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Crónica:FÚTBOL | 27ª jornada de Liga

El Celta se lanza al descenso

El Espanyol logra su mayor goleada a domicilio de los últimos 42 años

Después de seis años en la élite del fútbol, de exhibirse en Europa y de deslumbrar con un juego por momentos delicioso, la hora del juicio final parece anunciarse en Balaídos. El Celta vive ahora el ritual del descenso, esa especie de fuerza gravitatoria que arrastra a los que la padecen hacia la catástofe. El juego espeso es una de sus características. Otra, la más habitual, la facilidad para las calamidades. El segundo gol del Espanyol fue una muestra inmejorable, con el túnel hacia ninguna parte del portero Pinto a Tamudo, que Hadji convirtió en el gol más sencillo de su carrera. Fue el preludio de lo que se le avecinaba, un grotesco carrusel de desventuras para un equipo que apesta a Segunda.

CELTA 1 - ESPANYOL 5

Celta: Pinto; Velasco, Sergio, Berizzo, Sylvinho; Luccin; Ángel (Edu, m. 46), Mostovoi (Pinilla, m. 46), Ilic, G. López (Vagner, m. 70); y Milosevic.

Espanyol: Lemmens; Domoraud, Lopo, Pochettino, David García; Fredson, Morales; Hadji, De la Peña (Maxi, m. 80), Wome; y Tamudo (Jordi Cruyff, m. 73).

Árbitro: Losantos Omar. Amonestó a Lopo, David García y Berizzo.

Goles: 0-1. M. 29. Tamudo fusila. 0-2. M. 43. Hadji empuja a la red. 0-3. M. 64. Tamudo, de penalti. 0-4. M. 81. Sergio en propia puerta. 0-5. M. 87. Maxi, de cabeza. 1-5. M. 90. Edu.

Unos 20.000 espectadores en Balaídos.

La apuesta ofensiva de Radomir Antic, con un único pivote y cuatro mediapuntas por detrás de Milosevic, suena a exagerada para un equipo con tantos problemas en su defensa, a los que ayer se sumó Pinto con una acción de las que arruinan la fama de cualquiera. Si Luccin no brilla, y sobra decir que ayer no lo hizo, el equipo queda partido por la mitad. Y lo poco que el grupo ha ganado arriba lo dilapida en su área, donde los goles siguen entrando a puñados: doce en los últimos tres partidos. A todo ello hay que añadir la desesperación de sus futbolistas, que si no sufren contratiempos se los inventan. Como el domingo en el Bernabéu, hasta el primer gol del Espanyol aguantaron la compostura, aunque esta vez sin brillo. A partir de ahí, se lanzaron a tumba abierta hacia el suicidio.

La victoria del Espanyol hubiese resultado casual si en sus filas no militase un pequeño delantero llamado Raúl Tamudo. Él y De la Peña dieron lustre a un equipo anclado en su área, que lanzó cinco ataques y anotó cinco goles. Algunos de saldo: el de Hadji, el que anotó Sergio en propia meta, el que concedió el propio Sergio en un penalti... No así el que abrió el marcador, una acción individual de Tamudo, que dejó clavado a Sergio con un delicioso taconazo en el banderín de córner y fusiló a Pinto. Fue una de las pocas llegadas de un equipo que dispuso de más goles que ocasiones.

El Celta que llega a brillar frente al Madrid es capaz de reiterarse en el ridículo que ya vivió en noches aciagas como la del Deportivo. A tanto llegó su desdicha que pese al 0-4 del partido de ida salió del choque con el balance particular en su contra. En la primera parte, por jugar al trote, con un Mostovoi amortizado que exhibe el ocaso de su carrera. En la segunda, víctima de la desesperación y del recurso al pelotazo impotente. El Celta del plante de los futbolistas, de las juergas nocturnas en los hoteles y de los juicios a sus jugadores, es también el de las goleadas extravagantes. Puede ser el final de un ciclo. Un final demasiado severo con un equipo que tanto hizo por el buen gusto en el fútbol en el pasado reciente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2004