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COLUMNA

Las ropas

Hasta hace relativamente poco, los políticos españoles vestían a su aire, y, en general, de forma peculiar y acaso desatinada. Ahora, sin embargo, se ha culminado el vestir de los dos grandes partidos nacionales dentro de la máxima corrección: telas discretas y de cierta calidad, camisas apasteladas para atenuar la crudeza de los focos, corbatas rayadas o moteadas haciendo estricto juego con el tono de la solapa y la camisa en obstinada voluntad de integración. Da lo mismo referirse a los dirigentes populares que a los socialistas. Ambos parecen depender del mismo modelo de agencia dedicada al look. En las manos de esas compañías han depositado sus dudosos gustos y los especialistas actúan sin trabas. De este modo, la huella política personal desaparece de la vista como si fuera una mancha y su posible rastro sobre el porte también. Ahora nadie de los políticos principales va mal vestido ni lleva el pelo descuidado: todos lucen muy troquelados por el mismo patrón.

¿El centro? El centro-derecha y el centro izquierda se exponen en el hemiciclo, en los restaurantes, en las pantallas como una única especie cosmética. Puede ser que bajo ese común aspecto siga latiendo un diferencial ideológico, pero los asesores lo borran en provecho de la fotogenia. ¿Resultado? El resultado es que cualquier personaje queda impregnado de parecido talante artificial. Las prendas se coordinan según los manuales más comunes y, lo que es más decisivo, el modelo vale tanto para la política como para los presentadores del telediario y los portavoces se confunden con los locutores como los secretarios generales con los hombres del tiempo y los comentaristas deportivos ¿Han perdido, por tanto, los políticos su identidad? Más bien vacilan sobre ella y demandan ayuda a las agencias de imagen. No serán, pues, ellos quienes se muestren como cuerpos representantes, sino representados para mejorar su presentación. ¿No tendrán, sin embargo, algo propio que transmitir mediante el lenguaje estético? Pocos, efectivamente, entienden esta pregunta: hasta las ideas son obra creciente de los estilistas mediáticos como las ropas artículos homologados que eluden los trastornos de un efecto demasiado diferenciador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003