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Nozal: "No me he enterado de lo que le ha pasado a Manolo"

La polémica y el calvario son dos realidades hacia las que Manolo Saiz y su equipo parecen ejercer un irresistible magnetismo, concepto que se resume en la frase que más veces se repite desde las gentes del ONCE-Eroski durante todas sus Vueltas victoriosas: "No hay Vuelta fácil para el ONCE". Según esta teoría, el ONCE debe siempre superar fuerzas misteriosas que se conjuran en su contra. Según Pablo Antón, mano derecha de Saiz, no fue fácil la Vuelta de Jalabert, en 1995, a pesar de que el francés ganara cinco etapas, la regularidad y la montaña y el ONCE por equipos, y de que el segundo, Olano, quedara a más de cuatro minutos, ya que "Jalabert a punto estuvo de abandonar por tendinitis en Luz Ardiden" (donde ganó). Tampoco fueron sencillas las dos de Zülle: la del 96 porque medio equipo sufrió una tremenda diarrea y apenas pudieron terminar de pie, y la del 97 porque el líder designado, Jalabert, sufrió tremenda pájara en Sierra Nevada. "Y tampoco será fácil la de 2003", auguró hace unos días Antón. "Algo nos pasará".

Pero, aunque Nozal sufría en todas las etapas de montaña y poco a poco se iba haciendo más magro su colchón de seguridad, segura y plácida parecía su victoria. Hasta ayer, cuando, para cumplir lo que estaba escrito, una fuerza incontrolable se encargó de amargar al ONCE-Eroski una vez más. Pero lo que no podía prever Antón era que fuera su propio director el causante del drama.

"La pérdida de compostura de Manolo ha convertido una jornada que debería ser de alegría, ya que Nozal ha resistido y está más cerca de ganar la Vuelta, en una de tristeza. Nadie celebra nada ahora en el equipo", explicó Pedro Celaya, médico del equipo. "Sin embargo, estoy seguro de que nada de lo que ha ocurrido influirá en el rendimiento de Nozal en la cronoescalada de Abantos. No será una presión añadida. Nozal bastante tiene ya con manejar el propio estrés de la competición, que crece de una manera inversamente proporcional al número de puertos que le quedan por superar". E Isidro Nozal, por lo que dice y por como se comporta, parece controlar muy bien las emociones dañinas.

"La verdad es que no me he enterado de nada de lo que le ha pasado a Manolo", dijo el líder tras la etapa ante la incredulidad de los presentes. "Que no, que no miento. Yo, cuando subo, cuando sufro, me intento desconectar de todo, y para ello me descuelgo el auricular. Bastante tensión llevo yo en esos momentos en la cabeza y las piernas como para tener que escuchar todo lo que me dicen".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2003