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SAQUE DE ESQUINA | FÚTBOL | Decimoctava jornada de Liga

Sardinas y sardanas

Joan Laporta y sus muchachos llegaron a la Masía precedidos de un fresco aire renovador. Frente a la opción académica de Lluis Bassat, un próspero empresario a quien muchos consideraban el modelo clásico de gestor, ellos personificaban inequívocamente al candidato. En realidad parecían una convención de sobrinos de JP Morgan: eran simpáticos, limpios y elegantes. Sabían enseñar la dentadura, despedían una convincente fragancia after shave y exhibían sus corbatas italianas sin ostentación, como si hubieran nacido con el nudo hecho. Además subían las escaleras con la figura erguida; hacían un llamativo contraste con aquel Joan Groucho Gaspart que a la menor señal de peligro ganaba altura a toda velocidad. Ponía el espinazo cuesta arriba, enfilaba hacia la gatera más próxima y perdía las cachas bajo el vuelo de la gabardina, un-dos, un-dos, ante el disimulado regocijo de la concurrencia.

Pronto supimos que Laporta y sus leales eran la compañía alegre y confiada. Formaban para la foto, movían rítmicamente los brazos y, oh, my papá, nos recordaban a los chicos del grupo "Viva la gente" por donde quiera que iban. A continuación ocuparon sus sillones, se encomendaron a los periodistas de cámara, pidieron paciencia y divulgaron un estricto plan de austeridad. Tres meses después el equipo ha cerrado la primera vuelta con la siguiente cuenta de resultados: diecisiete puntos perdidos en casa.

A la vista del panorama ya podemos decir que la nueva junta directiva ha conseguido una radical transposición de objetivos. Hasta ahora, los espectadores sólo acusaban la preocupación natural por el equipo. Hoy han diversificado sus emociones: prueban las viandas de la competencia, aplauden a las chicas de Operación Triunfo, jalean a un coro de niños disfrazados de Papá Noel cuyos gorros parecen barretinas de diseño, ingresan en el libro Guinness con la excusa de una parodia de tenis en la que los competidores no se han jugado ni la merienda, hacen provisión de antiácidos y se suman al karaoke para corear el himno. De vuelta a casa deben soportar, eso sí, el duro interrogatorio de los colegas filomadridistas.

-¿Cómo acabó el partido?

-¿El partido? Pues, verás: los chipirones estaban exquisitos.

-¿Qué tal el equipo?

-El de camareros, como nunca. Hay uno brasileño que te sirve las croquetas con la derecha y te las cobra con la izquierda. Un fenómeno.

De Laporta y sus nois podría decirse lo mismo que un crítico taurino dijo de determinado matador: "Ha invertido las prioridades de la tauromaquia; ha transformado lo esencial en superfluo y lo superfluo en esencial".

Es evidente que la gent blaugrana siempre saldrá ganando con esta fórmula. Si la temporada termina bien, muchas felicidades. Si termina mal, buen provecho.

Tome nota, Florentino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de enero de 2004