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LA CRÓNICA | ELECCIONES 2004 | Andalucía

Crisis venideras

Si los sondeos aciertan en la mala ventura que predicen a Izquierda Unida y Partido Andalucista para el 14 de marzo, una vez que se cierren las urnas empezará la cuenta atrás de las crisis internas que se presienten en los partidos perdedores. De hecho, ya se ven avanzadillas. Desde la precampaña anda Antonio Ortega haciendo traducciones libres de los dirigentes de su partido que le revientan el discurso electoral. Por ejemplo, Javier Checa, el jaranero alcalde andalucista de Torredonjimeno (Jaén), dice: "Me gustaría que el PP gobernase la Junta". Y Ortega interpreta: "En algún momento de la explicación se habrá confundido o no se habrá entendido bien lo que quiere decir, lo que prefiere es que haya un gobierno del PA". Deber ser eso.

El caso andalucista es el más claro en el augurio de conflictos, pues aunque los hados les fueran favorables y pudieran cerrar un tercer acuerdo con Manuel Chaves como planea la cúpula del PA -que ha diseñado un curioso esquema jerárquico del hipotético ejecutivo, en el que, por imperativo del motor del turismo, los nacionalistas pasarían a controlar grandes áreas de gestión-, parte del partido ha expresado su opinión contraria. Lo dejó caer el presidente y fundador, Alejandro Rojas-Marcos, con su estilo versallesco, cuando animó a romper el pacto con los socialistas en la Junta por la crisis de Carod Rovira, y ha seguido insistiendo en el mensaje. Verbigracia, el martes. "Es fundamental terminar con la hegemonía del PSOE", predicó en el desierto andalucista de Almería (apenas tienen implantación).

Los malos resultados que vaticinan los oráculos demoscópicos están haciendo mella también en IU. Conforme salen encuestas nuevas que presagian la pérdida de escaños, aunque el CIS le dio ayer un respiro, Diego Valderas va adquiriendo trazas de candidato quebrantado, de rebelde maldito, de digno perdedor infatigable. El frío le acompaña: no llena las plazas y el miércoles tuvo que suspender una conferencia en la Escuela de Empresariales de Córdoba por falta de asistencia, tan sólo acudieron cinco personas. La coalición ha estado cuatro años a la gresca, si bien, durante la campaña, críticos y oficialistas se han conjurado para decretar un paréntesis. En el supuesto de que IU volviera a menguar -la secuencia de las tres últimas legislaturas es de película de terror: 20 diputados, 13 diputados, 6 diputados-, la organización se pondría de nuevo patas arriba. Si, además, Valderas no consigue el escaño de Huelva, por donde se presenta, su liderazgo como coordinador difícilmente resistiría otra temporada fuera del Parlamento.

Los cambios también planean sobre el Partido Popular: Teófila Martínez se juega su futuro como paladina del PP andaluz si no rebasa la subida que operó en su debut de 2000. En los foros populares de Madrid, según cuenta dirigentes destacados, siempre formulan la misma pregunta a los compañeros del sur: "Pero qué es lo que pasa en Andalucía que lleva el PSOE gobernando 22 años?". Ahí están las palabras de Mariano Rajoy de hace justo un año en un diario nacional, que sirven ahora de aviso a navegantes: "Algo harán bien los socialistas y algo no haremos bien nosotros para que esto ocurra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de marzo de 2004