portugal para instalar los radares que controlarán las áreas cercanas a las islas Azores y Madeira, sectores de la prensa se alarman: ¿Cómo vamos a vigilar a los pesqueros españoles con radares españoles?. Si se publica que otra empresa española dotará de tecnología informática al Servicio de Extranjería y Fronteras, regresan los titulares escandalizados: ¿Cómo es posible que nuestras bases de datos estén en manos de los españoles?

Es la excusa española. Son numerosos los autores e intelectuales portugueses que reconocen que la identidad nacional se ha construido a lo largo de los siglos como un acto defensivo ante el único vecino, a quien se le ha descrito como un enemigo agazapado e imperialista deseoso de unificar bajo su dominio toda la Península. Esa ha sido la imagen de España como amenaza.

La democratización de los dos países, su situación como aliados en la OTAN y su integración en la Unión Europea han contribuido a neutralizar una buena parte de esta desconfianza, pero no la han eliminado. La antigua amenaza militar se ha transformado en económica. Los portugueses temen ahora a los empresarios españoles. "Ciertos sectores económicos están sorprendidos por el crecimiento que ha tenido España en los últimos 20 años. A ello se une el pesimismo por la crisis económica. Así que España se convierte en el chivo expiatorio", dice el embajador español, Carlos Carderera. "No admiten de buen grado a empresarios muy emprendedores que resulta que no son rubios ni tienen los ojos azules. Ahora bien, a nivel de ambos Gobiernos tengo que decir que las relaciones son excelentes".

Pero la desconfianza es un fenómeno reiterativo. Y sigue presente en la actualidad portuguesa. "Los españoles se lo comen todo". Así tituló recientemente un semanario portugués en portada como consecuencia de la entrada de capital español en la principal empresa constructora nacional. "Vamos de compras a El Corte Inglés, vestimos en Zara, reservamos nuestras vacaciones con Viajes Halcón, compramos gafas en Multiópticas... Hasta nuestros ahorros están en bancos españoles", decía el sumario.

Los abanderados del sentimiento antiespañol son ahora empresarios, más que políticos e intelectuales, que temen la absorción de sectores estratégicos de la economía por empresas españolas.

La manifestación de este descontento tuvo su principal expresión en el conocido como Manifiesto de los 40, un documento firmado por intelectuales y empresarios portugueses que pedía al Gobierno mantener en manos lusas "los centros de decisión nacionales", o sea, las grandes empresas de sectores estratégicos, que el Ejecutivo portugués tenía previsto privatizar. El documento es hoy conocido como un manifiesto antiespañol, pese a que en ningún momento se cita la palabra España y a los desmentidos al respecto de algunos de quienes lo firmaron. Pero la fecha de su publicación, en vísperas de la cumbre luso-española de Valencia, en octubre de 2002, dejó pocas dudas en cuanto al blanco de las reivindicaciones que contenía.

Relaciones peligrosas

El Manifiesto de los 40 desencadenó un intenso debate sobre las relaciones peligrosas con España y acabó por enraizar en los discursos de políticos, economistas y de los medios de comunicación la expresión "invasión española". El presidente de la República, Jorge Sampaio, llegó a afirmar, en una entrevista al Diário Económico, en febrero de 2003, que la compra de tantas empresas portuguesas por extranjeros ponía en peligro la propia soberanía lusa. "Sin centros de decisión no hay nación", dijo. Y muy recientemente, en una visita a España a finales de 2003, se quejó abiertamente de las trabas que ponía España a la participación de empresas portuguesas en la licitación de grandes contratos.

El Manifiesto movilizó, fundamentalmente, a los empresarios. Y la respuesta no fue unánime, ni mucho menos. Un sector se inclinó por defender que el crecimiento económico portugués depende de un mayor acercamiento al mercado español. Y en el centro del debate aparece la figura del primer ministro, José Manuel Durão Barroso. "El mercado ibérico es inevitable", afirmó Barroso en febrero de 2003 ante un incrédulo grupo de empresarios preocupados con la entrada de capital español en algunos sectores de la economía, en especial la banca, que los grupos financieros españoles controlan en un 15%.

La insistencia en presentar a España como una amenaza económica se contradice con algunas cifras. España es el principal suministrador (29%) de las importaciones portuguesas, por delante de Alemania (15%) y Francia (10%). Y es el principal cliente de las exportaciones portuguesas (21%), por delante de Alemania (21%). Estos datos se explican fácilmente por la proximidad geográfica. "¿Sin embargo, cuál es la verdad de las cifras?", se pregunta Álvaro Santos Pereira en el Diário Económico. "Según datos del Banco de Portugal, los españoles no están siquiera entre los cinco principales inversores. Los mayores fueron los franceses, con 4.305 millones de euros, y, en sexto lugar, los españoles, con 1.969. ¿Cómo es que aceptamos que holandeses, ingleses o alemanes compren nuestras tierras y empresas y no queremos dejar que los españoles hagan lo mismo? Todo lo demás son miedos irracionales sin fundamento de quien se acostumbró a vivir en una isla de espaldas a España y Europa como lo estuvimos nosotros durante tantos siglos".

Los españoles y Portugal es un libro que examina las relaciones entre ambos países, un libro que casualmente ha tenido una buena difusión en Portugal, pero muy poca publicidad entre los medios de comunicación. No parece ser un libro bien visto. Su autor, José Freire Antunes, hace un recorrido histórico moderno por este escenario. El libro puntualiza cómo, a pesar de la proximidad ideológica entre Salazar y Franco, ambos países vivieron el uno de espaldas al otro; cómo Portugal fue refugio de la Casa Real española y de activistas de la izquierda clandestina, además de miembros de grupos terroristas como el FRAP y ETA. Y cómo España terminó siendo refugio de dirigentes portugueses tras la revolución de los claveles. Freire Antunes, sin embargo, no encuentra motivos para seguir alimentando el sentimiento antiespañol: "El antiespañolismo es un discurso tercermundista conectado con viejos mitos de la cultura portuguesa. Para una mayoría de intelectuales la ilusión antiespañola es una forma de reafirmar la identidad nacional". "Lo que pasa", continúa Freire Antunes, "es que el portugués medio ha sido llevado a creer que el español medio vive obsesionado con invadir Portugal, y eso revela un gran desconocimiento. No es la invasión española el problema. El problema está en Portugal: contamos con una mano de obra menos competitiva, con un empresariado y con un sistema legal menos flexible. Tenemos 700.000 funcionarios. Esto nos puede llevar a posicionar a Portugal en la ultraperiferia europea. Es la hora de terminar con estas percepciones sin base real. España es el gran desafío de Portugal", termina Freire Antunes.

Adriano Moreira fue ministro con Salazar y ahora es un estimable catedrático de Relaciones Internacionales, muy bien considerado como analista. De su relación con España hay un aspecto que no puede pasar inadvertido: su amistad con Manuel Fraga, ex ministro de Franco, presidente de la Xunta de Galicia y padrino de su hija Isabel. "Se juntan dos problemas históricos. La desconfianza portuguesa hacia España y el desprecio tradicional de España hacia Portugal. Esos sentimientos están ahora mismo superados por la existencia de Europa, de un mercado único, que va a obligar a que ambos sentimientos desaparezcan. Hay una Europa cosmopolita y un mercado global que originan una realidad nueva y transfronteriza. Los vascos, por ejemplo, quieren ser independientes. Políticamente podrán serlo, pero económicamente ya no es posible. Estamos viviendo una época de transición de modelos económicos. Tras 50 años de mercado protegido nos tenemos que acostumbrar a un mercado libre".

La preocupación por esta desconfianza llevó a Ernâni Lopes, presidente de Portugal Telecom, a crear en octubre de 2000 la Fundación Luso-Española, una institución privada a la que pertenecen empresarios portugueses y españoles con el objetivo de ir creando canales de colaboración. Lopes quiere ver el problema de otra manera: "España es vital para Portugal. Vital. Y Portugal para España es simplemente un mercado de 11 millones de personas. El problema de España no es Portugal, es Francia y Alemania, que son mercados más grandes. Así que el término invasión económica está mal empleado. La compra de empresas es un acto normal en un mercado único en la que el comprador entrega dinero al vendedor. Y con ese dinero se pueden hacer otras empresas. Así que no es un drama". Lopes se inclina por crear un clima de confianza: "Los empresarios españoles sienten aquí una fricción cultural absurda, que no sienten los norteamericanos o los franceses".

Alianzas contra España

Pero mientras empresarios como Lopes se inclinan por la colaboración, otros como Henrique Neto, presidente de Iberomoldes, una empresa líder mundial en su sector y ex diputado socialista, postulan por un sistema de alianzas económicas con terceros países para defenderse de España. "España es cinco veces mayor que Portugal y tiene un PIB ocho veces superior. Por eso, las empresas portuguesas, en casi todas las áreas estratégicas, son mucho menores", explica.

"Durante ocho siglos, Portugal mantuvo una estrategia que nuestros gobernantes actuales quieren destruir. Hacer alianzas fuera de la Península es la única forma que los empresarios portugueses tienen de afirmarse y de tener poder dentro del espacio ibérico. Esas alianzas llevarán a las empresas extranjeras a implantarse en Portugal y a conquistar el mercado español desde aquí. Las asociaciones con empresas españolas no traen beneficios, porque seguirán instaladas en su territorio y se limitarán a vender para Portugal", concluye. "Si seguimos este camino, el resultado será el empobrecimiento de Portugal, que se transformará en el Alentejo

[la región más pobre del país] de la Península y de Europa", sigue Neto.

Para fundamentar sus declaraciones, señala el mapa de líneas de trenes de alta velocidad que unirán Oporto y Lisboa a Madrid en menos de tres horas, aprobado en la última cumbre bilateral de noviembre de 2003 y causa de una tremenda polémica todavía visible en Portugal: "En cuanto al tren de alta velocidad, basta mirar el trazado impuesto por España, en el mapa de la Península y de Europa, para entender la estrategia española: crear una red radial napoleónica, que haga de Madrid el centro de la península Ibérica, conectando esta capital a las ciudades de Barcelona, Sevilla, Bilbao, Lisboa y Oporto. Digamos la verdad, con esta estrategia España no hace más que su obligación, pero colectivamente los españoles nunca serán nuestros amigos, porque su amistad tiene como precio nuestro adormecimiento colectivo y la pérdida de nuestra autonomía como pueblo y como nación. Personal e intelectualmente admiro a los españoles y a su determinación, pero, como empresario y como portugués, considero a los españoles como nuestros adversarios y competidores y, en este plano, no hay lugar para amistades".

El debate está vivo. Y sigue vivo. El prestigioso semanario Expresso promovió el 14 de febrero pasado una sorprendente iniciativa editorial a modo de propuesta: ¿Debería integrarse Portugal en España? En un editorial titulado La cuestión española, su director, José Antonio Saraiva, se pregunta: "¿Hay condiciones para que el país siga siendo independiente? ¿O será inevitable integrarnos en España?".

La cuestión española

Durante un mes, Expresso ha publicado una página titulada precisamente La cuestión española en la que han aparecido encendidas opiniones al respecto. Naturalmente, la mayoría de esas opiniones estaban en contra y aludían de una forma incendiaria contra España. Algunas de ellas saltaban también a otros periódicos, como fue el caso de un lector que, en el diario Publico, decía a modo de conclusión: "Hay que hacer lo mismo que hacen los españoles. Si ellos compran sólo lo que es español, compremos nosotros sólo aquello que es portugués. El día en el que tengamos la dignidad y el buen sentido para no comprar ni un simple fósforo español, el Gobierno de Madrid entenderá de qué nos quejamos". Esta carta motivó una encendida respuesta de Carlos Moreira, presidente de Sonae Industria, una empresa con presencia en España. "No seamos ilusos: sin alteraciones profundas en la gestión y cualificación de nuestros recursos humanos, la generalidad de las empresas portuguesas no serán capaces de ofrecer la calidad e innovación que les permita conquistar el mercado español". Carlos Moreira llegó a calificar de "tontería" la iniciativa del semanario Expresso. "No es con este tipo de debates como vamos a aprender a competir en España".

Pero el director del semanario defiende ardientemente el debate abierto. "Todos los niveles de la sociedad portuguesa tienen conciencia de que el problema existe; de ahí la idea de hacer una propuesta provocativa", explica Saraiva. "Había dos motivos. Uno, enfrentar a la sociedad con sus problemas. Y dos, saber hasta qué punto una cuestión como ésta encontraba algún eco". Saraiva destaca dos tipos de reacciones: "La de quienes nos tachan de antipatriotas y la de quienes piensan que los españoles nos pueden gobernar mejor".

El semanario Expresso ha cerrado momentáneamente el debate con la publicación de un informe sobre lo que sería una especie de Federación de Estados Ibéricos, en el que Portugal sería una autonomía más dentro de la Península. Es decir, un Estado federal de 18 comunidades. Es la Iberia. En ese escenario, Portugal es quien tiene más población y mayor PIB, pero no el que tiene más PIB por habitante.

Pero la iniciativa de Expresso no oculta un hecho. Portugal aparece en una situación de igualdad con otras regiones españolas siempre y cuando... no exista España.

300 empresas portuguesas en España

"ESPAÑA ES UNA OPORTUNIDAD, no una amenaza. Es un mercado suplementario de 50 millones de consumidores", afirma António Mexia, presidente de la petrolera Galp. Pese a esta afirmación, sólo 300 empresas portuguesas operan en España cuando hay unas 3.000 españolas instaladas en el pequeño mercado portugués de 11 millones de consumidores. ¿A qué se debe tal desequilibrio? Desde luego, hay un problema de dimensión, pero también de pragmatismo "a la hora de abordar un mercado mucho más competitivo y distinto del portugués. Hay que centrarse en estrategias regionales y eso no pasa en Portugal", afirma Mexia. Galp, con 233 gasolineras en España, es uno de los casos de mayor éxito empresarial luso en el mercado español. El presidente de la empresa cree que son "los miedos, la falta de ambición y el desconocimiento de la realidad española lo que impide a los empresarios lusos aventurarse en España".

Pero Galp es tan sólo una de las empresas que han triunfado en el mercado español, rompiendo viejos clichés. CIN, que compró los Barnices Valentine y tiene una fábrica en Canarias, es líder ibérico de ventas en su sector. El Grupo Luís Simões es líder en el transporte de mercancías entre ambos países. EDP posee el 40% de Hidrocantábrico y controla Naturcorp. Lactogal es también líder ibérico de productos lácteos. Cimpor posee la Corporación Noroeste, el tercer mayor grupo de cementos de España. ONI, asociada a Comunitel, es el segundo operador español de telecomunicaciones fijas...

Los directivos de estas empresas destacan que hay algunos obstáculos a la entrada de capital portugués en sectores estratégicos de la economía. Pero pasa lo mismo con empresas francesas o alemanas. "Es una forma de defender intereses nacionales. Y es legítimo, porque la concurrencia es leal", asegura Luís Simões, presidente del grupo con el mismo nombre. "Pero, en general, un poco de paciencia y no desistir al primer contratiempo son sinónimos de éxito en España", dice el empresario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de abril de 2004

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