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Editorial:

Ganan los dos

El acuerdo sobre conexiones ferroviarias alcanzado por los Gobiernos de España y Portugal en la cumbre de Figueira da Foz ha recibido una pronta recompensa comunitaria. La Comisión Europea bendijo ayer la construcción de una línea de alta velocidad entre Lisboa y Madrid, a través de Badajoz, y de un tren rápido (hasta 250 kilómetros por hora) entre Oporto y Vigo. Esos proyectos, además de la conexión AVE entre Figueres y Perpiñán, reúnen los requisitos precisos -son estratégicos para la construcción europea, afectan a dos o más países y están maduros- para que Bruselas los incorpore a su lista de infraestructuras prioritarias, lo que les permitirá beneficiarse de financiación comunitaria. El Consejo Europeo debe ratificarlos en diciembre.

La flexibilidad y el pragmatismo del primer ministro portugués, Jose Manuel Durão Barroso, le ha llevado a renunciar a que el AVE Lisboa-Madrid tuviera un tercer vértice en Oporto, una idea que los portugueses defendían para articular más su territorio y promocionar a su capital del norte. En su lugar se ha adoptado el trazado más directo y económico, el que pasa por Badajoz, que defendía la parte española. Para completar este eje, que debe entrar en funcionamiento en 2010, la cumbre aprobó también tres conexiones más de trenes rápidos, entre 2009 y 2018: Oporto-Vigo, Aveiro-Salamanca y Faro-Huelva.

En 2010 el viaje en tren entre Madrid y Lisboa no superará las dos horas y 45 minutos, algo de lo que deben felicitarse portugueses y españoles. Los dos países, unidos por lazos históricos, culturales, geográficos y económicos evidentes y separados en demasiadas ocasiones por querellas de vecinos y parientes, han avanzado mucho en su integración en el marco común de la UE, que minimiza hasta el absurdo las viejas querellas ibéricas, permite a cada uno de los dos países ofrecer al otro lo mejor de sí mismo y posibilita a ambos un mayor peso, por separado y conjuntamente, en los asuntos europeos. Con estos proyectos ferroviarios comunes, este tipo de lazos van a seguir estrechándose. Barroso lo ha comprendido muy bien y así pudo decir el otro día en Figueira: "Entre España y Portugal, en la mayor parte de los casos, lo que uno gana no lo pierde el otro, sino que generalmente también lo gana. Ganan los dos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de noviembre de 2003