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Necrológica:

Robert Merle, novelista francés

Robert Merle tenía 95 años pero el año pasado aún publicó La Glaive et les Amours, última entrega de una saga de 13 volúmenes, Fortune de France, y de la que ha vendido seis millones de ejemplares. Es, pues, un escritor en activo el que falleció el pasado sábado en su domicilio en los alrededores de París.

Merle nació en Argelia, en 1908, hijo de un militar especialista en árabe. Huérfano a los 10 años, estudió en París y obtuvo el doctorado en Letras y en Inglés al tiempo que descubría el amor en la persona de una viuda de 35 años. Profesor en Burdeos en 1934, en Rennes y Argelia luego, soldado en Dunkerque, Merle fue hecho prisionero por los alemanes, experiencia de la que saldría un libro -La mort est mon metier (1952)- en el que reflexionaba sobre la especificidad de los campos de concentración nazis, y un buen dominio del idioma alemán. Además la experiencia de la prisión en el campo de concentración, al causarle una lesión irrecuperable en la columna, le sedentarizó y le transformó en escritor.

En 1948, con Week-end à Zuyd-coote, una historia autobiográfica sobre el absurdo de la guerra, debutó como novelista y ganó el premio Goncourt. En 1964, Henri Verneuil adaptó este libro a la pantalla. Simpatizante comunista primero, militante hasta 1980, Merle se ha interesado por todos los grandes problemas del mundo contemporáneo. A los ya citados hay que añadirle las secuelas del colonialismo y el racismo -L'Île (1962)-, el peligro de una catástrofe nuclear -Malevil (1972)-, o como en Les hommes protégés (1974) la biografía de Ben Bella o su evocación del Fidel Castro revolucionario en 1964. En 1970 publicó Derrière la vitre, un muy curioso testimonio de primera mano sobre Mayo del 68. Para Merle esa revuelta o revolución tuvo una única consecuencia positiva: la liberación sexual.

Entusiasta de la ciencia-ficción, buen traductor de grandes autores en inglés -escribió un ensayo notable sobre Oscar Wilde-, Robert Merle decidió en 1977 embarcarse en la crónica novelada de una familia imaginaria del siglo XVI, Fortune de France. En un francés arcaico pero comprensible, con un notable sentido de la construcción dramática, sumergió a los lectores en un periodo de guerras de religión y de fundación de la moderna nación francesa.

La muerte no le ha impedido acabarla puesto que Merle decidió poner punto y final a las andanzas de los Sirac para evitar tener que tratar la figura de Luis XIV, "un rey que trataba mal a las mujeres y que cometió tres crímenes contra la humanidad: las dos devastaciones de Pomerania y la revocación del edicto de Nantes", el texto que consagraba la libertad religiosa. Nada extraño en la obra de un hombre que decía encontrar la unidad de su obra en su constante "alergia a la injusticia y a la violencia".-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de abril de 2004