Los negociadores ven difícil que los convergentes sigan en la Generalitat

Más allá del contenido concreto de las negociaciones en curso entre los partidos, el estado de ánimo de los equipos negociadores se ha convertido estos días en un indicativo de primer orden. Todo a la espera de un fin de semana que se espera repleto de discretos contactos de alto nivel y ejercicios cruzados de diplomacia paralela.

Los socialistas iniciaron las conversaciones en el más completo de los escepticismos. CiU se presentó a ellas exhibiéndose como partido vencedor. Pero cada día que pasa, sus negociadores ven más difícil la permanencia de CiU en el Gobierno de la Generalitat. Entre sus cuadros comienza a cundir el desánimo. "Esto está negro, negro, muy negro", admitió ayer sin altavoces un destacado miembro del Gobierno pujolista.

Los socialistas han salido de la estupefacción en que les sumieron los resultados electorales. Ahora se muestran esperanzados. Las negociaciones con Esquerra les mantienen en vilo, porque no acaban de certificar la orientación definitiva de los republicanos pero, al tiempo, ven que se ensanchan las zonas de acuerdo entre ambas fuerzas. Y notan que los dirigentes de ERC prodigan "guiños cómplices" hacia un eventual bloque catalanista de izquierda, según destaca uno de los portavoces socialistas.

Algo parecido, pero de distintas consecuencias políticas, sucede entre los negociadores de CiU. Al término de esta semana, los convergentes han constatado que pese a haber cedido a una amplia retahíla de condiciones de Esquerra, lo que no avanza es el acuerdo político. "No se han movido un milímetro hacia nosotros", detallaba confidencialmente uno de los principales dirigentes de la federación nacionalista conservadora.

Los dirigentes de Esquerra tienen la doble llave que alumbrará uno u otro Gobierno. Compiten entre sí en hermetismo. Pero ofrecen pistas indirectas -gestos, medias palabras- de por dónde van sus preferencias. El principal de estos signos es la falta de gestos favorables al frente nacionalista, o al menos así se percibe en CiU, que daba por descontado "un cierto automatismo" en la configuración de ese bloque, como describe otro consejero del Gobierno de Jordi Pujol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de noviembre de 2003.

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