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Reportaje:FRAUDE EMPRESARIAL EN ITALIA

La soledad de los Tanzi

La familia propietaria de Parmalat nunca alcanzó el reconocimiento de la élite industrial de Parma

La historia de Parmalat es la de la familia Tanzi. Hace 42 años, Calisto Tanzi, hijo de charcutero, fundó una empresa lechera. Su visión de negocio le hizo ser el primero en modernizar la producción. Parmalat se hizo un gigante con el que la familia Tanzi buscaba un reconocimiento social que nunca llegó. Enfrente estaban los Barilla, reyes de la pasta y modelo de dinastía industriosa, que ahora imperan sin rivales en Parma. Calisto Tanzi, acusado de robar y falsificar, ve ahora su final, con la venta de los lujosos veleros, aviones y helicópteros. Lo más positivo es que la economía de esta próspera ciudad apenas sufrirá por esta crisis gracias a su fuerte tejido industrial.

El orden jerárquico de Parma, una de las ciudades más bellas, ricas y ordenadas de Europa, ha vuelto en cierta forma a la normalidad. La familia Barilla, reina mundial de la pasta y modelo de dinastía industriosa, impera sin rivales en la villa emiliana. La familia Tanzi, que nunca dejó de ser suburbial y advenediza pese a sus muchísimos miles de millones, ha desaparecido del mapa sociológico. Queda en Parma el estupor ante un fraude colosal que nadie fue capaz de intuir y la angustia privada de quienes invirtieron en acciones y obligaciones de Parmalat, pero la ciudad apenas sufrirá, en términos económicos, el colapso de su empresa más conocida.

El paro afecta en Parma al 3,8% de la población activa; en términos técnicos, la situación es de pleno empleo. Los trabajadores extracomunitarios, el 7% del total, no bastan para cubrir las plazas disponibles. Pronto, cuando se instale la Agencia Europea de la Alimentación, habrá aún más ofertas. La renta per cápita supera los 25.000 euros anuales, 6.000 por encima de la media italiana. Y el tejido empresarial, típicamente familiar, es sólido: por debajo de los Barilla están los Bormioli (cristal y plásticos), los Salvarani (mecánica agrícola), los Pizzarotti (construcción), los Ricci (edición de lujo) y muchos otros.

La economía de Parma, dominada por la familia Barilla, apenas sufrirá con esta crisis

Lo pasarán mal los productores de leche, que en su mayoría no cobran desde el verano, pero el Gobierno ya ha preparado la concesión de créditos-puente para que puedan aguantar hasta que Parmalat, si sobrevive, recupere el pulso, o hasta que otra empresa herede su lugar en el mercado lácteo. Lo que más inquieta, en cualquier caso, es el daño que la crisis fraudulenta pueda hacer al buen nombre de Parma. Cuando se conoció el desastre, el diario local, la Gazetta di Parma, propiedad de la Unión de Industriales, tituló su editorial de forma reveladora: "Parma, herida y traicionada".

Se trata de una ciudad peculiar, a la vez progresista (tuvo alcalde comunista en los 70, alcalde socialista en los 80 y 90 y tiene ahora alcalde de derecha moderada) y clasista, que distingue entre los 170.000 habitantes urbanos (parmigiani) y los casi 250.000 del resto de la provincia (parmensi) y se enorgullece de su laboriosa prosperidad. Los Barilla, presentes en la vida comercial desde que abrieron una tienda de pan y pasta en 1877, constituyen el espejo en que se miran los parmigiani. Guido, el hermano mayor y presidente, y Luca y Paolo, los vicepresidentes, jóvenes y guapos, se mueven en helicóptero, pero siguen acudiendo sin guardaespaldas a los restaurantes de Parma y mantienen una imagen de riqueza moderna: la empresa proporciona a sus 7.000 trabajadores un alto nivel de prestaciones sociales. Paolo pilota estos días un camión en el París-Dakar y el 5 de diciembre, una fecha triunfal para la familia, inauguraron el Barilla Center, un centro comercial con hotel de cinco estrellas, cine, restaurantes y tiendas de lujo, que la ciudad recibió como un regalo. Al cabo de unos días, Parmalat se declaró incapaz de pagar a sus acreedores; unos días más, y Calisto Tanzi fue detenido. Diciembre fue un mes simbólicamente denso.

Quizá Calisto Tanzi hizo lo que parece que hizo, robar y falsificar de forma masiva, para alcanzar la estatura social que la ciudad le negaba. Cuando en 1961, con poco más de 20 años, fundó una empresa lechera, no era nadie: un contable, hijo de charcutero, que vivía en Collecchio, un pueblo a 11 kilómetros. Tanzi supo intuir la evolución del sector lácteo: fue el primero en utilizar el envase de cartón y el sistema de pasteurización UHT desarrollados por la firma sueca Tetra Pak y fue el primero en apostar por la esponsorización deportiva: el nombre de su empresa fue colocado sobre el traje ignífugo de Nikki Lauda, sobre las camisetas del Real Madrid y del Palmeiras brasileño.

Los Barilla financiaban a democristianos y socialistas; Tanzi, en cambio, se concentró en la democracia cristiana, uno de cuyos dirigentes, Ciriaco de Mita, le ayudó a superar una grave crisis de crecimiento ha finales de los 80. Los Barilla se unieron a Silvio Berlusconi cuando éste se enfrentó a Carlo de Benedetti en la lucha por la empresa pública Sme; los Tanzi nunca establecieron relaciones cordiales con el magnate milanés que ahora es presidente del Gobierno.

En 1993 llegó el efímero momento de gloria de los Tanzi, con la victoria del Parma, que habían adquirido en segunda división, en la final de la Recopa. Entonces sí fueron grandes. Pero el Parma, dirigido por Stefano, el hijo mayor, empezó a perder dinero en grandes cantidades: 77 millones en números rojos, al menos oficialmente. Las inversiones turísticas, concentradas en Parmatours, dirigida por Francesca, la hija mayor, acumularon un agujero superior a los 2.000 millones (según los fiscales). "Todos sabíamos de las deudas, nadie sospechaba que existieran fraudes", afirma un economista local. Tanzi y sus hijos, siempre acompañados de escoltas armados, no dejaron de ser, pese a su fortuna, "los advenedizos de Collecchio". Ahora lo son más que nunca. Stefano ha dimitido como presidente del Parma Calcio y no se habla con su padre, al que acusa de estafador. Francesca, arqueóloga de vocación, llora cuando se le habla del desastre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004