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Crónica:FÚTBOL | 32ª jornada de Liga

La ansiedad devora al Celta ante un Sevilla impenetrable

Demasiados años llevaba el Celta disfrutando de otras comodidades para que ahora, de repente y sin avisar, tenga que descender a la descarnada lucha por la supervivencia. Anoche jugó consciente de su situación, sabiendo que se tambalea junto al pozo del infierno. Pero la ansiedad pudo más que su voluntarismo. Sobre todo cuando José Ignacio se buscó la expulsión en el momento en que su equipo más buscaba la victoria. Y ante un Sevilla que vivió casi toda la noche en su área, el Celta dio otro paso al frente rumbo al abismo.

Al Celta no le faltó actitud, pero vivir en la situación en la que vive desquicia los nervios de cualquiera y esteriliza todos los propósitos por buenos que sean. El Celta salió con nervio y decisión, y encerró al Sevilla en su área durante un cuarto de hora. Tiempo suficiente para que el apremiado conjunto vigués descubriera que delante tenía una roca. Pese a la ausencia de Javi Navarro, la defensa del Sevilla no se inmutó ante la agitación del rival. Tampoco es que el Celta le pusiera en grandes apuros. A los celestes les sobraban las intenciones en la misma medida que le escasearon las ideas. Su falta de recursos para horadar la granítica estructura del Sevilla acabó apagándoles el empuje inicial.

CELTA 0- SEVILLA 0

Celta: Cavallero; Velasco, Méndez, Berizzo, Juanfran; José Ignacio, Oubiña; Edu (Sylvinho, m. 86), Mostovoi (Jesuli, m. 75), Gustavo López (Ángel, m. 66); y Milosevic.
Sevilla: Esteban; Redondo (Alves, m. 79), Aitor Ocio, Pablo Alfaro, David; Martí (Hornos, m. 75), Casquero; Gallardo, Baptista, Antonio López; y Antoñito (Carlos, m. 85).

Árbitro: Téllez Sánchez. Expulsó a José Ignacio (m. 61) por una entrada a un rival y amonestó con tarjetas amarillas a Baptista, Antonio López, Casquero, Martí, Ángel, Oubiña y Gallardo.

Unos 20.000 espectadores en el estadio de Balaídos.

Ramón Carnero y Rafa Sáez, la pareja eventual de técnicos de la casa que ha asumido la papeleta que se sacudió Antic, recargó en el descanso las maltrechas reservas anímicas del Celta. Como en la primera parte, tuvo un arranque resuelto y un punto más incisivo, gracias, en buena medida, a Juanfran, un ejemplo de compromiso y tenacidad. El Sevilla estuvo más ahogado que nunca, defendiendo constantes barullos en el área. Pero el arreón del Celta volvió a disiparse al cuarto de hora. Y la culpa fue de la ansiedad. En una jugada sin ningún peligro, en el medio del campo, José Ignacio hizo una entrada por detrás que le costó la expulsión. Demasiado para las tribulaciones del Celta, que acabó achicando balones ante un Sevilla que concentró en los diez minutos finales las ocasiones que no había buscado antes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de abril de 2004