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Crítica:

El drama de la claudicación

El humor más descarnado y corrosivo se une al distanciamiento irónico para hacernos gozar de esta novela de corte social y político. Un relato que pone de manifiesto el individualismo de la España actual a través de la traición de tres hijos a los ideales de un padre anarquista.

"Caballo que vuela no quiere espuela" es un refrán que esgrimían los anarquistas. En esas palabras se resumían un valor y una temperatura ética. Pero tres personajes de España, España, la nueva novela Manuel García Rubio, compiten en adulterarlo durante toda la novela. Así no sólo traicionan el espíritu de su letra, sino, además, el sentido de resistencia que tenía para quien lo enunciaba. El escritor asturiano (aunque nacido en Uruguay) cifra en la traición dosificada durante toda la novela al refrán el tono de impostura y autoengaño que destilan todas sus páginas. La novela de Manuel García Rubio la podríamos situar en la estela de relatos de radiografía moral y política que nos vienen ofreciendo las novelistas Belén Gopegui o Marta Sanz. Bien diferenciadas las respectivas poéticas de estas autoras de las de García Rubio, podría, sin embargo, establecerse paralelismos en su sistema de representación que no es otro que un realismo perfectamente funcional, adaptado a los hábitos del lector de nuestros días, un lector perfectamente familiarizado con el humor más descarnado y corrosivo y el distanciamiento irónico. En esta clave hay que leer y disfrutar España, España.

ESPAÑA, ESPAÑA

Manuel García Rubio

Lengua de Trapo

Madrid, 2003

285 páginas. 16,50 euros

Desgraciadamente, la Espa-

ña de Aznar también lo es de los tránsfugas socialistas. El lucro rápido y fácil de unos y la falta de cintura o la falta de arrojo moral para la autocrítica de otros conforman un panorama donde al final se van fraguando las conductas, cada vez más extendidas, exacerbadamente individualistas. En esta compleja dinámica creo que la novela de García Rubio es donde mejor podría ser interpretada (y disfrutada, insisto). La novela está narrada desde una instancia omnisciente, esa tercera persona que los narradores ingleses más cualificados están hoy utilizando con tanta frescura literaria y tanta eficacia. Aunque creo que la novela está focalizada sustancialmente en la conciencia de uno de sus personajes, Heraclio Blanco, el relato lo es también de la vida de sus dos hermanos, Víctor y Conrado. Los tres, hijos de un militante anarquista. Cada uno de ellos representa tres actitudes ante la vida y la realidad más inmediata. Uno es un exiliado que regresa por corto tiempo a España, el otro es un empresario muy al uso de nuestros días y el tercero es el candidato a una alcaldía socialista en un pueblo dibujado probablemente muy al gusto del cineasta Berlanga. Y es aquí donde comienza a funcionar el humor, el mismo que nos había ofrecido el autor en Green y esa capacidad para soldar con sensibilidad de buena ley la dialéctica entre intimidad y sociedad. España, España, como todas las buenas novelas de corte social y político lo es también de las relaciones intersubjetivas y sentimentales, y viceversa. Manuel García Rubio acertó plenamente en el tono que va del divertimento de los absurdos más cotidianos al drama, ese drama universal, de las claudicaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 2003

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