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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

Aranda y Urzaiz imponen el juego recio

Tablas entre el Albacete y el Athletic en un choque marcado por la primacía de los delanteros

Carlos Reina Aranda se peina como Ronaldo, es decir que no se peina; tiene una carcasa similar y nació futbolísticamente en la cantera del Madrid. Allí tenía poco que hacer. Ni la nueva política de los zidanes y pavones le ayuda: es delantero centro y Pavón es central. Más extraño resulta que ni el Numancia ni el Villarreal se quedaran con él.

Le dio cobijo el Albacete y el muchacho, futbolísticamente más parecido a Makukula que a Ronaldo, agradece el acogimiento con muestras de cariño futbolístico. Ayer, contra el Athletic, no hizo nada mal. Cada vez que el chicarrón echa a correr la grada se levanta y la defensa, al menos la del Athletic, tiembla. A la primera carrera, se marcó un gol de sombrerazo: de potencia, de velocidad y de precisión, porque su zapatazo se fue a la escuadra de Aranzubia.

ALBACETE 1 - ATHLETIC 1

Albacete: Almunia; Montiel, Buades, Pablo, Peña; Iván Díaz, Álvaro (David Sánchez, m. 73), Viaud (Parri, m. 55), Delporte; Pacheco y Aranda (Mikel, m. 83).

Athletic: Aranzubia; César, Luis Prieto, Karanka, Larrazabal; Etxeberria (Arriaga, m. 86), Gurpegui, Tiko, Yeste (Jonan García, m. 62); Ezquerro (Bordas, m. 92) y Urzaiz.

Goles: 1-0. M. 13. Jugada personal de Aranda que pugna con la defensa y bate a Aranzubia de un tiro por la escuadra.

1-1. M. 40. Balón de Urzaiz al centro, por alto, que Ezquerro empalma sobre la marcha.

Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Viaud, Iván Díaz, Ezquerro, David Sánchez y Delporte.

Unos 15.000 espectadores en el estadio Carlos Belmonte.

El Albacete juega con el corazón, parecido al Athletic, en el que importa más la voluntad que la sutileza. Ambos, en busca de sus chicos grandes. Aranda y Urzaiz demostraron ayer que la grandeza no es compañera de la torpeza. Entre ambos firmaron las acciones más bellas del partido, ésas que combinan la inteligencia con la potencia y que, una vez en marcha, resultan imparables. Tanto fue así que Urzaiz, contestando a Aranda, se inventó una asistencia a Ezquerro, a la media vuelta, por alto, como un sombrero, que el delantero rojiblanco empalmó sobre la marcha midiendo la media salida de Almunia.

Era un partido vigoroso, de choque, sin demasiada primacía del medio campo, en el que cada cual se ocupaba más de destruir que de producir. Los artistas no lo tenían fácil, muy alejados de sus compañeros. Era el caso de Etxeberria, muy desafortunado hasta la segunda mitad cuando dio señales de vida y envió un centro-chut al larguero; de Yeste, tan intermitente que acabó sustituido; de Delporte que sólo apareció con tres entradas escalofriantes a los tobillos; de Parri, que se mordía las uñas en el banquillo.

Se jugaba con las vísceras, con bastante lejanía entre líneas y a impulsos de los goles recibidos. Por eso dominó el Albacete de salida; por eso, el Athletic cuando sufrió el gol de Aranda, y por eso, de nuevo, el Albacete cuando empató Ezquerro. Sólo se desequilibró el juego en el tramo final, con dos equipos que por fin querían ganar como fuera, por ímpetu más que por juego, por afán de llegar más que por saber cómo llegar.

Y se recobró la emoción. Un centro al larguero de Almunia, un disparo que repelió Aranzubia, un mal cabezazo franco de Mikel, sustituto de Aranda. Un asunto testicular que le dejó al Albacete con su buena racha -seis partidos sin perder- y al Athletic con su escueto balance positivo a domicilio -una victoria-. El partido no daba para más que la emoción y en eso cumplió. Tanto como Aranda y Urzaiz, exponentes del fútbol recio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de diciembre de 2003