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El Museo de Bellas Artes de Vitoria recupera la obra de Carlos de Haes, el renovador del paisaje del XIX

Carlos de Haes (Bruselas, 1826-Madrid, 1898) es el gran renovador del paisaje a finales del XIX, un género que agonizaba en esa época en España. El Museo de Bellas Artes de Álava presenta hasta el próximo 16 de mayo la exposición más completa sobre la pintura de este trotamundos. Desde su residencia habitual en Madrid, Haes recorrió miles de kilómetros en busca de la luz ideal para el mejor apunte de la naturaleza, desde Normandía a Toledo, con especial predilección por el Monasterio de Piedra y la costa vasca.

La muestra que se inauguró ayer es una selección de 114 pinturas procedentes de los fondos que el Museo del Prado tiene repartidos por más de 20 centros oficiales de todo el país. Los responsables de restauración han rastreado desde el Congreso de los Diputados hasta el Museo de San Telmo en busca de unas obras que el artista nunca llegó a vender.

"Son los haes de Haes, sus obras más preciadas", recordó ayer José Luis Díez, subdirector general de Conservación del Museo del Prado y comisario de la exposición. Efectivamente, además de media docena de grandes óleos, como el famoso Canal de Pancorbo de los Picos de Europa, son apuntes realizados en el momento sobre Lekeitio, Alsasua, Mallorca, Villerville o Ghetary (País Vasco francés), Elche, Picos de Europa, Llobregat o Toledo. De formato pequeño (el obligado por el tamaño de la maleta de viaje del pintor), sus obras ifnificaron un revulsivo para el paisajismo español, dominado por un romanticismo reacio al aire libre y que se basaba en el trabajo de estudio a partir de apuntes y grabados.

La exposición ha supuesto la catalogación de la obra del pintor belga, además de la restauración homogénea de todas las pinturas. Y el montaje homenajea el momento en que el Museo del Prado presentó las salas dedicadas a Carlos de Haes hace más de cien años, la única ocasión anterior en que se pudieron ver todas reunidas. Se han pintado los paneles de ocre, remedando a las paredes de la pinacoteca madrileña de entonces y los apuntes se han enmarcado en paneles sin seguir un criterio geográfico o temporal, sino estilístico, como era costumbre en aquel tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de marzo de 2004