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Entrevista:PIERRE MICHON | Escritor

"En la vida, como en la literatura, siempre estamos mintiendo"

¿Se puede, entre tanta belleza, elegir un solo poema como el mejor del mundo? Pierre Michon (Cards, 1945), uno de los más destacados escritores franceses contemporáneos, para algunos críticos, incluso, el mejor autor vivo del país vecino, es de los que opinan que sí. Su elección: Booz endormi, poema que Víctor Hugo (1802-1885) incluyó en su libro La Légende des Siècles (existe una edición en castellano: La leyenda de los siglos, en Cátedra).

Michon, quien el pasado miércoles pronunciaba una conferencia en Bilbao invitado por el Instituto Francés y el Área de Cultura municipal, ha construido una obra escueta (una decena de libros, sólo tres publicados en España: Vidas minúsculas, Rimbaud el hijo y Señores y sirvientes, todos en Anagrama), en que realidad y literatura se van entrelazando en textos de un lirismo que refulge. Pero en lugar de extenderse en su trabajo, prefirió ante sus oyentes dedicar un tiempo a recitar de memoria el único poema que, según él, puede hacer frente a los dos grandes acontecimientos de la humanidad: la muerte y el nacimiento.

"¿No hay ya capacidad de hacer ficción pura?" - "¿Alguna vez se ha podido hacer ficción?"

"Desde el nacimiento, cuando usamos el yo, la primera persona, entramos en la ficción"

En alguien que se ha convertido en un escritor de culto pese a no haber publicado su primer libro (Vidas minúsculas, una fragmentaria autobiografía en las vidas y voces de otros) hasta los 39 años, conmueven su exquisita cordialidad, sus silencios reflexivos antes de afrontar una pregunta.

Pregunta. Tituló su conferencia No soy lo que soy.

Respuesta. Es una frase de Shakespeare [del primer acto de Otelo]. Yago quiere decir que es un mentiroso. En la vida como en la literatura, en todo lo que uno utiliza la primera persona, el yo, crea una ficción alrededor de sí mismo. Siempre estamos mintiendo.

P. El yo, la verdad y la mentira son claves en su obra.

R. Decir mentira es demasiado fuerte, mejor sería la palabra atropellada. Cuando uno entra en el uso del yo, de la primera persona, es cuando entra en la ficción. Desde el nacimiento, cuando usamos el yo entramos en una ficción. El yo es la única manera de tener una continuidad, lo único que existe realmente, porque no hay continuidad ni en los sentimientos, ni en la vida, ni en lo que hacemos. Es como un hilo que une las sensaciones.

P. Su trabajo se ha situado en ocasiones junto al de autores como Magris o Sebald, que han ensanchado las fronteras de la ficción tiñéndola de relidad.

R. Sebald va más allá con las imágenes que inserta en el texto. Cuando tuve la suerte de leer sus primeros libros en francés me apenó no haberlo inventado. Ahora, si empezase a hacerlo, y algunos lo están haciendo, dirían que es un plagio. No quiero hacerlo, pero es muy interesante.

P. ¿Realidad y literatura se funden cada vez más porque no hay ya capacidad de hacer ficción pura?

R. ¿Alguna vez se ha podido hacer ficción?

P. Encabeza Vidas minúsculas con una cita que reza que "la gente humilde es más real que la otra".

R. Sería mejor decir la pequeña gente, en sentido social también, la gente proletaria. Esa frase está puesta ahí de una forma irónica. Todo el libro trata de esa pequeña gente y es como un forma de disculparme por haberme extendido tanto sobre ella. Esa ironía me permitía tomar distancia con un cierto miserabilismo.

P. En Señores y sirvientes, su libro en que reúne cinco relatos sobre otros tantos pintores, ¿quiere mostrar que el arte ha de ser entendible por el común de los ciudadanos?

R. No es que tenga que tenga que ser entendido, sino que les va a ser útil si lo entienden. El arte siempre es útil para quien lo entiende, aunque sea el 10% de los ciudadanos. El hecho de hacer hablar a unos pequeños testigos, a una pequeña gente, sobre grandes pintores también es una manera de huir del ensayo. Así lo podía hacer sin ser el más adecuado para hablar de pintura.

P. En esa obra y en Rimbaud el hijo refleja cómo el genio afecta a quienes se relacionan con él.

R. Hay una frase muy importante y hermosa de Nietzsche que dice que "la cosa más difícil del mundo es admirar a alguien". Esa pequeña gente ha dado el paso para admirar a alguien y eso cambia totalmente la posición del genio, tanto como la de quien le admira, y crea una relación de dos, no de un genio y sus admiradores, sino de interrelación entre ambos. En todos mis textos, en ningún momento hay gente que dude de ese genio. Nunca hay una visión crítica.

P. Al final de Rimbaud el hijo escribe: "¿Qué es lo que hace que la literatura se reanude sin fin? ¿Qué es lo que impulsa a los hombres a escribir?"

R. Es más un sentido de relanzar. La literatura no existe en sí, sino como una relación, como en un partido de tenis en el que hay dos adversarios que se lanzan la pelota.

P. ¿Y qué impulsa a Pierre Michon a escribir?

R. Cuando empecé a escribir era para justificarme. Empecé muy tarde, no había trabajado y así consolaba a mi madre. Ahora, la frase que de alguna manera empezó con Vidas minúsculas es una frase que nunca se terminará, el punto final es la muerte. Siempre siento la necesidad de continuarla

¿Y Booz, el dormido del poema de Hugo quién era? El hijo de la prostituta de Jericó, Rahab, esposo de Rut, bisabuelo del Rey David, reza la Biblia. Hugo le refleja en uno de sus versos [el poema se puede leer en francés en http://poesie.webnet.fr/poemes/France/hugo/38.html y en castellano en la edición citada de Cátedra] preguntándose: "¿Acaso podría ser que esto saliera de mí?" Quizá Michon se haga la misma pregunta ante su trabajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2004