Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Signos

La vasija de cristal de un escritor

José Hierro (1922-2002) es uno de los nombres fundamentales de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. La riqueza de su poesía, la dificultad de adscribirle a una generación, el largo periodo de silencio poético que marcó largos años de su vida, su simpatía y efusividad o su capacidad de congregar a centenares de personas en sus charlas y conferencias hacen de él un escritor único. Fue un autor que despertó muchas simpatías y algunas, tan escasas como virulentas, antipatías procedentes de colegas del gremio.

El onubense Juan Andivia acaba de sacar a la calle José Hierro. Entre madera y ceniza en la Colección Enebro de la Diputación Provincial de Huelva. Residente en Sevilla desde 1974, Andivia es doctor en Filología y Premio Extraordinario de carrera. Andivia pertenece al Grupo de Investigación Teoría Lingüístico Literaria de la Universidad de Sevilla. Ha publicado los poemarios Barajando silencios, Ángel y De la muerte o de la vida, así como artículos en revistas y diarios.

"Para Hierro la creación poética comporta dos momentos complementarios: la iluminación y la reflexión. 'El poeta ha oído una llamada misteriosa -dice-, le invade una sensación sutilísima, intensa, que precisa transmitir' y a continuación, el ritmo incipiente que se insinúa y le desasosiega se traduce en un tono, en un peculiar acento que pretende quedar en la memoria cuando las palabras se hayan olvidado. El proceso siguiente es el momento reflexivo, lógico, que aprovechará esa melodía para cantar sus emociones, sus recuerdos, sus vivencias. Tal es la letra del poema, que es indisociable de la música, porque 'la palabra es letra y música a la vez", escribe Andivia.

"Hierro persigue una adecuación a la forma justa y precisa, y utiliza para ello un bello símil: 'Una vasija de finísimo cristal a cuyo través se ve el licor de su significado. La vasija no ha de verse. Es un simple recipiente que impide que la idea se derrame'. No obstante, ese recipiente ha de estar bien elaborado, ha de ser la vasija exacta. Por eso se preocupa tanto del aspecto formal que, en definitiva, será el encargado de transmitir su mensaje", señala el doctor en Filología.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de marzo de 2004