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Tribuna:MATANZA EN MADRID

Madrid, capital de la solidaridad

No sabemos quién ha cometido el espantoso crimen del 11 de marzo. Sin embargo, debemos hablar libremente al respecto, fuera de cualquier cálculo político. Es el más justo homenaje que se pueda hacer a las víctimas. Hay que ser prudentes. Porque todavía queda por esclarecer la verdad. En cuanto se conoció el crimen, la reacción natural fue designar a ETA como posibre responsable. El acto parecía firmado. ¿Por qué? Para que el Gobierno recordara que, al contrario de lo afirmado en sus comunicados -que proclamaban el fracaso de la organización terrorista-, se estaba lejos de haber ganado la guerra. A lo cual el Gobierno contestaba presentándose como el último amparo contra el terror. De este modo, según algunas especulaciones, el Gobierno esperaría suscitar un voto en su favor este domingo. Si fuese verdad, este cálculo sería realmente irrisorio comparado a la inmensa tragedia que acaba de vivir el pueblo español.

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Y surge la otra información. Sería Al Qaeda. ¿Qué justifica esta acusación? Los hechos: la reivindicación del crimen publicada por un periódico árabe en Londres, los explosivos utilizados, la amplitud de la masacre, la similitud con los otros actos cometidos en otras partes, el descubrimiento de una furgoneta que contenía explosivos y una cinta en árabe con versículos del Corán, las acusaciones dirigidas en contra de la organización de Bin Laden por todas partes en Europa, los discursos del rey Juan Carlos, del presidente Aznar y del ministro del Interior español sin referencias concretas sobre la autoría del atentado, y otros índicios más. ¿Por qué Al Qaeda? Para que el Gobierno español pague, en vísperas de las elecciones, su apoyo incondicional a la invasión estadounidense y británica de Irak.

Ahora bien, esta hipótesis arruinaría la estrategia oficial y le conferiría al fin del mandato de Aznar un aspecto desastroso. Además, es probable que esta vez desembocaría en una sanción del poder por parte de los electores. Pero no se puede afirmar sin pruebas irrefutables esta interpretación.

De cualquier modo, la responsabilidad de los dirigentes políticos está aquí comprometida. Comprometida hacia todos los ciudadanos españoles, que han demostrado su excepcional madurez y su solidaridad. Pero también hacia todos los ciudadanos europeos, que tienen que saber rápidamente, muy rápidamente, la verdad; es decir, por lo menos, lo que las autoridades españolas saben. Porque el terrorismo constituye una amenaza en toda Europa. Si se trata de un acto de represalias debido a la sumisión a EE UU cuando este país invadió, en violación al derecho internacional, a Irak, hay que decirlo claramente. Porque esto también significa que Al Qaeda puede atacar a otros países en periodo electoral. Luego nos importa saber más que nunca quién es el responsable. Esto puede ayudar a salvar vidas. Si se trata de ETA, significa un nuevo paso cualitativo en la estrategia de esta organización. Si se trata de Al Qaeda, quiere decir que esta red puede golpear en cualquier lugar, manipulando, más que nunca, la vergonzosa ocupación de Irak por fuerzas extranjeras. Pero más aún, eso indica que esta organización considera a España no sólo como un país enemigo, sino como directamente implicado en el campo de batalla. Qué cruel ironía para la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles que demostró, como en ninguna otra parte del mundo, su contundente rechazo de la guerra contra civiles inocentes. Hoy la duda se ha instalado en la opinión pública. Más que nunca, los ciudadanos necesitan confiar en sus dirigentes. Y nosotros debemos aportar la ayuda más grande, el afecto y el cariño más sincero a todos los ciudadanos españoles. Los mártires del 11 de marzo se añaden a la lista de las víctimas del terrorismo, a las poblaciones civiles bombardeadas. En todas partes hay que condenar al terrorismo, en cualquier lugar del mundo éste es horrible. Madrid, capital del dolor. Madrid, símbolo de la solidaridad universal.

Sami Naïr es eurodiputado y profesor invitado de la Universidad Carlos III.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2004