Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
La desaparición de un ciclista carismático

La "inevitable" muerte de un ídolo

José María Jiménez, 'El Chava', fallece en una clínica de desintoxicación de Madrid - El ciclista de El Barraco (Ávila) tenía 32 años y debió colgar la bicicleta hace dos por sus problemas personales - Triunfó en la Vuelta, pero, pese a su gran clase y su enorme facilidad para escalar, no le tentó la aventura del Tour

José María Chava Jiménez, el último ídolo del ciclismo español, el último corredor capaz de dividir a los aficionados entre furibundos defensores e implacables críticos, murió ayer, a los 32 años, en una clínica de desintoxicación de drogas en Madrid. Con problemas personales desde hace años, el Chava, como se le conocía en todo el mundo -apócope de Chabacano, el apodo de su familia en El Barraco (Ávila), aunque él siempre lo escribía con v-, se vio obligado a colgar la bicicleta el invierno de 2001, pocos meses después de conseguir su tercer reinado de la montaña en una Vuelta en la que ganó tres etapas.

Su muerte, en plena juventud, cuando muchos de los ciclistas de su generación aún se machacan en las carreteras, no ha sorprendido a ninguno de cuantos conocían la peligrosa deriva en la que había entrado su vida y la mentalidad autodestructiva que la animaba. "Era una muerte inevitable", dijo Eusebio Unzue, su director en el Banesto. "Él había elegido este camino. No se veía viejo". Su muerte, temprana, le hace emparentar con otras dos fortísmas personalidaes del ciclismo español, José Manuel Fuente, otro escalador exagerado, capaz de hacer ponerse de rodillas a todo un Eddy Merckx, muerto de problemas hepáticos, y Luis Ocaña, otra personalidad trágica, que se suicidó en su finca cercana a Mont de Marsan. Sin embargo, al Chava, perezoso, conformista, le faltó la grandeza que llevó a Ocaña a ganar un Tour, y casi dos, y a Fuente a convertirse en el dios de los anti Merckx.

El Chava nunca quiso ser un ciclista grande, se conformó con explotar su gran clase, una facilidad innata para escalar, para ponerse en forma sin esfuerzo, para hacer el trabajo mínimo que le permitiera seguir con un buen sueldo y con el favor de la afición, sobre todo de los niños. Por eso El Chava sólo triunfó en la Vuelta y nunca tentó la aventura de hacerse inmortal en el Tour.

La muerte inevitable le llegó cuando en uno de sus últimos momentos de lucidez había decidido volver a internarse en una clínica. Dos años después de haber perdido la batalla con el ciclismo, perdió la batalla con la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de diciembre de 2003