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Reportaje:

La carcajada de Henri Salvador

El cantante, de 86 años, que sedujo a Francia con 'Chambre avec vue', presentará su último disco con una gran orquesta

Pocos franceses recordaban su rock and roll en compañía de Boris Vian, allá por los años cincuenta, cuando firmaba como Henry Cording. Menos aún los que sabían que llegó a tocar la guitarra con Django Reinhardt en un cabaré de Montparnasse. Salvador era para ellos aquel tipo que les hizo reír tantas veces desde la pequeña pantalla con sus ocurrencias y su risa contagiosa. Ahora, sin embargo, toda Francia le reconoce como el autor de Chambre avec vue. El disco de bossa nova más bonito de los últimos tiempos, según Caetano Veloso, que grabó su Dans mon île en 1981.

Una encuesta sitúa a Henri Salvador décimo en la lista de los 50 franceses preferidos por sus compatriotas. No hace ni tres años que las multinacionales -hasta tres- rechazaron Chambre avec vue. "La inteligencia, la delicadeza y la generosidad no son cualidades muy extendidas en este negocio", dice en sus memorias. Fue un joven admirador, aliándose con un amigo que gana una fortuna con los videojuegos, quien editó el disco con el que Salvador había soñado media vida.

A todos los que le jubilaron anticipadamente les canta: "Cuando un artista tiene el corazón triste / no tiene que dejarlo ver"

"La inteligencia, la delicadeza y la generosidad no son cualidades muy extendidas en este negocio", dice en sus memorias

Con Chambre avec vue regresaba el compositor de Syracuse o Une chanson douce, que ha cantado a dúo con Céline Dion en Las Vegas para un especial de televisión. Le suministraron canciones Keren Ann y Benjamin Biolay, unos jóvenes entonces desconocidos, y también Art Mengo, y él les puso una voz inesperadamente cálida y sedosa para su edad. Chanson de lujo entre Jobim, Chet Baker, Maurice Chevalier y Nat King Cole. Millón y medio de ejemplares vendidos. Más tarde se publica Ma chère et tendre, que presentará durante nueve noches en el Palacio de Congresos de París, a partir del 6 de febrero, y con una orquesta de 50 músicos. Luego le reclaman de Japón, Estados Unidos...

En 1940 desembarcó en Río de Janeiro formando parte de la orquesta de Ray Ventura. Acostumbrado a espectáculos fastuosos, el público del casino de Urca recibe con frialdad a los galos. Una noche, Ventura, desesperado, le pide que haga algo para salvarlos del fracaso. Salvador empieza a reírse e imita a Popeye. Esa risa contagiosa para los espectadores, de la que se valía de joven para entrar sin pagar en los teatros cómicos de París. En los días siguientes la prensa carioca habla del "fenómeno francés". Lo cuenta en la divertida biografía Attention ma vie (Éditions JC Lattès, 1994).

Hijo de un recaudador de impuestos antillano de origen español y de una madre indígena, Henri Salvador nació el 18 de julio de 1917 en Cayena, en la Guayana francesa, adonde mandaban a los condenados a trabajos forzados. ¿Primer rasgo de humor? Vio la luz en la calle de la Libertad. La familia se instaló en París en 1924. El futuro médico o abogado, de acuerdo al guión paterno, prefiere la calle al colegio.

En los años treinta, un primo le pone discos de Louis Armstrong y Duke Ellington. Y descubre a Django Reinhardt. Se encierra año y medio en casa para tocar 15 horas diarias. Se convierte en profesional y trabaja en la orquesta del violinista de jazz Eddie South.

Muchos le conocían sólo por canciones humorísticas como Zorro est arrivé, Le travail c'est la santé o Juanita Banana. El Henri Salvador de Nos ancêtres les gaulois -que habría inspirado a Goscinny para su Astérix-, en recuerdo de aquellas clases de historia en las que un maestro de piel rosada enseñaba, muy serio él, a 20 niños negros y mulatos, que sus antepasados fueron los galos. También se le asociaba a sus grabaciones para películas de Walt Disney como Los aristogatos.

Se le veía únicamente como un producto de la variété. Sin tener en cuenta sus composiciones refinadas, que le acompañaran Michel Petrucciani o Birelli Lagrène, que hubiera compartido su Blues du dentiste con Ray Charles o cantado con la orquesta de Count Basie dirigida por su amigo Quincy Jones. A todos los que le jubilaron anticipadamente, y desde lo alto de sus 86 años, Henri Salvador les canta: "Cuando un artista tiene el corazón triste / no tiene que dejarlo ver". Y este vecino de la lujosa Place Vendôme, campeón de petanca, les regala una de sus carcajadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de enero de 2004