Una bomba causa cinco muertos junto a una mezquita de Bagdad

Mil personas se manifiestan contra el terrorismo en el centro de la capital iraquí

Al menos cuatro civiles iraquíes y un soldado estadounidense murieron ayer en Bagdad por la explosión de una bomba de fabricación casera activada por control remoto. El artefacto estalló pasadas las 9.30 (7.30 hora peninsular española) al paso de un convoy de tres vehículos militares de EE UU junto a la mezquita de Samarri, en el barrio popular de Nuevo Bagdad, al este de la capital iraquí. La calle por la que circulaban los humvees era muy transitada a esa hora.

Entre 15 y 20 personas más, transeúntes y viajeros de un autobús, sufrieron heridas, tres de ellas de gravedad. Es el primer atentado en Bagdad después de tres jornadas de relativa calma.

El soldado fallecido pertenecía a la 22º Brigada de Transmisiones, según un comunicado del Ejército norteamericano. Otros dos uniformados resultaron heridos. El comunicado, que informó de que se había iniciado una investigación, señaló que "el soldado se encontraba en un convoy de tres vehículos cuando un artefacto artesanal estalló entre el primero y el segundo" de los humvees. El pequeño autobús en el que se desplazaban la mayoría de los heridos quedó seriamente dañado.

Los muertos iraquíes son tres hombres y una mujer que no han sido identificados. Fuentes del hospital Al Hindi informaron de que tres cadáveres ingresaron en este centro. Otro hospital neurológico confirmó la existencia de una cuarta víctima mortal.

La explosión, que se produjo a unos 200 metros de una mezquita suní, abrió un socavón al que inmediatamente se acercaron numerosos bagdadíes, antes de que los militares acordonaran la zona, en la que comercios y puestos callejeros funcionaban a pleno rendimiento en el instante de la deflagración. El trasiego de coches era incesante, el habitual en esta ciudad de cinco millones de habitantes, aunque fuera viernes, día festivo para los musulmanes. Un comerciante testigo del ataque citado por la agencia Efe aseguró que en el momento del estallido el tráfico estaba colapsado por uno de los monumentales atascos que convulsionan a diario la capital iraquí.

Un bagdadí grabado por la cadena de televisión británica BBC clamaba indignado por el creciente número de civiles iraquíes que están pereciendo en los atentados que ejecuta la resistencia. Pero en absoluto lamentaba las muertes de los soldados estadounidenses. Al contrario. Al igual que gran parte de la población, justificaba los ataques contra el Ejército norteamericano y la necesidad de expulsar a las tropas ocupantes.

Pocas horas después del ataque en Nueva Bagdad, y en el centro de la ciudad, muy cerca de la plaza del Paraíso -donde fue derribada la estatua de Sadam Husein el día que cayó Bagdad, el pasado 9 de abril- se celebró una manifestación "contra el terrorismo y los ataques contra las fuerzas norteamericanas". En la marcha, organizada por la llamada Corriente Democrática Iraquí, participaron unas mil personas, la mayoría de ellas chiíes. Protestaban entre ellos bastantes niños. Podía leerse una pancarta en la que se proclamaba: "La infancia inocente, una de las víctimas del terrorismo".

Desde que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, declarara el fin de las grandes operaciones de guerra, el pasado 1 de mayo, han perdido la vida en Irak 190 militares de este país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 05 de diciembre de 2003.

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