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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'En la ciudad sin límites', de Antonio Hernández

Mañana con EL PAÍS, por 5,95 euros, el filme interpretado por Fernando Fernán-Gómez

El largometraje dirigido por Antonio Hernández En la ciudad sin límites, con guión del propio realizador y de Enrique Brasó, se presentó fuera de concurso en el Festival de Berlín de 2002 recibiendo muy buenas críticas. Fernando Fernán-Gómez y Leonardo Sbaraglia protagonizan una historia narrada con un tono próximo al thriller, en la que subyace el homenaje que el director consideraba debía a la figura de su padre.

El director Antonio Hernández, que había obtenido un buen éxito con Lisboa, su película anterior, acariciaba el proyecto de En la ciudad sin límites desde 14 años atrás, cuando junto a sus hermanos había acompañado a su padre en su larga agonía. "Mi padre tuvo una grave enfermedad y sufrió una especie de enajenación en la que su imaginación mezclaba realidad y recuerdos, creando una ficción cuyos códigos sólo conocía él. Ninguno de sus seres queridos tuvimos la osadía de convertirnos en su cómplice, tal vez lo único que él necesitaba para morir en paz. Supe siempre que le debía esta película sobre la memoria, el perdón, el derecho a elegir tu manera de vivir y también tu manera de morir. En la película, un joven se aventura a viajar a la fantasía de su padre, buscando con él, dentro de la locura, la posibilidad de pedir perdón".

"Supe siempre que le debía a mi padre esta película sobre la memoria y el perdón"

En la ciudad sin límites se estrenó fuera de concurso en el festival de Berlín de 2002, donde fue recibida con claros aplausos de la crítica. Ángel Fernández-Santos dijo en este periódico que se trata de "una obra rica y comprometida, ambiciosa y solvente, grave y emocionante, que casi roza la perfección formal -y digo casi porque comienza demasiado por arriba y encuentra alguna dificultad para crecer-, pero que logra acercar lo que encuentra a lo que busca, lo que es un signo irrefutable de solvencia". En Fotogramas, Méndez-Leite comentó que se trata de "una historia muy compleja de amor y misterio, de enredos familiares e intereses económicos, de recuerdos y olvidos, de política y traiciones", aspectos que a Gregorio Morán le hacían decir a los lectores de La Vanguardia: "Al principio tendrán cierta desazón por no saber muy bien de qué va la historia, porque hay demasiadas historias que se cruzan, pero conforme avanza, en círculos, que es como avanza la vida, se irán dando cuenta del atractivo de este filme insólito y hermoso, como esos poemas siempre pensados y nunca escritos que hemos soñado hacer alguna vez a los seres queridos que se nos han ido".

En El Mundo, Manuel Hidalgo aseguró: "Un magnífico guión, una estupenda realización y una interpretación irreprochable; la película es un entretenimiento, una diversión y, al mismo tiempo, contiene una carga de profundidad sobre la sensibilidad, la inteligencia y la conciencia. Difícilmente se puede pedir más". El periodista auguraba que En la ciudad sin límites se iba a convertir en una de las mejores películas españolas del año y, en efecto, fue nominada a cinco premios Goya, mejor película y mejor director entre ellos. Obtuvo los de guión (Antonio Hernández y Enrique Brasó), y el de mejor actriz de reparto para Geraldine Chaplin, recuperada para el cine español.

María Casanova sintetizó en Cinemanía el núcleo central de la trama: "Un viejo irrecuperablemente enfermo y que ha perdido la razón (Fernando Fernán-Gómez) está internado en un hospital parisiense. Su mujer (Geraldine Chaplin), hijos (Roberto Álvarez y Álex Casanovas) y nueras (Adriana Ozores y Ana Fernández) se han trasladado allí. La madre dirige la empresa familiar en la que trabajan los hijos mayores. El más pequeño e independiente (Leonardo Sbaraglia) llega acompañado de su novia (Leticia Brédice) desde Argentina. Le dicen que el enfermo no reacciona ni habla y que ha sido encontrado una noche al borde de la terraza del hospital queriendo huir. Sin embargo, el viejo rompe su aparente autismo con su benjamín pidiéndole ayuda. Se inicia entre ellos cierta complicidad, el joven le sigue la corriente para tranquilizarle, intrigado por un botón que su padre guarda en la mano, y un nombre que repite, Roncel. Su madre asegura no saber qué significa. El anciano, muy angustiado y consciente de que se muere, le pide que localice y advierta de un peligro seguro a Roncel. Y el hijo, convencido del desequilibrio de su padre pero movido por un extraño instinto de desconfianza hacia la familia, comienza a tirar de un hilo que parece muy tenue. Y la madeja que va apareciendo, además de inesperada, es tan enredada como sólo pueden serlo los grupos familiares que comparten secretos. Los sentimientos ocultos y controlados durante años pueden ser la explosión más letal".

"Eso es todo de la trama principal", decía Gregorio Morán en La Vanguardia: "El resto es detalle cuya revelación sé que irrita, especialmente a quien no la ha visto, y con razón porque prefiere seguirla en pantalla a que se la contemos nosotros. Porque hay filmes donde se puede delatar al asesino o precisar cómo se resuelve el dilema, y no ofender a nadie. Pero hay otros como éste, en que no".

Los elogios de la crítica se desbordaron al comentar la interpretación de Leonardo Sbaraglia, Geraldine Chaplin y especialmente Fernando Fernán-Gómez, que había filmado la película tras la convalecencia de una enfermedad tan grave como la del personaje de ficción. "Nunca hasta ahora había interpretado a un anciano con una enfermedad terminal. Personalmente me es muy interesante adentrarme en ello", comentó en El Mundo, siendo más explícito en sus conversaciones con Enrique Brasó, guionista del filme: "El que en la película el personaje atravesara una situación muy parecida a la que acababa de atravesar yo, era algo que me entusiasmaba. Salí de la clínica para hacer lo mismo que dentro de la clínica, y acepté esa situación sin querer perturbarla".

Fernán-Gómez "sostiene y vertebra con vigor, con apasionante economía de recursos, sin apenas moverse, convirtiendo cada actitud y cada destello en una explosión de misterio, el armazón de este bello e intenso drama cojo, que se ganó a pulso una formidable ovación en Berlín", tal como señaló Fernández-Santos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de marzo de 2004