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MATANZA EN MADRID | Las víctimas

FRANCISCO JAVIER MANCEBO ZÁFORAS / El héroe con marcapasos

Se llevaban 34 años, pero Javier y Jaime eran muy colegas. Y también padre e hijo. Francisco Javier Mancebo Záforas hubiera cumplido 39 años el 3 de septiembre. El pequeño Jaime, que era más hincha del Estudiantes que Javier (o menos) tiene cuatro años y este curso acababa de estrenar colegio y mochila. Juntos iban como sardinas en lata en el tren, cada mañana, desde El Pozo a la estación de Atocha. Juntos, Javier y Jaime, llegaban al colegio de Jaime, que también había sido el de Javier, el Ramiro de Maeztu. Quizá hablando de Gasol, o del Estudiantes. Anteayer, jueves, probablemente hubieran comentado el gol de Zidane. Un golazo.

Luego, Javier se iría a trabajar. De ocho a tres, como auditor del Tribunal de Cuentas. Y después recogería a Jaime, y otra vez al cercanías. A ver a la madre, Alicia Damborenea, de 37 años, y a Ana, de dos. Madre e hija, que esperaban en el piso frente al Pozo.

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El 11-M ha roto la ecuación. La del padre que se llevaba a los hijos a todos lados. La del hijo que le adoraba. La ecuación de la vida en Madrid y de las vacaciones en el norte, en la costa de Vizcaya. La del jugador que en su época escolar sudó la camiseta del Estudiantes y que soñaba con tocar la guitarra con Los Enemigos, con los que llegó a ensayar alguna que otra vez. La de un abstemio con marcapasos que entrenaba varias veces por semana.

Jaime, su gran cómplice, está en el hospital. Tiene un costurón en una pierna y quemaduras en un 12% de su cuerpo. Pero volverá a jugar al baloncesto y a emocionarse en los partidos de la liga profesional. Ha perdido a su colega. Un padre que jugaba al baloncesto, y al tenis, y al pádel. Alto y fuerte. Un héroe con marcapasos.

ALFAGEME

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2004