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Reportaje:FÚTBOL | La repesca para la Eurocopa 2004

El dilema de Carew

Frustrado por perder ante Bosnia y ser insultado, el delantero golpeó a un compañero, criticó al seleccionador y renunció a jugar más con Noruega, aunque ahora desearía enfrentarse al combinado español

La frustración y la ira se apoderaron de John Carew el día que atacó por detrás a su compañero de selección John Arne Riise. Sentados en el autobús después del entrenamiento, Carew se levantó colérico y le soltó varios codazos y puñetazos al centrocampista del Liverpool. Lo dejó inconsciente y con la quijada maltrecha. "Es un milagro que no se la haya roto", dijo el médico de la selección. Carew y Riis habían sido buenos amigos y la prueba es que el primero asistió a la boda del segundo el pasado verano.

La agresión se produjo el 8 de septiembre, dos días después de que Noruega perdiera en Sarajevo ante Bosnia en la fase de clasificación para la Eurocopa (1-0). Ese partido fue el origen de todo. "El estadio", recuerda el representante del jugador, Per Flod, "emitió toda clase de sonidos racistas contra John. Él está acostumbrado a eso, pero aquel día le afectó mucho, sobre todo porque jugó mal y sus compañeros, en vez de apoyarlo, lo responsabilizaron de la derrota".

Así que Carew, de 24 años, regresó muy tocado a Noruega. Y más lo estaría en el entrenamiento de la mañana siguiente, en las instalaciones de Drammen, que fue una verdadera escalada de tensión. Comenzó con Carew hablando por el teléfono móvil, en pleno campo, poco antes de la sesión, precisamente con su representante, que trataba de darle ánimos. Pero le pilló el entrenador de porteros, Erik Thorsvedt, y le reprendió. Luego, hubo entradas muy duras en el partidillo y algunas con Riis de protagonista. El jugador del Valencia cedido al Roma explotó en el autobús. ¿Pero qué le dijo Riis para que reaccionara con tal violencia? "Lo sé, pero no puedo decirlo", responde Flod. La federación noruega trató de tapar el incidente, pero no pudo. Y el seleccionador, Nils Johan Semb, expulsó a Carew de la concentración de Noruega, que preparaba un amistoso frente a Luxemburgo. Riis reconoció que había provocado a Carew, pidió disculpas a sus compañeros y aseguró que, una hora después de la pelea, ya habían hecho las paces. Carew, por su parte, voló a Roma como alma que lleva al diablo. Se sintió traicionado por el seleccionador, al que había apoyado cuando le llovían las críticas. Juró que no volvería a la selección y, una semana después, criticó públicamente a Semb desde Italia.

No sólo eso. Ni siquiera atendió al seleccionador cuando éste trataba de alcanzar un acuerdo. Semb le exigía que pidiera disculpas y Carew no descolgó ni el teléfono. "He cometido un error, pero no debo pedir disculpas", declaró.

Ayer, sin embargo, la firmeza de su postura empezó a agrietarse al saber que el rival de Noruega en la repesca es España. Carew quiere enfrentarse a sus ex compañeros del Valencia. Pero, aparte del orgullo, se lo impide una inflamación de rodilla por la que lleva 10 días convaleciente. Sus rodillas sufren para aguantar 89 kilos y 195 centímetros. Hace dos temporadas, el Fulham, inglés, ya rechazó a última hora su fichaje por detectar problemas en estas articulaciones. "Pero esto de ahora no tiene nada que ver", aseguró ayer su agente.

Carew llegó al Valencia en 2000 procedente del Rosenborg por nueve millones de euros. Su carrera en Mestalla estuvo llena de altibajos: instantes brillantes seguidos de épocas desesperantes. No acabó de cuajar: marcó 11 goles en la primera Liga, uno en la segunda y ocho en la tercera.

El Roma se encaprichó de él en la pasada edición de la Liga de Campeones, cuando le marcó en el estadio Olímpico ese gol desde una esquina que algunos creyeron un churro y otros, una obra de arte. Ahora asegura estar feliz junto a Fabio Capello, que quería un delantero de gran potencia para determinados partidos. Ha participado en tres de las cinco jornadas de Liga y ha marcado un gol, además de otro en la Copa de la UEFA.

En Valencia se aficionó a los toros, los coches de lujo y la comida italiana. Hijo de padre africano y madre noruega, es un chico impulsivo, "un niño grande", según sus compañeros. No mide sus declaraciones. Un día, tras enfrentarse al Inter, dijo que Vieri era como Bambi, porque no sabía manejar el balón con los pies; y, en otra ocasión, manifestó que Ronaldo sólo tenía un regate. Claro que siempre soñó con parecerse a Pelé y con poseer un regate propio, algo así como la bicicleta de Ronaldo. Su padre, que fue portero de la selección de Gambia, graba todos sus encuentros y entrevistas: más de 300 horas de vídeo. ¿También los partidos frente a España?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de octubre de 2003