Tribuna:CAMBIO POLÍTICO | Reacciones tras el 14-M
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El terror no cambió las preferencias electorales el 14-M, sólo las radicalizó

Llevo muchos años trabajando en un modelo matemático para diseñar estrategias electorales y darles seguimiento. Para determinar tengo que elaborar un escenario inercial, es decir las votaciones que tendría cada partido político si se mantienen las tendencias observadas.

En agosto del año pasado, pensando que en 2004 habría elecciones generales en España, me puse a estudiar los resultados de las elecciones en los municipios y comunidades españolas de 2003. Lo primero que llamó mi atención es que el PSOE, habiendo sacado más votos que el PP, había ganado menos provincias. Un poco como la elección de Bush y Gore, el primero obtuvo menos votos y acabó siendo el presidente de EE UU porque ganó un mayor número de delegados a la convención nacional.

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Me puse a estudiar las encuestas que había a mano y me di cuenta de que invariablemente eran más los que les gustaría que gobernara el PSOE que los que decían que iban a votar por él. También eran más los que tenían la intención de votar por los socialistas que los votos que al final conseguían. Lo único que parecía explicar estas diferencias era que ni siquiera los propios simpatizantes del PSOE creían que podían ganar.

El problema del PSOE no era convencer a más españoles para que votaran por él: convencidos había suficientes para ganar. Su problema era conseguir que salieran a votar todos los que ya lo preferían. Me atreví a escribirle una carta al señor Rodríguez Zapatero comentándole estas cosas y pidiéndole que me diera una cita para enseñarle el modelo.

Así fue como me encontré analizando las elecciones españolas de 1977 a 2003 en todas y cada una de las 34.368 secciones que componen su mapa electoral, y como llegué a tener un escenario inercial para las elecciones generales de 2004 basado exclusivamente en información histórica, el mismo que entregué al PSOE en octubre de 2003, ajustándolo en enero ya con los datos censales para la elección.

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Este escenario, el inercial, es el que hoy me permite analizar los resultados del domingo 14 de marzo y asegurar sin temor a equivocarme que tiene razón Rodríguez Zapatero cuando afirma que su triunfo se lo debe a los españoles que querían un cambio y no a las atrocidades de Al Qaeda. Es delicado que analistas vayan diciendo a diestra y siniestra que los terroristas pueden manipular las preferencias de los electores cuando les viene en gana, y lo afirmen sólo con análisis superficiales de los datos coyunturales y agregados. Ningún país se puede comprender a cabalidad desde los números estáticos y globales, España mucho menos.

En la estimación que entregué al PSOE en octubre del año pasado se calculaba que podían obtener, según el escenario inercial, 9,8 millones de votos y tienen 10,9 millones. La votación estimada para el PP era de 10,8 millones y obtuvo 9,6 millones de votos. Las diferencias representan un 3% del total de electores.

Estimamos que Izquierda Unida tendría 1.400.000 votos y obtuvo 1.300.000. Las diferencias entre lo estimado y el resultado de las votaciones de CiU y Esquerra Republicana de Catalunya son variaciones que representan menos del 1% del total de electores.

El PSOE ha conseguido 164 diputados. En 2000 obtuvo 125; en 2003, si hubieran sido elecciones generales, hubieran conseguido 142 escaños, y en el escenario inercial calculábamos 155. El PP calculamos que podría obtener 154 diputados y consiguieron 148.

Sostengo, porque mi escenario inercial me permite afirmarlo, que lo único que lograron los terroristas fue mover a las urnas a un millón de electores más que los que hubieran votado en condiciones normales por el PSOE. El 90% de los votos que obtuvieron José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo los hubieran obtenido con o sin actos terroristas, y el otro 10% proviene también de simpatizantes de la opción socialista, la mayoría concentrados en las provincias donde la izquierda ya era primera fuerza.

Cuando antes de los acontecimientos de Atocha yo aseguraba a propios y extraños que el PSOE ganaría las elecciones, afirmación que por supuesto nadie me creía, mi argumento principal era que todos estaban tan seguros de que Rodríguez Zapatero no tenía posibilidades de ganar que ésa sería la mejor arma para que el PP se quedara sin muchos de los votos que, según los encuestadores, ya tenía asegurados. Mi intuición electoral me dice que, más allá del impacto de los atentados terroristas del jueves 11, parte del resultado electoral del domingo se debe también al efecto que adelantaba en mi hipótesis.

María de las Heras es consultora mexicana y experta en investigación de mercado electoral.

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