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Reportaje:REPORTAJE

La 'burbuja rosa'

Isabel Pantoja, tonadillera y viuda de torero, lideraba en septiembre la lista de famosos nacionales, por delante del presidente del Gobierno, y del rey de España, según una encuesta del Instituto Gallup. Ese mismo mes, la Pantoja era el plato fuerte en todos los programas rosa de televisión, que en pocos años han conquistado a las audiencias. En enero de 2003, los españoles pasaron una media de cuatro horas diarias ante la pequeña pantalla. Todo un récord atribuible a los programas de telerrealidad, como Gran Hermano; a concursos como Operación Triunfo, y, en buena medida, a los denominados programas del corazón.

El término no debe confundir, porque la fórmula de las revistas rosa de toda la vida ha sido trastocada, triturada, subvertida en la pequeña pantalla hasta convertirla en un género propio, con personajes propios -los llamados freakies, algo así como tipos espontáneos, ajenos al mundillo- y lenguaje propio. En los antecedentes del fenómeno está el programa Tómbola, que irrumpió en la televisión valenciana, Canal 9, en marzo de 1997, y fue exportado con éxito a otras cadenas autonómicas hasta que, una tras otra, optaron por suspenderlo. Hoy, los temas del corazón están presentes en 25 programas de las cadenas españolas. Todos coexisten gracias a una perfecta simbiosis, que hace de la exclusiva de uno, alimento esencial para los restantes. Podría decirse que también en este tema, como en el inmobiliario, estamos ante una burbuja, una burbuja rosa destinada a estallar en algún momento. Esa esperanza tienen las principales víctimas de este boom, las revistas del corazón. Pero no todo el mundo está de acuerdo.

Tele 5 dedica casi el 50% de su programación a temas del 'corazón', y es líder de audiencia en Euskadi, Comunidad Valenciana y Canarias

"La noticia del 'corazón' es un mundo muy clasista", dice Gustavo González. "No hay casi futbolistas, salvo los del Real Madrid. Es un mundo muy pijo"

"Es un momento de oro para las productoras, que pueden vender el mismo material a 25 programas, y la cosa no ha tocado techo", opina Mariola Cubells, con una experiencia de ocho años en la trastienda de esta llamada telebasura. "Todos los programas se basan en el dinero. Los invitados cobran por ir. Las cosas funcionan así: una pava que nadie conoce llama a un programa para decir que se ha tirado a Dany [novio de Belén Esteban, madre de una hija del torero Jesulín de Ubrique]. Esa llamada es gratis, pero luego recibe montones de invitaciones a programas de Antena 3, Tele 5 y otras cadenas regionales, lo que significa hasta seis apariciones, todas remuneradas. Y esa notoriedad le sirve para aparecer en Tómbola al día siguiente".

Tómbola sigue siendo uno de los programas más ricos del género, hasta el punto de que, según Miguel Mazón, miembro del Consejo de Administración de la Radiotelevisión Valenciana, cuesta entre 28 y 30 millones por emisión, contando el caché de los periodistas-tertulianos, que rondaría las 600.000 pesetas per cápita. Cubells ha aprovechado su experiencia para escribir un libro (¡Mírame, tonto!) en el que cuenta el modus vivendi de estos programas. "Creo que son muy nocivos, que aniquilan las neuronas y crean la conciencia de que eso es lo válido", dice. En cuanto a los culpables, apunta el dedo contra periodistas y programadores. "El espectador ve lo que le ofrecen, se come nuestra oferta".

Una oferta siempre en aumento que funciona espléndidamente. "Es una moda más, como lo fueron inicialmente los culebrones latinoamericanos, que se quemaron en,seguida, y luego, los programas de testimonios. Admito que han tenido el mérito de introducir la ironía en el género, pero creo que se ha llegado demasiado lejos. Todos estamos deseando que el fenómeno se agote", comenta un ejecutivo ligado a la prensa rosa tradicional. Una esperanza que comparten seguramente en la sede madrileña de la revista Hola, buque insignia de los semanarios del sector, que ha sufrido, igual que Diez Minutos, Semana y Lecturas, los zarpazos de esta burbuja televisiva.

Hermetismo y misterio

La dirección de Hola afronta el caso con total hermetismo. Ninguno de los intentos de este periódico por ponerse en contacto con algún responsable de la revista ha tenido éxito. Pero los datos de la crisis abundan. "Antes se valoraban las exclusivas, ahora cuesta mucho venderlas", dice un fotógrafo con 25 años de experiencia en este negocio, que prefiere guardar el anonimato. "Hola sigue siendo un gigante, pero ya no tiene 200 páginas, porque ha perdido publicidad. Igual les ocurre a Diez Minutos' y Semana".

Desde 1997 hasta 2002, el semanario de las princesas ha reducido su tirada media de 810.383 ejemplares a 742.229, según datos de junio pasado facilitados por OJD. "Es cierto que estamos perdiendo lectores y publicidad, aunque esto les ha pasado a todos los medios de prensa desde el 11-S", reconoce Javier Montini, delegado de Lecturas en Madrid, con 32 años de oficio. A juicio de Montini, el daño de los programas rosas de la televisión ha sido múltiple. "Nosotros tratábamos a los personajes de forma constructiva, ellos lo hacen de forma destructiva, con lo cual el personaje termina quemado y cambia de actitud también hacia nosotros. Por otro lado, la gente empieza a cansarse de ver en todos los programas los mismos personajes, y eso nos afecta a nosotros". Montini aporta un dato para reforzar su tesis. "Hay cadenas, como Tele 5, que dedican casi el 50% de su programación a temas de corazón". Con indudable resultados. En la España plural, esta cadena es líder de audiencia en Euskadi, Comunidad Valenciana y Canarias.

El éxito español de esta telebasura ha sido tal que ha superado todas las expectativas, desafiando los análisis sociológicos, pero hay quien da una explicación sencilla. "Los latinos somos muy distintos a otros pueblos, somos más abiertos. Entras en un bar y enseguida la gente te da conversación; además, somos bastante cotillas", dice Gustavo González, director de la agencia Premier Media, y habitual tertuliano de ¿Dónde estás, corazón?, uno de los programas de más éxito de Antena 3. González, que fundó su agencia en 1998, defiende a capa y espada estos programas, que tienen, dice, la misión positiva de "desmitificar" a los famosos. "Antes les teníamos mitificados. Por ejemplo, Isabel Preysler era el paradigma del glamour. Pero luego la oyes hablar y se te caen los esquemas". Admite que puede haber habido excesos porque "hay programas que no contrastan la información. Por ejemplo, no hace mucho intervino una señora por teléfono, diciendo que era la psicóloga de Encarna Sánchez, y luego, alguien llamó diciendo que la señora en cuestión estaba en un psiquiátrico". Y es que hasta el exceso tiene un límite. "Está surgiendo, poco a poco, un movimiento de autocrítica en las autonómicas. Canal Sur ha eliminado gran parte de los testimonios y el capítulo de prensa de corazón de su magazine Bravo", dice Cubells, que recuerda también cómo la televisión catalana ha sido "la única que no ha aceptado estos programas". Puede ser el primer síntoma de declive de esta moda.

Montini, delegado de Lecturas, y sus colegas de la prensa del corazón, que creció con la boda de Fabiola y Balduino, en 1960, esperan también que se llegue al límite. Que estalle la burbuja rosa en televisión, sin que la sangre les salpique.

Periodistas-estrellas en el plató

EL ENGRANAJE ECONÓMICO y la facturación de esta industria relativamente nueva es un secreto muy bien guardado sobre el que únicamente cabe hacer conjeturas. La responsable de la sección de reportajes de Sociedad y Corazón, de la agencia Europa Press, responde amablemente que no está autorizada a decir una sola palabra sobre este particular. No ya datos de facturación, sino ningún detalle de su modo de operar con estos famosos y famosillos. "Lo siento, pero es una orden de la propia empresa. Nos está prohibido por contrato abordar este tema", explica después de reconocer que el negocio va viento en popa. Paradójicamente, el mayor problema es la escasez de materia prima, es decir, la escasez de verdaderos personajes, porque, según los expertos, no es fácil acceder al Olimpo rosa. "La noticia del corazón es un mundo muy clasista", dice Gustavo González. "No hay casi futbolistas, salvo los del Real Madrid. Es un mundo muy

pijo". La familia real es un filón importante, aunque buena parte de los profesionales del género se quejan de que el tratamiento que están obligados a darles es tan cuidadoso que casi pone en duda la libertad de expresión. La familia Aznar figura entre las que tienen mucho tirón, aunque los programas del corazó n han convertido en celebridades a los propios periodistas del género. Jesús Mariñas, Lidia Lozano o Karmele Marchante, asiduos participantes en Tómbola y en otros programas, son el ejemplo más evidente. Su presencia en el plató provoca el entusiasmo del público, que les jalea y les pide autógrafos como si fueran las verdaderas estrellas del programa. Aun así, Tómbola ha sufrido algunos reveses. Telemadrid lo suprimió hace un par de años, dicen las malas lenguas que por decisión de Alberto Ruiz-Gallardón, y Canal Sur hizo otro tanto en septiembre de 1997, en represalia por los excesos del programa dedicado a la muerte de la princesa Diana de Gales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2003

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